Boris Johnson sueña a lo grande. Así llegó a ser primer ministro, aunque de pequeño quería ser «el dueño del mundo». En septiembre pasado un miembro de su gabinete decía a The Times que el primer ministro aspiraba a superar a Margaret Thatcher, que estuvo 11 años al frente del Reino Unido. En un artículo en este diario Boris Johnson señalaba que necesitaría una década para «nivelar» el país. Es decir, para que las zonas más desfavorecidas pudieran resurgir. Así ganó en los antiguos bastiones laboristas. Entonces podía cantar a voz en grito: «I will survive«.

Ni siquiera Margaret Thatcher se fue voluntariamente. Después de ganar por tercera vez en 1987, Charles Powell, uno de sus asesores, le aconsejó retirarse dos años después. «Llega un momento en que la reputación es más importante para tu partido, tu causa y tu país que para ti», le escribió entonces. Pero se aferró al cargo y fue ejecutada por los tories. Primero se atrevió un desconocido Sir Anthony Meyer en 1989, pero fue Michael Heseltine quien lo logró un año después, aunque no fue él su sucesor. En 1975 fue Margaret Thatcher quien retó a Edward Heath. Tampoco Winston Churchill se libró, en su caso por su deterioro físico.

Ni en el peor de los momentos ven oportuno irse hasta que no es irremediable. Boris Johnson vive estos días la peor crisis desde que ganó las elecciones en diciembre de 2019. En apenas dos años ha pasado de ser el abanderado de una nueva era en el Reino Unido, fuera de la Unión Europea, al juerguista-en-jefe en plena pandemia. Pero sigue sin conjugar el verbo dimitir.

¿Será víctima de sus propios correligionarios como sus antecesores? Boris Johnson fue de los abanderados de la revuelta contra su predecesora, Theresa May, alentado por brexiters como Jacob Rees-Mogg, que se mantiene leal.

La derrota electoral en North Shropshire, bastión conservador durante más de 100 años, en diciembre pasado hizo saltar las alarmas. La vencedora, la liberaldemócrata Helen Morgan, dijo entonces: «Los ciudadanos han dicho alto y claro: Boris Johnson, la fiesta ha terminado… Johnson solo piensa en él y cree que está por encima de nosotros. Nuestro país necesita liderazgo y usted, señor Johnson, no es un líder».

Los medios conservadores le dan la espalda

Desde ese 17 de diciembre hasta esta segunda semana de enero la crisis de liderazgo empeora cada día. Cada portada de la prensa británica es una bofetada en la cara de quien fuera su niño bonito. Justo ha sido el Daily Telegraph, el diario conservador que le pagaba 275.000 libras anuales por una columna semanal hasta que se sumó al gobierno de May, quien ha revelado las exclusivas de esta semana. Es conocido popularmente como Torygraph por su afinidad al Partido Conservador.

En abril de 2021, justo la víspera del funeral por la muerte del duque de Edimburgo, hubo dos fiestas de despedida hasta la madrugada en Downing Street. El primer ministro estaba en Chequers, la residencia de campo del jefe del gobierno. Su portavoz ha tenido que disculparse ante la familia real. También este medio ha revelado que la responsable de las medidas antiCovid se despidió a lo grande. Y lo último: había fiesta todos los viernes en Downing Street. Está claro que mientras la población tenía que cumplir unas normas, el entorno del primer ministro seguía como si viviera en otro planeta.

El miércoles era el primer ministro quien pedía perdón a los británicos ante el Parlamento por la fiesta organizada en el jardín del 10 de Downing Street a la que sí asistió. Era el 20 de mayo de 2020 y en ese momento hubo personas que morían solas por las normas impuestas por el confinamiento. Así se lo recordó el diputado Jim Shanon, a quien se le quebró la voz al recordar cómo había fallecido su suegra.

Boris Johnson aseguró ante los parlamentarios que no sabía que ese encuentro en el que estuvo 25 minutos, que había sido convocado pidiendo a los invitados que «llevaran bebida», fuera una fiesta. En alguien tan dado a la diversión como el premier británico, que era conocido en sus tiempos de periodista en Bruselas por ser el último en volver a casa, suena a burla.

Ha pedido tiempo hasta que la investigación en curso, que lleva a cabo la vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete, Sue Gray. Las conclusiones se esperan para finales de la próxima semana. Si ese informe confirma que se violaron las normas impuestas desde la sede del primer ministro, será difícil que el primer ministro sobreviva. Mientras tanto, Boris Johnson se ha recluido en casa por haber mantenido un contacto con un positivo.

En caída libre en los sondeos

En esa sesión parlamentari del miércolesa, el líder laborista, Keir Starmer, pidió la renuncia de Boris Johnson. Los laboristas están resurgiendo en las encuestas gracias a las juergas en Downing Street. En todos los sondeos de esta semana los laboristas están por encima de los conservadores, e incluso llegan a superarlos por 11 puntos. Peores aún son los datos de popularidad de Boris Johnson. Es incluso más baja que la de Theresa May en el peor de sus momentos.

«Creo que no se ha visto nada igual desde Nixon en pérdida de popularidad. Me recuerda mucho esta desaprobación a la que sufrió Nixon con el Watergate y finales del segundo mandato de Bush hijo. La mayoría de los votantes del Partido Conservador, un 52%, desaprueba su gestión. Veo muy difícil que Boris Johnson sobreviva», dice el politólogo Tian Baena. «Es posible que esperen a que se conozca el resultado de la investigación sobre las fiestas o como mucho a las elecciones locales de mayo».

Me recuerda la desaprobación de Nixon con el Watergate o al final del segundo mandato de Bush hijo. Es difícil que sobreviva»

tin baena, politólogo

Para Tian Baena quienes más tienen que perder son precisamente la cincuentena de diputados que fueron elegidos en diciembre de 2019 en antiguos bastiones laboristas. En muchas circunscripciones la ventaja era escasa. «Muchos tienen miedo porque en 2019 entraron por zonas que nunca han votado conservador y las mayorías son escasas. Temen que si la desaprobación de Boris Johnson es muy grande porque son los primeros que caerían. Boris les hizo ganar en zonas donde no los tories no habían ganado antes y pueden ser ellos quienes le ejecuten», apunta Tian Baena.

El sistema electoral británico es uninominal de modo que los ciudadanos votan al representante de su circunscripción y gana quien tenga más apoyos. Esos diputados rinden cuentas semanalmente cuando vuelven a su circunscripción, de modo que saben perfectamente hasta qué punto los ciudadanos están indignados con el Partygate y además se juegan su puesto.

Douglas Ross, jefe de los conservadores en Westminster, sí ha dado un paso adelante y pidió en el Parlamento a Boris Johnson que dejara el cargo. «No es la primera vez que Ross arriesga su carrera por el bien de su partido y de su país. En mayo de 202, durante un escándalo similar por el viaje a Barnard Castle de Dominic Cummings, fue el único que pidió que hubiera responsabilidades políticas», escribe Michael Crick en el Daily Mail.

Todo indica, por cierto, que Cummings, el artífice de la campaña del Brexit, con quien rompió Boris Johnson, está detrás de gran parte de las exclusivas sobre el Partygate. Resulta curioso que no se conocieran hasta ahora estas celebraciones a las que acudían como mínimo 30 personas, pero llegan a estar convocadas hasta un centenar.

Si los conservadores votaran en secreto sobre la continuidad de Boris Johnson, perdería claramente»

michael crick, daily mail

Crick relata en su columna cómo en la asociación conservadora de Royal Sutton Coldfield han votado por unanimidad a favor de la salida de Boris Johnson. Es uno de los claros bastiones conservadores. «Si los conservadores votaran en secreto sobre la continuidad de Boris Johnson, perdería claramente. Pero sorprendentemente son pocos los que tienen el coraje de decir públicamente lo que confiesan en privado y los que lo hacen son descalificados», apunta el columnista del Mail, otro diario conservador.

Las 54 cartas

La clave es el Comité 1922, que concentra a los diputados conservadores denominados backbenchers, relevantes pero sin puesto en el gobierno. De acuerdo con el estatuto del Partido Conservador, la moción de censura contra el primer ministro puede activarla su propio partido siempre que lo soliciten un 15% de los diputados. En la actualidad son 360 los diputados tories, de modo que se necesitarían al menos 54 cartas.

Las cuentas no oficiales aseguran que ya hay una treintena aunque solo cinco, además de Douglas Ross, han hecho declaraciones públicas: Andrew Bridgen, diputado por North West Leicestershire; Tobias Ellwood, por Bournemouth East; Caroline Nokes, por Romsey and Southampton North; Sir Roger Gale, por North Thanet; William Wragg, por Hazel Grove.

Si bien no hay ningún miembro del gobierno que haya pedido su renuncia, tampoco los que aspiran a sucederle han movido ficha. Suenan Rishi Sunak, ministro de Hacienda, y la ministra de Exteriores, Liz Truss. «Veo a Sunak, que ha ganado popularidad gracias a su papel estelar en la pandemia. Los ministros de Hacienda suelen caer mal o ser ignorados pero no es el caso de Sunak», dice Baena.

Tanto Sunak como Truss ascendieron gracias al apoyo de Boris Johnson. Y pueden ser ahora quienes le ejecuten. Como hizo Boris Johnson con Theresa May. El Partido Conservador no perdona a los perdedores. ¿Sobrevivirá? Pocos apuestan por que siga cantando I will survive este verano en Downing Street.