Donald Trump no se opone a las vacunas contra el coronavirus. Incluso, empeñó a su administración en lograrlas en un tiempo récord, pero esa verdad no niega otra: casi todos los negacionistas son trumpistas. ¿Por  qué se oponen a que las personas se vacunen? Es un misterio insondable. ¿Acaso porque hay una actitud anticientífica en el trumpismo? Es probable. Casi todos los trumpistas niegan el cambio climático (y casi todos los trumpistas que lo admiten, afirman que nada de lo que se haga puede impedirlo). ¿Tal vez porque hay un concepto equivocado del individualismo? Pues sí: no tengo idea de cómo se llega a la conclusión de que la posesión de un AK 47 hace a los bípedos más cercanos al individualismo, pero la mayor parte de los trumpistas invocan la Segunda Enmienda. 

Creo en la libertad de que todos los adultos hagan de su capa un sayo, pero siempre que no comprometan a los demás seres humanos en su decisión. Me parece admisible el matrimonio de las personas del mismo sexo, o el derecho sobre el uso que se le da al propio cuerpo -embarazos, abortos, prostitución,  drogas, alcohol, cigarrillos y otras estupideces-, pero no vacunarse puede ser letal, entre otros, para los adultos de la tercera edad. A la sociedad, por medio del Estado, le asiste todo el derecho a hacer la vacuna obligatoria. De la misma manera que, prácticamente nadie en su sano juicio, objeta que se pongan límites a la velocidad en que se desplazan los autos en las carreteras, debería ser de ineludible  cumplimiento inocularse contra el Covid. 

CNN encargó una encuesta sobre el liderazgo de Trump sobre los republicanos y encontró que una mayoría lo prefiere como candidato en el 2022. El 51% lo desea en la boleta frente al 49% que desea una cara menos vulnerable. Sospecho que la empresa de comunicación hubiera preferido otra respuesta menos positiva para el expresidente, pero dice mucho de su compromiso con la verdad el hecho de que publique su hallazgo. (Dicho sea de paso, dado que en el periodismo de Estados Unidos es importante revelar toda la información, yo trabajo para CNN en español).

Creo en la libertad de que todos los adultos hagan de su capa un sayo siempre que no comprometan a los demás seres humanos en su decisión

No creo que Donald Trump sea el candidato de los republicanos. Tendrá 78 o 79 años cuando le llegue la hora de gobernar. La edad que hoy tiene Joe Biden. A los 75 años, como dicen los mexicanos, se da el «viejazo». Hace tres años, a partir de ese momento, me ocurrió todo. No en balde, los obispos católicos renuncian a sus cargos a los 75 años mediante una carta dirigida al Santo Padre. Y los cardenales dejan de elegir al papa a los 80. No creo que en el 2022 Biden sea tampoco el candidato de los demócratas. Alentará que se presente un nuevo aspirante a las primarias. Tal vez sea Kamala Harris. Tal vez alguien diferente, como la senadora Amy Klobuchar. O tal vez sea Gavin Newsom, Gobernador de California y Comandante de la Guardia Nacional, quien acaba de ganar un referéndum revocatorio contra el trumpismo más rancio. Casi duplica la votación de los republicanos. California no sólo es el estado más poblado de la nación: el país se parece cada vez más a ese Estado. 

Tras las próximas elecciones para elegir a toda la Cámara y a un tercio del Senado comenzará la grande y verdadera disputa. Para esa fecha estará lista la acusación contra Trump por evasión de impuestos y -lo que es más grave- por tratar de dar un golpe de Estado el 6 de enero de del 2021, tal y como aseguró Gina Haspel, directora de la CIA en esa época turbulenta, como si Estados Unidos fuera una república bananera. Afortunadamente, Mike Pence, el vicepresidente, ex gobernador de Indiana, se negó a la barbaridad que le pedía irresponsablemente Donald Trump, y que hubiera precipitado el país en una guerra civil. Pence certificó lo que había ocurrido: no hubo fraude. Joe Biden ganó el voto electoral (306 por 232). Además, obtuvo una ventaja de siete millones de votos en la contienda. Como periodista, he conocido a infinidad de personas que, por desidia, no han ejercido su derecho al voto, pero jamás me he tropezado con uno de esos millones de extranjeros que sufragan por los demócratas sin tener derecho a ello, como suelen acusar Trump y los trumpistas. Insisto en la palabra: jamás.