Creo que para analizar el escenario catalán, habría que comenzar por un pequeño análisis del principal factor que ha condicionado los resultados. Aunque no lo parezca, la lógica de bloques, ya no será el denominador dominante de la política catalana, sin embargo, como ejercicio, sería interesante preguntarse a qué bloque (constitucionalista/separatista) ha afectado con mayor intensidad la abstención. La respuesta es que se confirma que la abstención incide más en el constitucionalismo que en el separatismo, de hecho, con un 99,8% de los resultados, los datos son: el 61,2% del abstencionismo afecta a los constitucionalistas y el 38.8% al separatismo.

Ahora bien, un dato interesante y revelador lo encontramos en que solo hay dos formaciones que aumentan votos respecto a las elecciones de 2017 y las dos son constitucionalistas: el PSC (+3%) y Vox (+14,7%), esto en un escenario de caída histórica de participación. Los datos parecen y son demoledores, pero no deberíamos volver a equivocarnos en la interpretación de los mismos.  Analicemos qué ha pasado en los partidos constitucionalistas y qué deberían hacer a partir de ahora.

Empecemos por el PSC, como dije en un artículo en este medio, Salvador Illa es el que ha sabido interpretar mejor el escenario posprusés y el nuevo paradigma socioeconómico surgido por el impacto de la pandemia. Vio el hartazgo de la población ante esta estéril y artificial división antagónica entre buenos y malos catalanes, que se necesitaba un discurso de superación y, como es evidente, acertó en el análisis y su oferta política. Dicha oferta estaba dirigida directamente al electorado de Ciudadanos que anteriormente fue socialista. De igual forma, errores de bulto como el que cometió Arrimadas, proclamando prematuramente el apoyo a Illa en caso de que lo necesitase, hizo que muchos potenciales votantes dubitativos lo tuviesen claro: voto directamente a Illa y así mi voto será más útil.

Pero ¿qué es lo que podría ocurrir a partir de ahora? Naturalmente, una de las opciones más probables es que exista un tripartito, de hecho la insistencia de Junqueras respecto a que Pere Aragonés será presidente de la Generalitat parece más un posicionamiento negocial que otra cosa, la cuestión es que Salvador Illa es el más votado y, en este caso, no seguirá los pasos de Inés Arrimadas y ejercerá como lo que es: el ganador de las elecciones. Ahora empezaremos a ver la hipergesticulación que esconderá negociaciones en las que dudo que ERC quiera seguir teniendo de socio al populista de Puigdemont y a los nihilistas de las CUP.

Quizás Ciudadanos debería haber vuelto a sus orígenes, al partido de la regeneración. Nunca deberían haber abandonado el espectro socialdemócrata

¿Y si hay tripartito? ¿qué ocurrirá con la Generalitat? ¿seguirá el plan de «ampliación de la base social» de Junqueras que es la piedra angular de una reedición de un futuro desafío al Estado? Pues la clave la encontraremos, precisamente, en dicha negociación y en las derivadas que afecten a Moncloa. De hecho, será una negociación a tres bandas (Gobierno de España, Ayuntamiento de Barcelona y Generalitat) con la última palabra en Madrid, sus prioridades y sus necesidades, pero una vez decididos los acuerdos y contrapesos (públicos y privados) el futuro lo decidirán tres variables: ¿Será Salvador Illa el President? ¿quién será el responsable de los medios de comunicación públicos? ¿quién tendrá la Consejería de Educación? La respuesta a estas tres preguntas serán las que nos digan si estamos ante un cambio de paradigma o seguimos en esa política cortoplacista que tanto conviene al separatismo y sus objetivos estratégicos a medio y largo plazo.

 Ciudadanos es la constatación de un fracaso político, lo que fue un revulsivo que sirvió para visibilizar a esa Cataluña silenciada, quizás por sus excesivas ambiciones nacionales, sus errores de análisis y de estrategias, los han arrinconado a un segmento muy concreto de la ciudadanía. Quizás los de Ciudadanos deberían haber vuelto a sus orígenes, al partido de la regeneración, el que hablaba el mismo lenguaje que sus votantes y sabían empatizar con ellos. Nunca deberían haber abandonado el espectro socialdemócrata y ‘españolista’ (qué poco me gusta este término), sin embargo, los vaivenes ideológicos, la insistencia con parecerse al PP y a la «derecha» para seguidamente apoyar sin fin al gobierno Sánchez, más errores de bulto en campaña como el que explicaba más arriba, han logrado la síntesis más letal para un partido: la imagen de incoherencia.

Pero ¿hay solución para Ciudadanos? ¿continúan teniendo hueco? Empezaré por responder a la segunda pregunta: la respuesta es sí, sigue existiendo un electorado huérfano de un relato regenerador y de esperanza, los datos de la abstención así lo demuestran, pero para ello se necesita hilvanar un proyecto sólido, realista y no sometido a las coyunturas e intereses personalistas, necesita un partido que sea un partido, no una simple propuesta cosmética o publicitaria. ¿Hay solución para Ciudadanos? La respuesta también es sí, pero para ello deben cambiar el liderazgo y centrar sus esfuerzos de reconstrucción en Cataluña. Dos pistas para la renovación, recuperar a Jordi Cañas y dar una oportunidad a Pere Lluis Huguet. Hay partido, pero espero que sepan en que disciplina deportiva se está jugando.

Interpretar al Partido Popular catalán es más complejo e intrigante. En mi opinión, con un candidato muy sólido (probablemente el más sólido), con una oposición eficaz e inteligente llevada a cabo durante mucho tiempo en situaciones muy adversas, con un potencial electorado fruto de la descomposición de Ciudadanos… ¿cómo es posible que hayan sacado este resultado? Pues todo apunta al giro ‘catalanista’ de última hora visualizado en la política de ‘fichajes’ y con declaraciones extemporáneas más parecidas a una CiU que a un PP, ha provocado que se hayan movido hacia el mismo espacio de incoherencia que Ciudadanos. Pero ¿por qué creo que es un relato incoherente? Básicamente porque, más allá de forzadas disertaciones intelectualistas o historicistas, catalanismo, para el electorado popular habitual y potencial, es equivalente a nacionalismo, con ello, irremediablemente desconcertó a sus electores… ¿cómo es posible que se cometiese este error? Imagino que desde Génova se escucharon los cantos de sirena que hablan de un electorado perdido (los míticos 300.000 votos exconvergentes) y que este giro catalanista les situaría en la centralidad política, lo que no sé es la intencionalidad de este tipo de argumentos, pero lo que sí sé es que el Partido Popular ha perdido una magnífica oportunidad, oportunidad que ha aprovechado el PSC ¿será casualidad?

Es más que necesario que el PP catalán se reconstruya y sea un partido pegado al territorio, sin complejos ni acomplejamientos

¿Es posible reconstruir el Partido Popular catalán? No solo es posible, es más que necesario. Hay un espacio que debe cubrirse, el del liberalismo conservador, con un discurso de regeneración política e institucional, con un mensaje de recuperación y progreso económico, en definitiva, un Partido Popular pegado al territorio, sin complejos ni acomplejamientos, pero inteligente y con visión estratégica. Deben dejar de escuchar a discursos interesados que únicamente abrazan los marcos del nacionalismo tras los mantras catalanistas, porque estos solo conciben la Cataluña del cincuenta por ciento plus. El votante está ahí, en los centenares de miles de votantes que han decidido no participar.

Como conclusión, decir que aunque no lo parezca, algo ha cambiado en Cataluña. Los actores protagonistas deben aprovechar la oportunidad y, aquellos afectados por sus errores estratégicos, deben empezar a pensar en la reconstrucción de sus proyectos sobre la base de escenarios realistas y sabiendo que los catalanes están huérfanos de propuestas atrayentes, discursos cercanos y horizontes de futuro. Pero esta reconstrucción debería haber empezado ayer, espero que los partidos no estén gastando energías en buscar justificaciones que solo les servirán para seguir cavando en el mismo agujero en el que se metieron.