El ministro de Justicia ha filtrado el documento en el que argumenta la petición de indulto para el líder de ERC Oriol Junqueras (O.J.). Es un texto de recomendable lectura ya que evidencia la debilidad de las razones que avalan la concesión de la medida de gracia por parte del Gobierno.

Sorprende el voluntarismo de la propuesta. El voluntarismo y la desmesura. Si vamos a la página 27 nos encontramos esta perla: «El indulto de don Oriol Junqueras i Vives satisface mejor el bien común de España». Recordemos que fue una dirigente de su partido, Montse Bassa, la que en la sesión de investidura del Gobierno (7 de enero de 2020) dijo: «Me importa un comino la gobernabilidad de España».

Estamos hablando de un líder político cuya aspiración máxima es que Cataluña se separe de España. No lo olvidemos. Es legítimo, por supuesto. Pero de ahí a situar a O.J. como un elemento clave para el «bien común de España» va un mundo.

La clave del razonamiento de Justicia para pedir la excarcelación del que era vicepresidente de la Generalitat cuando se hizo la declaración unilateral de independencia es que la decisión está motivada por «el interés general y la convivencia». Y, a partir de ahí, se produce un salto en el vacío difícil de justificar. Según el ministro Juan Carlos Campo, que es quien firma el papel, el encarcelamiento de O.J. ha «condicionado negativamente las relaciones entre Cataluña y el resto de España, obstaculizando la superación del conflicto existente». Siguiendo ese razonamiento, y en aras de la concordia, no se entiende muy por qué llegó a ingresar en prisión.

En las soflamas que pronunciaron al salir de prisión, como si fueran héroes, ninguno de los indultados pronunció la palabra «concordia»

Como motivo también de la excarcelación se esgrime «su peso en el devenir de las relaciones entre España y Cataluña». Peso que, por cierto, ya tenía cuando fue condenado por sedición y malversación por la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Eso sí, en una análisis buenista, Justicia aventura la positiva evolución de O.J. durante sus tres años entre rejas. Y pone como ejemplo de ese supuesto cambio de posición el artículo publicado por Ara y La Sexta (Mirando al futuro) en el que el líder de ERC apuesta por la vía del «referéndum acordado», rechazando la vía unilateral.

El Gobierno, por tanto, considera que el indulto a O.J. beneficiará el diálogo entre Cataluña y el resto de España y su excarcelación redundará en el bien común, prácticamente sin contraindicaciones.

Pedro Sánchez, como principal motor de la medida, que, por cierto, ni él ni el PSC defendieron durante la campaña electoral para las elecciones del 14 de febrero en Cataluña, se olvida de los efectos colaterales que el indulto ha tenido precisamente para una parte mayoritaria de la población española.

Resulta chocante que los únicos datos demoscópicos que se aportan en el argumentario oficial tienen que ver con la evolución del apoyo independentista en Cataluña y no se mencione, por ejemplo, el rechazo de una mayoría cualificada hacia los indultos.

Y es que, para este Gobierno, «no se derivan efectos desfavorables de la concesión del indulto». Eso reza el documento en su página 29, esgrimiendo dos afirmaciones falsas. La primera: «No se aprecia que la concesión del indulto en aras de la consecución de esa innegable razón de utilidad pública haya de provocar ningún efecto pernicioso e irreversible en los valores de la Justicia». Segunda: «El indulto no quebranta en absoluto el prestigio del que gozan los tribunales de justicia en España, en concreto la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Tampoco vacía de contenido la sentencia del 14 de octubre de 2019».

¿Cómo se puede negar la evidencia con tanta rotundidad? ¿Acaso el ministro, que conoce bien a los miembros de la Sala Segunda, no sabe el malestar que ha causado entre sus miembros la decisión del Gobierno de conceder los indultos tras su rotundo escrito negándose a ellos? ¿Es que Campo ignora que los independentistas han esgrimido el indulto dentro y fuera de España como una prueba de que la decisión del Supremo fue «política»?

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Los indultos no sólo han supuesto una quiebra a la credibilidad de la Justicia española, sino que han abierto aún más si sabe la sima que separa Gobierno con el principal partido de la oposición, que es con el que Sánchez debería trabar consensos para garantizar «el bien común de España».

Se desprecia a toda la oposición de centro derecha, que supone más del 40% de los escaños de la Cámara, se ignora el daño que se ha infligido a la Justicia, se da la razón al argumentario independentistas… Pero, eso sí, todo ello se ha hecho con la finalidad de «garantizar el bien común».

Particularmente, prefiero que O.J. esté en libertad a que esté en la cárcel. No tengo ánimo vengativo, como llegó a decir el presidente de los que nos oponemos a los indultos. Pero eso no me lleva a tragar con ruedas de molino.

El Gobierno tiene muchas posibilidades de encontrarse ante una situación similar a la que llevó al gobierno de Rajoy a la declaración del artículo 155 de la Constitución, porque los independentistas no han renunciado a sus objetivos.

Ayer, en su salida de prisión, comportándose como héroes, los líderes del procés volvieron a insistir en lograr su meta. «Ganaremos», aseguraban. Por cierto, ninguno de ellos, ni siquiera el bueno de O.J., pronunció la palabra «concordia».