Ya tenemos aquí otra batallita interna en el PP «radiada» a los medios de comunicación: la de la dirección popular en la Junta de Andalucía frente a la dirección nacional del partido.

Ahora resulta que Pablo Casado y Teodoro García Egea se sienten “traicionados” por Elías Bendodo, el consejero de Presidencia de Juanma Moreno en la Junta, por haber declarado públicamente que se mostraba abierto a estudiar, una vez que se disuelva el Parlamento andaluz y se convoquen elecciones, la posibilidad de concurrir juntos el PP y Ciudadanos a la cita electoral.

No tiene sentido alguno esa alarma sobre una posibilidad, que por otra parte, se estuvo barajando como mera hipótesis hasta que la dirección nacional de los populares decidió que su política estaba encaminada a absorber directamente a Ciudadanos y no a pactar candidaturas conjuntas en ninguna comunidad autónoma.

Sobre todo porque los pactos de esa naturaleza, de llevarse a cabo, que no es el caso, sólo se pueden cerrar previa autorización y bendición de la Junta Directiva Nacional del PP, es decir, de la cúpula dirigente de la calle Génova.

Casado no quiere ni oír hablar de un pacto para los comicios andaluces con Ciudadanos porque lo que pretende es devorarlos

Por lo tanto, y por mucho que a Elías Bendodo, viejo militante del PP que previamente ha ocupado cargos relevantes en la administración local de Málaga, le gustara la idea de acudir del brazo con Juan Marín, recién elegido candidato del partido naranja en las primarias de estos últimos días, nunca podría hacerlo sin la previa autorización de sus jefes nacionales, autorización que no se va a producir en ningún caso.

A pesar de todo, existen serias dudas de si no sería ésa una buena vía para lograr la mayoría absoluta de Juanma Moreno al frente de la Junta de Andalucía.

El razonamiento es el siguiente: a pesar de las vehementes declaraciones de Inés Arrimadas, según la cual los sondeos andaluces le aseguran a su partido los escaños suficientes como para repetir el actual gobierno de coalición, la realidad es que sus perspectivas electorales son malas y que Ciudadanos puede quedar en situación muy crítica tras los comicios andaluces. En ese sentido, es lógico que Arrimadas haya propuesto, sin el menor éxito por cierto, acudir junto al PP a esas elecciones. Eso le aseguraría a su partido la supervivencia.

Ésa es precisamente la razón por la que Pablo Casado no quiere ni oír hablar de semejante pacto porque lo que pretende es exactamente lo contrario: devorar a Ciudadanos.

Pero si somos un poco realistas, deberemos admitir que, yendo cada partido por su lado y dados los pronósticos que se manejan para la formación naranja, los votos que los ciudadanos emitan en favor de Ciudadanos se tirarán previsiblemente a la basura en su mayor parte. No serán «productivos» en el sentido de que de ellos no se seguirá la adjudicación de un determinado número de escaños. Serían esos votos perdidos, o si se quiere inútiles, los que podrían proporcionarle a Moreno Bonilla la mayoría absoluta que está buscando.

Es cierto que esa fórmula tiene para la dirección nacional del PP una evidente contraindicación, que es que Ciudadanos seguiría vivo y coleando y formaría de nuevo gobierno con el actual presidente de la Junta, exactamente lo que no quiere el PP. Por lo tanto, el intento de Arrimadas ha sido desde el comienzo un esfuerzo inútil.

La imagen que se da es de debilidad, de una dirección que ve enemigos entre los que están en condiciones de empujar a Casado más cerca del poder

Pero si esa era la idea de Elías Bendodo, hay que decir que no era de ninguna manera disparatada. Otra cosa es que no guste en absoluto ni a Pablo Casado ni a Teodoro García Egea. Pero de ahí a sugerir que el actual consejero de Presidencia de Moreno Bonilla está intentando traicionar al presidente del PP hay un trecho muy largo que desde la calle de Génova no se debería recorrer.

Como si no tuvieran bastante con la guerra suicida que están librando contra Isabel Díaz Ayuso en Madrid, y que no solo no se aplaca sino que se encona cada vez más, sólo les faltaba añadir otra batalla contra quienes en Andalucía se aprestan a vencer en las elecciones anticipadas en esa comunidad.

La imagen que se da para quienes observamos desde fuera el desarrollo de los acontecimientos es de debilidad de una dirección que ve enemigos precisamente entre aquellos de entre los suyos que están en condiciones de empujar a Pablo Casado más cerca del poder. Sólo les falta encontrar otro enemigo en las filas del PP de Castilla y León, con unas elecciones próximas y unas muy buenas perspectivas electorales para completar el cuadro de los disparates.

Habría que recordar a quienes dirigen hoy el Partido Popular lo que el rey Felipe II decía a los nerviosos y abrumados embajadores y emisarios que acudían a rendirle honores o a transmitirle información de su interés: “Sosegaos”…