Si hace apenas un mes dábamos por bueno el ‘efecto Illa‘, con un reparto de cromos que satisfacía tanto los intereses de los socios independentistas de Pedro Sánchez en Cataluña como los suyos propios, ofreciendo una perspectiva de «calma chicha» en Madrid que permitiría teóricamente al presidente del Gobierno gestionar, con las manos libres, los próximos dos años de postpandemia, ya que no estaban previstas elecciones a la vista en ese período, ahora… ¡todo ha saltado por los aires! El tablero de ajedrez se ha vuelto loco y ya nadie, ni el jugador más avezado, puede prever cuál será el próximo movimiento, y mucho menos el final de la partida.

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