Esta Nochebuena tan rara y tan triste, con tantas ausencias, y no sólo las de los familiares que han muerto sino las de quienes no pueden, o no se atreven -con mucha razón- a reeditar las amplias y concurridas reuniones familiares de toda la vida, tiene este año para muchos españoles, seguramente para la mayoría, un alto interés concreto: casi todos estamos deseando, mucho más que en años anteriores, escuchar al Rey en su discurso de esta noche.

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