Cuando estalla un conflicto, el primer lugar donde van millones de personas no es a su periódico de referencia, es a las redes sociales. Y allí se informan a través de decenas de tuits de lo que ha sucedido, lo que está sucediendo y lo que está por suceder. Se informan a través de cuentas que ya siguen, que en muchos casos solamente consolidan su punto de vista, y si se informan por el buscador de tendencias o por el tema concreto, ya directamente están expuestos a miles de opiniones, comentarios, puntos de vista. Y de multitud de personas diferentes, algunas de ellas anónimas, otras de renombre, y todas hablando sobre el mismo tema. 

Es en este diluvio de información donde normalmente premian los contenidos que son más escabrosos, más exagerados, más violentos o moralizadores. En el caso de un conflicto, las imágenes de explosiones, víctimas, tanques, aviones sobrevolando cosas. Todo aquello que consolida nuestra idea de la guerra como tal. Y además se añade otro factor, o más bien dos, el factor de la vanidad, donde se difunden contenidos por difundir y demostrar que uno esta preocupado o consternado por lo que está pasando; y el otro polo de la vanidad, no la consternación, sino la demostración que uno conoce, y se reafirma.

Y es en este espiral, donde aparecen las fake news o bulos, y se expanden. Comentarios de «mirad estas imágenes de hoy» y realmente son de hace ocho años en otro conflicto del mundo. Hemos de recordar que actualmente hay más de sesenta conflictos en activo, y, por tanto, posibles audios, imágenes, vídeos en redes de todos ellos. En muchos casos la principal expansión de estos bulos se da en situaciones como las de ahora. Hay un foco mediático activo, y la gente busca alternativas a los medios para informarse. O directamente huye de analistas o expertos para crearse su propia opinión. Pero esto genera un problema y un ejemplo lo ilustra. 

Actualmente hay más de sesenta conflictos en activo, y, por tanto, posibles audios, imágenes, vídeos en redes de todos ellos

Cuando los talibanes recuperaron el poder en Afganistán, por ciertos grupos masivos corría un vídeo que hablaba de la violencia talibán. El vídeo, sin embargo, no correspondía a Afganistán, ni eran talibanes, era un vídeo de la guerra civil siria de 2014.

Y de la invasión rusa de Ucrania tenemos diferentes casos. Una patrulla sobrevolando una supuesta ciudad ucraniana, que en realidad es en Moscú el año pasado. Imágenes de supuestos antiaéreos en plena noche, que se trata de imágenes de un videojuego. Una fuerte explosión como consecuencia de un bombardeo, que dicen que es en Lugansk, pues no, es en Taijing (China), y es de 2015. Imágenes de la explosión del depósito de municiones de Beirut las están haciendo pasar por imágenes de una ciudad ucraniana. Imágenes de misiles lanzados desde un crucero en el mar Negro corresponden a Irak el mes pasado, entre algunos otros casos.

Este tipo de acciones son utilizadas para todo tipo de cosas, pero la principal es la propaganda. Siempre que hay un conflicto con mucha atención mediática, los diferentes bandos difunden bulos para consolidar su posición, como también para desmoralizar al adversario. Y en un momento donde las redes sociales son totalmente abiertas, los que somos observadores estamos en medio. No dejamos de ser aquellos ciudadanos a quienes sobrevuelan aviones y nos lanzan octavillas, algunas del enemigo diciendo que está a las puertas de la ciudad, y otras de los nuestros, que nos dicen que vamos ganando. 

Entonces aparece la pregunta clave. Cómo cribamos aquella información que es cierta, realmente está sucediendo, de la que no. En la mayoría de los casos sencillamente observando la imagen o el vídeo en sí ya vemos que aquello no cuadra con la realidad. Una de las pistas fundamentales es el idioma, ver en qué idioma están los carteles o en qué idioma hablan. Qué está sucediendo realmente, más allá de lo que diga la descripción que lo acompañe. Y, sobre todo, huir de la inmediatez. No se trata muchas veces de contenido informativo los que van llenos de bulos, sino de vídeos de propaganda para consolidar una posición u otra. 

Una de las pistas fundamentales es el idioma, ver en qué idioma están los carteles o en qué idioma hablan

Debemos huir de la inmediatez de la difusión, de reenviar o retuitear sin pararnos a ver nada, sencillamente por el texto que lo acompaña, o por lo exagerado del vídeo. Además, la búsqueda de protagonismo, de ganar visibilidad, da pie a compartir bulos o fake news a un ritmo más elevado. Y aquí es donde una de las cosas positivas de las redes sociales se vuelve en contra, la democratización de estas. La igualdad entre una cuenta informada y una que no, y entre una real, y una que no lo es. 

El uso de utilizar siempre las mismas fuentes de consulta nos debe dar pistas del punto de vista de quien lo ha difundido. En el caso de conflicto, los medios públicos siempre son los primeros sospechosos de ofrecer información parcial. Y es por esto por lo que se tiene que contrastar con otras fuentes, y si estas son dispares o contradictorias valorarlo. No siempre en los conflictos la información es veraz, y lleva su tiempo comprobarlo todo. Existe la llamada niebla de guerra, término creado por Carl von Clausewitz, aquella confusión o incertidumbre que genera la propia batalla sin saber bien qué está sucediendo. No implica que estemos desinformados, lo contrario, implica conocer en qué situación estamos. 

En conclusión, a veces prestamos relativa atención a la importancia de los mensajes en redes sociales, entre lo excesivo y lo descartable. Mensajes que muchas veces son creados por las partes implicadas para hacer propaganda sobre ellos mismos, o calumniando al adversario desde perfiles anónimos. Y esto no significa que no tengan que no ser ciertos, sino que existen más posibilidades que no lo sean que no que lo sean. Twitter, Reddit, Facebook, Instagram, entre otras, deberían considerarse la continuación de la guerra por otros medios. No solamente sirven para fines electorales cuando hay campaña, sino también como propaganda cuando hay guerras o conflictos mediáticos. No debemos dejar de tenerlo presente. 


Guillem Pursals es politólogo, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.