Esta ley que, además del trámite de su paso por el Consejo de Estado y del Consejo General del Poder Judicial, presumiblemente sufrirá numerosas modificaciones en su tramitación parlamentaria, es sobre todo un batiburrillo de normas que en su más pura lógica deberían ir incluidas en otras leyes elaboradas al efecto. Parece una ley ómnibus en la que cabe lo mismo una rebaja del IVA a los productos de salud femeninos que una persecución contra quienes hayan recurrido a un vientre de alquiler fuera de nuestro país.

Estos dos asuntos han sido afortunadamente retirados de la ley que presentó el Gobierno ayer pero que iban en el proyecto que había pergeñado la ministra de Igualdad Irene Montero, a la que al parecer le da lo mismo un capítulo que debería ir en los Presupuestos Generales del Estado que un asunto sobre el que está sin legislar pero sobre el que ella propone que se persiga penalmente a las personas que se hayan beneficiado de una legislación fuera de España en la que no es ningún delito la gestación subrogada.

Lo mismo pasa con la insistencia en promover que las adolescentes de 16 años puedan decidir libremente someterse a un aborto sin no solo el consentimiento sino también el conocimiento de los padres o tutores. Pero, ¿qué tiene que ver esa condición con los dolores menstruales invalidantes? Un síndrome que ya está vigente desde tiempo inmemorial en la sanidad pública y que permite la baja en las empresas.

A los 16 años no se es una mujer, se es un niña

Independientemente de que en la Ley de Autonomía del Paciente ya está regulada la edad de 16 años como suficiente para que un paciente decida con autonomía sobre su salud, el aborto no es estrictamente un problema de salud, es otra cosa, y generalmente a la edad de 16 años un trauma tanto si se interrumpe voluntariamente el embarazo como si se continúa con él y se convierte a la persona en una niña-madre.

Porque hay que repetirlo tantas veces cuantas sea necesario: a los 16 años no se es una mujer, se es un niña, y mucho más cuando la esperanza de vida nos ha cambiado el modo de establecer las distintas etapas hasta llegar a la ancianidad.

Y partiendo de la base, cierta, de que a esa edad lo que tenemos son niñas, no es de recibo que se las intente someter a semejante prueba sin contar con el apoyo de sus padres. Porque aquí lo que se supone es que la mayor parte de los progenitores o, en su caso, de los tutores van a obligar a sus hijas a tener el niño que no desean. Y eso es mucho suponer habida cuenta de que el estado de madurez de una niña de 16 años dista mucho del equilibrio más o menos estable de una mujer, o casi, de 2o o 21 años.

No quisiera estar en los zapatos de una madre o un padre que se enteran a posteriori de que su hija -insisto, una niña- se ha quedado embarazada y ha acudido a abortar sola, sin su ayuda, su protección y su consejo.

Ya es de por sí bastante traumático el trance como para, a esa edad, enfrentarse en solitario a una decisión trascendental en la corta vida de una adolescente. Es una barbaridad.

Pero independientemente de eso deberíamos preguntarnos a qué viene una nueva ley del aborto cuando se sabe que el Tribunal Constitucional va a emitir, por fin, sentencia después de 12 largos años durmiendo el sueño de los justos en los anaqueles de «asuntos pendientes» del Alto Tribunal.

¿Qué se pretende con esta ley que sirve además para un roto y un descosido? Pues si sale antes, que no saldrá porque ya digo que le faltan aún muchos trámites para que la ley vaya adelante, sería para callar al Tribunal Constitucional. Y si sale después servirá para ignorar la sentencia sobre una ley de plazos que fue recurrida en su día por el PP. Un sinsentido.

En definitiva, un proyecto de ley tan abstruso y tan enmarañado que da la impresión de que ha sido sacado a la luz para tapar de alguna manera los escándalos en que se ha visto envuelto este Gobierno con motivo del cese -aún no justificado- de la directora del CNI o del reconocimiento sin contar con nadie de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental o el mal resultado que se espera que obtenga el PSOE en las elecciones andaluzas.

Como una manera de entretener al respetable.