La guerra entre la televisión autonómica madrileña Telemadrid y la presidenta Isabel Díaz Ayuso se mantiene en sus mismos términos desde antes incluso de que ella accediera al gobierno pero se intensificó después de las elecciones de mayo de 2019 cuando Ayuso llegó a gobernar.

Son conocidos los enfrentamientos más o menos soterrados entre la presidenta de Madrid y el equipo directivo de la cadena autonómica de televisión hasta el punto en que ella llegó a decir «soy la única presidenta autonómica que tiene una televisión que le es crítica», frase que deja al descubierto el grado de hostilidad que Díaz Ayuso profesa al director general de la cadena José Pablo López a quien no puede cesar, aunque bien hubiera querido hacerlo hace tiempo, porque la ley de 2015 garantiza la imposibilidad de destituir a su máximo responsable a menos que incurra en determinados supuestos que hasta el momento no se han dado.

De manera que no son nuevos los problemas entre la presidencia de la Comunidad de Madrid y la dirección de su televisión autonómica. Pero sucede que hay elecciones en Madrid y que a los electores de esta Comunidad no les interesan para nada sus diferencias.

Parece que Ayuso no se atreve a ir a ningún debate y la pretensión de imponer la fecha y la institución encargada de organizarlo esconden su intención de eludir esa prueba

Lo lógico y lo esperable es que sea Telemadrid quien organice el obligado debate a seis -seis son los partidos que concurren a estas elecciones- puesto que es la televisión pública de la Comunidad. Y la presidenta Díaz Ayuso no debe, no puede, negarse a participar en ese debate simplemente para no ofrecer a la cadena la posibilidad de brillar en el escenario nacional dado que ese debate sería visto por los ciudadanos de toda España

Es más, basta que los enfrentamientos con sordina sean conocidos en los ambientes políticos y de comunicación para que la presidenta de Madrid diera una lección de respeto institucional y acuda a los estudios de la cadena demostrando así que quiere ser la presidenta de todos los madrileños por encima de sus disputas de recorrido local.

Sobre todo porque el argumento esgrimido por su equipo según el cual estas elecciones y, en consecuencia, este debate tienen connotaciones de ámbito nacional ha quedado desmontado por la dirección de Telemadrid al ofrecer la señal de la emisión a todas las cadenas públicas y privadas que estén interesadas en transmitirlo para sus audiencias. Por lo tanto, la excusa se cae por su propio peso.

Dicho esto, también es de todo condenable la orden o sugerencia conminadora, que para el caso es lo mismo, hecha al parecer por la dirección de Telemadrid según denuncian desde el entorno de la presidenta madrileña, por la cual todos los presentadores de la cadena deben incluir en sus comentarios en las redes sociales una mención al debate convocado y en las cuñas de la emisora de radio Onda Madrid dar a la candidata del PP como segura participante. Este no es el ínfimo nivel de pobreza  política que merece una comunidad tan relevante para toda España como es Madrid. Hay que exigir una altura alejada de la sórdida cota de una riña vecinal.

Tampoco se sostiene el empeño del equipo de la presidenta en que el debate, en el que sostienen que está dispuesta a participar sin ningún problema, se tenga que celebrar organizado por la Academia de Televisión y en la fecha establecida por la presidencia de Madrid, que no está dispuesta a modificarla ni tampoco a negociarla.

En eso quiere parecerse la señora Ayuso a la actitud de Pedro Sánchez en la campaña de las elecciones generales de noviembre de 2019 cuya imposición de fechas obligó a RTVE cambiar el día de la convocatoria de su previsto debate para acomodarlo a lo elegido por el presidente. Aquello provocó un escándalo monumental que minó la reputación de la televisión pública y de su pretendida independencia.

Pues lo mismo dice el entorno de Díaz Ayuso: o el debate se celebra el día 20 de abril en la Academia de Televisión o ella no acude a ninguna otra convocatoria. Pero no se engañen en la Puerta del Sol: lo que parece que le pasa a la señora Díaz Ayuso es que no quiere ir, que no se atreve, a ir a ningún debate y que la pretensión de imponer la fecha y la institución encargada de organizarlo esconden su intención de eludir esa prueba. No intenten explicar otra cosa porque es un esfuerzo inútil.

Y tiene sentido porque, dado que las cosas le van muy bien en expectativas de votos, puede que no esté dispuesta a arriesgarse a cometer un error que le prive del apoyo de unos cuantos miles de electores, de los que una buena porción de ellos aún no tiene decidido a favor de quién emitirá su voto.

Pero un reconocimiento de esa naturaleza, que evidenciaría el miedo a perder posiciones en un encuentro cara a cara en el que todos sin excepción la utilizarán como diana de sus ataques porque no en vano ella pretende gobernar sin la ayuda de ninguno de los partidos presentes, mostraría por su parte un signo de debilidad o de frío cálculo de riesgos y oportunidades que no favorecería sus intereses electorales.

No serán pocos los votos que la candidata Ayuso va a perder por su sostenida incomparecencia

Da igual. Si Isabel Díaz Ayuso no participa en el debate del día 21 en Telemadrid, los otros cinco contrincantes se verán privados de la presencia física del objetivo principal y casi único de sus ataques pero no por eso dejarán de lanzarle todos los dardos que llevarán preparados para la ocasión. Ella se evitará así defenderse de la ofensiva a cinco bandas, eso es cierto, y no cometerá más errores que el que ya habrá cometido con su ausencia. Pero esa ausencia le costará cara.

Y no digamos si a la convocatoria de la televisión autonómica, a la que los otros cinco candidatos ya han confirmado que van a asistir, se le suma la cita para otro debate electoral que La Sexta está organizando para el día 26 y a la que seguro que volverán a acudir los candidatos de los otros cinco partidos en liza.

Dos ausencias por parte de la presidenta madrileña que serán insistentemente subrayadas, criticadas y puestas en prueba de valor negativo por sus contrincantes se van a convertir en una carga demasiado grande como para que ella pueda superar ese peso sin pagarlo en las urnas.

Y como lo de la Academia de Televisión no tiene visos de poder salir adelante porque para organizar un evento como ése esta institución necesita del respaldo y la financiación de las cadenas de televisión que estuvieran interesadas en emitir el debate y eso, aunque sólo sea por razones políticas, no es probable que vaya a suceder, el compromiso asumido públicamente de Díaz Ayuso se va a quedar en humo si no rectifica.

Claro que puede que sea lo que ella y su equipo de campaña están buscando, no participar en debate alguno. Pero si eso es así,  deberían ir anotando desde ahora mismo en la columna del «Debe» de esta campaña el número de votos que la candidata va a perder por su sostenida incomparecencia. Y no serán pocos.