El miércoles empezó muy mal en el número 10 de Downing Street. Todo parecía indicar que Boris Johnson se dirigía al cadalso al comparecer en el Parlamento de Westminster después de una funesta entrevista por la noche. No paraba de escucharse que el Comité 1922 estaba a punto de reunir las cartas de los diputados que forzarían su moción de confianza, que sus propios diputados le pedirían que dimitiera, y que si superaba tal moción de confianza el partido quedaría roto.

Incluso algunas fuentes decían que en el Carlton Club, un grupo de casi 110 parlamentarios, forzaría la votación, lo que crearía una situación de tal magnitud que tendría que dimitir ganara o perdiese. Pero el jueves un diputado conservador del Red Wall se cambió de partido. Todo cambió entonces.

El motín de la tarta de cerdo quedó desenmascarado con este gesto: ¿y si detrás de sus reivindicaciones no estaba otra que el salvar su escaño? Y esta sombra de duda caló en la facción conservadora. Muchos de sus diputados retiraron las cartas al Comité 1922, y algunos incluso volvieron a sus posiciones de neutralidad.

Es importante mencionar que muchos parlamentarios no las llegaron a entregar, pero se afirmó que ya las tenían escritas. Aun así, las amenazas de cambiar de partido nunca funcionan, porque al hacerlo dejas al descubierto que vas con quien ganas, o que te sitúas donde puedes ganar, sin pensar en el proyecto. En una palabra, interés propio. Y no fidelidad con los votantes.

Pero, no debemos olvidar que un veterano como David Davis, quien gestionó el Brexit como secretario de Estado, y miembro del Parlamento desde 1987 le pidió a Boris Johnson que dimitiese.

Hasta ahora se han citado muchas cosas específicas de la política británica y de los tories. Es importante explicar que es cada cosa: 

  • El motín de la tarta de cerdo (Pork Pie Plot) se llama así porque la diputada conservadora que pidió la dimisión de Boris Johnson, la primera, es de un distrito electoral donde la especialidad es la tarda de cerdo. 
  • El Comité 1922 es un grupo de parlamentarios conservadores que gestiona las mociones de no confianza, como también la elección del líder del grupo conservador en el Parlamento de Westminster. Las cartas son realmente cartas, y se necesitan el 15% del total de diputados para plantearse la moción de confianza. Actualmente son 54 diputados, de los 360 que tienen los tories
  • Y por último el Red Wall son aquellos distritos alrededor de núcleos industriales en los que siempre se ha votado laborista, y que aparecen en rojo en el mapa electoral. Los tories consiguieron algunos de estos distritos en las pasadas elecciones por la cuestión del Brexit y las guerras internas del laborismo.

La situación actual dentro de los tories es compleja. Sabemos que, por filtraciones a la prensa, que hay casi un centenar de diputados que quieren que Boris Johnson se vaya. Sabemos que hay secretarios de Estado que quieren que se marche por comentarios hechos a la prensa en relación al Partygate. También que muchos diputados no presentaron las cartas pidiendo la moción de confianza al Comité 1922, y que todos están esperando al informe de Sue Gray sobre la conducta del primer ministro. Gray decidirá si vulneró o no el código de conducta ministerial. Y aunque el Pork Pie Plot se haya desactivado, lo cierto es que las ganas de que dimita y se vaya, diga lo que diga el informe de Sue Gray al respecto, cada vez van a más. 

Y es sobre todo por una cuestión de ejemplaridad política, ya no porque un informe diga que se ha vulnerado la ley o se ha mentido, saltándose el código de conducta.

Lo que está salvando a Boris Johnson es que no hay sucesor de consenso si se va. Y quizás este es el temor más grande para cualquier conservador»

Pero lo que también está salvando a Boris Johnson de sus idus de marzo es que no hay sucesor de consenso si se va. Y quizás este es el temor más grande para cualquier conservador. El hecho de que el primer ministro ganara por una amplia mayoría en las primarias del partido, como también en las elecciones generales, ha provocado que los escándalos que han surgido ahora hayan hecho que no haya un líder que lo pueda substituir.

Cuando las encuestas empezaron a ir mal para el Partido Conservador, que iban mal, pero conservaban la mayoría absoluta, la popularidad del ministro Rishi Sunak estaba por encima de la del primer ministro, y no solamente eso, sino que revertía la tendencia en las urnas haciendo que el partido volviera a crecer. 

Lo más sorprende de todo es que el papel de la oposición está siendo irrelevante. Quienes son clave para saber si sigue o no al frente son Sue Gray, la persona que nombró para investigar cualquier situación irregular en el numero 10, o el propio Comité 1922, es decir, sus compañeros de partido. 

Esto sitúa a las encuestas también en tela de juicio, porque se nota más una desafección hacia el primer ministro, que hacia el partido. Ejemplo de ello es que algunos secretarios de Estado, o diputados, están infinitamente mejor valorados que Boris Johnson.

Si todo esto pasaba el miércoles, el jueves no fue más tranquilo. A media mañana el vicepresidente del Comité 1922, William Wragg, denunció que diferentes miembros del Parlamento le hicieron llegar que miembros del gobierno los habían presionado e intimidado. Scotland Yard se reunirán con algún diputado para investigarlo.

Incluso asesores especiales del primer ministro habrían chantajeado a diputados, o los propios whips, parlamentarios cuya tarea es asegurar la disciplina del partido, se han propasado defendiendo a Boris Johnson. Esto hizo que incluso el presidente del Parlamento, el speaker Lindsay Hoyle, alentara a los legisladores a tomar medidas legales si eran necesarias. 

Y por la noche, se filtró que es posible que Sue Gray tenga a su disposición correos electrónicos que confirman que se sabía que se iba a organizar una fiesta en la oficina del primer ministro. Un contundente varapalo a la credibilidad de Boris Johnson si se confirma que es cierto, pero que además vuelve a sembrar de dudas que no haya más de lo que se ha filtrado. 

En conclusión, tendremos que estar atentos al informe de Sue Gray. Recordemos que las últimas veces que hizo informes parecidos, de no más de quinientas palabras, secretarios de Estado de la anterior primera ministra, Theresa May, dimitieron. 

Nadie está por encima de la ley, y más aún, nadie está por encima del código ético ministerial, donde mentir a sabiendas de que se miente supone la dimisión inmediata.

Recordemos, incluso a Margaret Thatcher, los tories forzaron que dimitiera poco después de ganar sus terceras elecciones legislativas con una mayoría absoluta consecutiva muy amplia. Sea como sea, Boris Johnson aguanta en el cargo por una tregua de sus mismos compañeros, y tendría que ser consciente de ello. El fantasma de Thatcher llama a su puerta, y le recuerda lo que a ella le pasó.  


Guillem Pursals es politólogo, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.