«Nunca hagas valer toda tu fuerza: que nadie crea que has llegado al límite de tu poder». Breviario de los políticos. Cardenal Mazarino.

En diplomacia, la psicología política estudia el carácter, la capacidad de persuasión, el arte del liderazgo, la dirección de grupos o las habilidades personales. Influir, negociar o convencer para conseguir objetivos políticos o avanzar en la propia agenda dependen del factor humano. Las ideas, las creencias o las percepciones condicionan las relaciones personales y la toma de decisiones, no siempre en el lado positivo. Conocer quién es cada actor, qué relación mantiene con su electorado o cómo gestiona el contacto humano con los otros líderes dimensiona las posibilidades de una salida diplomática a la crisis de Ucrania.

El perfil de Vladimir Putin es el propio de un oficial de contrainteligencia de los años de la Guerra Fría. Lo aprendido en los años de Dresde anticipa su manual de comportamiento en la situación actual: subrayar las contradicciones internas del rival, apoyar la fragmentación política para evitar el consenso, aislar a los cabecillas o retrasar indefinidamente el último golpe. Los trols y las conspiraciones abundan el desorden informativo.

Putin no tiene prisa, porque su estrategia política ambiciona una redefinición de la arquitectura de seguridad en Europa y la constitución de países dependientes en la frontera

Putin no tiene prisa, porque su estrategia política ambiciona una redefinición de la arquitectura de seguridad en Europa y la constitución de países dependientes en la frontera, una suerte de proxy geográfica de seguridad. En el largo plazo, la energía, los ciberataques o la desinformación desestabilizan las sociedades europeas, como apuntaba Ivan Krastev en The New York Times. Esta técnica de descomposición, tan propia de la Stasi, apunta más al conflicto de baja intensidad que a una invasión. El régimen iliberal contribuye al plan, ya que Putin puede medir sus intervenciones públicas y desvincularse de los estados de opinión pública.

El presidente ruso es introvertido. Prefiere el estatus conferido de celebridad, el culto a la personalidad que le rinden los medios estatales, la ausencia de una estructura periodística profesional e independiente. Frente a la sobreexposición de las redes sociales, Putin apuesta por una escenografía construida con fotografías practicando deporte o rodeado de niños.

La proyección de figura autoritaria y protectora de las minorías rusas en los países limítrofes es recurrente. En suma, con este perfil, la salida diplomática no será rápida. Los incentivos para mantener la fuerza de baja intensidad y autoconcederse un derecho a veto sobre la vuelta a los Acuerdos de Minsk II o cualquier otro arreglo pacífico.

El presidente Joe Biden presenta niveles de popularidad decrecientes, con una economía aletargada y con constantes problemas de rebelión en el seno de su propio partido. Ante las elecciones de midterm en noviembre, no puede permitirse más errores que lastren la segunda parte de su mandato y/o condicionen su reelección. La salida de Afganistán representa un trauma en ciernes en dos niveles: desanima a los votantes propios y estimula a los ajenos.

En el ámbito internacional, las relaciones con sus socios europeos se han deteriorado. La confianza se gana con hechos (salida y transición pactada, operaciones conjuntas) y no con promesas de acabar con el trumpismo diplomático. AUKUS, la nueva alianza anglosajona, envía un mensaje de mirada hacia el Pacífico y desinterés en la seguridad europea, además del conocido arrebato francés.

Biden interpreta el tablero global como un juego de suma cero, limitando las opciones diplomáticas y forzando un escenario de amigo/enemigo con Rusia»

Este error estratégico sirve a la teoría de la descomposición, mientras que anima al presidente estadounidense a demostrar contundencia en la cuestión ucraniana. Esta interpretación transaccional del liderazgo interpreta el tablero global como un juego de suma cero, limitando las opciones diplomáticas y forzando un escenario de amigo/enemigo para con Rusia. 

En Europa, los perfiles son dispares. En Alemania, el nuevo canciller Olaf Scholz aún tiene que definir el proyecto político para su país en una Unión Europea sin Merkel y sin el Reino Unido. Es urgente completar la recuperación económica y dotar de contenido político al esquema de financiación de los Fondos Next Generation. Para eso, Scholz necesita revitalizar las relaciones con Francia y aprovechar los vientos de cola de la socialdemocracia en Portugal, España, Suecia o Finlandia. Construir la confianza con aliados tan dispares requiere contacto humano continuado y una estrategia internacional de consenso.

En las relaciones transatlánticas, Olaf Scholz no tiene un proyecto definido, se ha ausentado del debate de la autonomía estratégica, ha ralentizado las operaciones de OTAN y teme una guerra basada en sanciones económicas y cortes de suministro. Para más inri, el canciller apenas tiene relación con Putin, con quien apenas ha intercambiado una conversación oficial. Durante sus años en el poder, Angela Merkel cuidó sus relaciones con Vladimir Putin, con quien conversaba con regularidad sobre economía, energía y seguridad.

De hecho, para el presidente ruso ella era la única voz autorizada para los asuntos europeos con singular menosprecio hacia las instituciones comunitarias. Incluso en los peores momentos de Crimea 2014, Putin mantuvo contacto con la canciller. Claro que habían trabajado la confianza mutua durante nueve años, no nueve semanas. Esta crisis llega demasiado pronto y, por eso, no se debe esperar protagonismo diplomático de Scholz.

Macron quiere gobernar Francia y proyectar en el seno de las instituciones comunitarias un proyecto franco-alemán sólido como el vivido en los años 80 y 90

En Francia, Emmanuel Macron representa el liderazgo jupiterino que aspira a la reelección en mayo. De producirse, se convertiría en el primer presidente de la República que gobierna el país más de cinco años desde hace 40 años. El propósito electoral determina su actuación internacional con varios mensajes concatenados. Sus constantes llamadas y publicaciones en redes y medios sociales quiere mostrar la capacidad para dirigir una crisis desde una Europa afrancesada. A menudo, como en la ocasión del encuentro con Putin, la escenografía no acompaña. Quiere gobernar Francia y proyectar en el seno de las instituciones comunitarias un proyecto franco-alemán sólido como el vivido en los años 80 y 90.

En el ámbito militar, Macron propone un liderazgo transformacional de la seguridad europea mediante la promoción de la autonomía estratégica basada en la base industrial y tecnológica de la defensa europea. Las relaciones transatlánticas no atraviesan su mejor momento tras la crisis de los submarinos nucleares en la región indo-pacífica. 

En el tiempo actual, el foco diplomático está en la actividad presidencial. Conocer sus estilos de liderazgo y su agenda de preocupaciones domésticas puede servir para analizar el conflicto ucraniano. La psicología política nos servirá, pues, para anticipar las estrategias de legitimación de las decisiones diplomáticas, ojalá, para evitar un nuevo conflicto bélico.  


Juan Luis Manfredi es catedrático Príncipe de Asturias en Georgetown University.