Congreso Internacional de Inteligencia Artificial

Opinión

Europa y la soberanía digital

Investigadores de Inteligencia artificial en un laboratorio

Investigadores de Inteligencia artificial en un laboratorio europeo.

El pasado 14 de octubre la canciller alemana Angela Merkel recibió en el Monasterio de Yuste el Premio Europeo Carlos V.

Merkel lleva 16 años dirigiendo el rumbo de Alemania, superando al legendario Helmut Kohl, y nadie duda de que si se hubiera vuelto a presentar a las elecciones celebradas en septiembre podría haber revalidado su triunfo. Es, nadie lo duda, la figura política más relevante del último medio siglo en Europa.

En su discurso, Merkel habló de la importancia de la unidad: “Europa sólo será fuerte si está unida, y sólo estará unida si posee valores comunes”.

Europa sólo podrá abanderar los valores de libertad y democracia si es fuerte. Para ello, es condición imprescindible la soberanía digital, y el vehículo para lograrla es la Inteligencia Artificial

Advirtió del riesgo de que el proyecto de la Unión Europea muera de éxito, más bien de embelesamiento y autocomplacencia, y de los peligros que acechan al sueño de paz, libertad y prosperidad que nació con el Tratado de Roma de 1957. La canciller afirmó: “La cuestión de la soberanía digital de Europa tiene una importancia económica fundamental, especialmente en el ámbito de la inteligencia artificial, que está cambiando radicalmente nuestras vidas y nuestra forma de trabajar. Tener una mayor soberanía digital no significa limitar la cooperación con nuestros socios, sino todo lo contrario, ya que al expandir las competencias digitales podemos convertirnos en un socio comercial aún más interesante para muchas empresas en el mundo”.

La todavía canciller alemana puso, por tanto, en el centro de su preocupación por el futuro del proyecto de la Europa Unida el reto de la inteligencia artificial. Esto es muy importante.

En la conversación que mantuvimos Ana Alonso y yo con Kai-Fu Lee, que pueden ver íntegra, el hombre que pasa por ser el referente mundial de la Inteligencia Artificial, señala dos aspectos respecto al papel de Europa: la gran capacidad que tienen las universidades europeas para la investigación; pero, al mismo tiempo, la falta de capacidad para retener el capital humano. Europa se está quedando rezagada respecto a China y Estados Unidos fundamentalmente por su falta de homogeneidad cultural y lingüística y porque no existe un ecosistema de capital riesgo que facilite el desarrollo de la IA comparable al que existe en los dos gigantes tecnológicos mundiales.

Lo queramos o no, nos guste o no, la IA seguirá cambiando nuestras vidas y nuestro sistema económico. Permanecer al margen de esa dinámica nos condenará a ser un actor secundario en la sociedad del futuro.

Precisamente, uno de los riesgos a los que se refiere Kai-Fu Lee es que el desarrollo de la IA tiende a “exacerbar las desigualdades” entre países. Es decir, que ayuda a los fuertes a ser más fuertes.

Merkel, en el discurso al que me he referido, enumera de manera clara los valores en los que arraiga la fortaleza de Europa: el respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia y el Estado de derecho, el respeto a los derechos humanos y de las minorías.

El vehículo para esa carrera de futuro es la Inteligencia Artificial

Para hacer que esos valores perduren y se fortalezcan, Europa tiene que ser fuerte. La debilidad es incompatible con esos valores. Por eso tenemos que ser conscientes de que no podemos quedarnos atrás frente a Estados Unidos y China. El vehículo para esa carrera de futuro es la Inteligencia Artificial.

Esta certidumbre debería estar en el centro del debate político. Por desgracia, las cuestiones que están bajo el foco tienen que ver con la pequeña política, con el corto plazo, con el interés electoral más espurio.

Espero, y esa ha sido la voluntad que ha guiado el esfuerzo de EL INDEPENDIENTE, que este IV Congreso de IA de Alicante sirva como punto de referencia, como voz de alarma, para que dentro de unos años no tengamos que arrepentirnos de nuestra inacción y nuestra ceguera.

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