Cuando el lobo (pero podría ser perro) se siente amenazado (pero podría ser rabioso) cambia de comportamiento. No solo se vuelve más agresivo, muestra sus dientes y gruñe, sino que comienza a tirar bocados en todas las direcciones sin controlar muy bien a quién o hacia dónde ataca, sea a los suyos o a los enemigos, si muerde con fuerza porque le interesa atrapar la pieza o simplemente para hacerse notar, llamar la atención y amedrentar al contrario.

En las últimas semanas, desde el aplastante y, en parte no por menos esperado, humillante resultado de las elecciones en Andalucía para el Gobierno en las que queda claro que el problema no es el PSOE, ni el resurgimiento del PP sino Sánchez y su pobre gobierno de inexpertos aprendices, no paramos de ver bocados al aire, gruñidos, dientes afilados de un Gobierno que sin duda ya se ve acabado en su formato actual y por mucho tiempo y quiere a toda prisa culminar sus planes políticos.

Hoy se llama intromisión inaceptable e imperdonable en la economía de libre mercado interviniendo torticeramente a Indra sin escrúpulos ni decencia alguna. Más discreta ha sido la toma de Prisa por los amigos de Sánchez liderados por Amber y otros personajes de la órbita socialista.

Hace unos días se llamó ataque al poder judicial e intervención forzada para controlar el Tribunal Constitucional. Anteayer un nuevo impuesto inventado para sacarle más dinero a las eléctricas de manera sectaria. ¿O es que alguien piensa que las eléctricas no lo entenderán como un coste (en vez del sacrificio planteado por el Gobierno) y lo terminarán trasladando a sus precios? En el olvido queda la reciente destitución de la directora del CNI cuando ya ni nos sobresalta la dimisión del INE intentando hacerse notar ante otra intromisión.

Acto seguido se pone en marcha la máquina de generar pagas para todos para con ello tapar la desvergüenza de su actuación: hoy te bajo el IVA de la luz plagiando impunemente la idea rechazada solo un par de semanas antes a propuesta del PP, ayer me invento una paguita nueva de doscientos eurillos como dádivas de ese dinero público que ya nos anunció Carmen Calvo que para los socialistas “no es de nadie”. ¿Y mañana? Pues mañana apuesto a que en el siguiente traspiés de Sánchez o el siguiente desmán cometido por su Gobierno lloverá otra paguita para funcionarios y, cómo no, para pensionistas y así acumular votos (pensarán ellos).

Es curioso que aquellos que llaman fascistas a diestro y siniestro a todo lo que no les da la razón utilicen, precisamente, mejor que nadie las técnicas más fascistas que existen

Cada día una ocurrencia, cada día un apaño para seguir en esa huida hacia adelante que como en Thelma y Louise han iniciado Sánchez y Yolanda Díaz, cada vez más cerca del precipicio ante la impasible mirada de ministros que saben que les queda un telediario y que pronto volverán a sus ayuntamientos, a las universidades, a las líneas de caja del supermercado o a la nada, de donde surgieron, y de barones del PSOE que ven cada día cómo su predio se les desmorona. Pero también en su viaje al precipicio animados palmeros desde la barrera unos y otros desde las atalayas de sus autonomías en Cataluña y País Vasco; sus socios de gobierno y legislatura, que yo mejor llamaría enemigos. 

Es curioso que aquellos que llaman fascistas a diestro y siniestro a todo lo que no les da la razón utilicen, precisamente, mejor que nadie las técnicas más fascistas que existen como las del control a ultranza de los medios de comunicación y la intervención y control de todas las instituciones que les puedan servir de contrapeso. Cualquiera que lea sobre el régimen nazi, el comunista ruso o el fascista italiano encontrará todas estas recetas: desde el control de las empresas, al de los tribunales pasando por el INE, el CIS o el CNI. Nada nuevo.  Alimentar la pobrecracia, todos pobres pero iguales, sin necesidad de pensar para el ciudadano porque nuestros gobernantes ya lo hacen por nosotros y nos mantienen con ese dinero que no es de nadie y que generosamente además se reparte a las autonomías con inmensa gentileza – Lastra dixit– es una receta muy  pasada. Ya no cuela.

Llevo meses desde esta tribuna animando a despertar a los ciudadanos del letargo subvencionado con mentiras y pagas. Parece que las elecciones andaluzas han conseguido muchísimo más que yo y me alegro. 

Muchos ven ya la luz al final del túnel (aunque no se pueda vender la piel del oso antes de cazarlo), pero es muy preocupante lo que aún esté por venir en este último tramo del túnel, si el lobo acorralado y rabioso sigue dando bocados al aire. Los desequilibrios que acumulamos en la economía y la sociedad con brechas insalvables, en los mercados de trabajo y capitales, el reto de la inflación, la deuda y el déficit o el inmenso deterioro provocado en las instituciones serán una herencia, una losa, que llevará mucho tiempo levantar a los que vengan. Para entonces muchos de los que hoy dan esos bocados inútiles estarán en las calles como ya nos anunció Adriana Lastra haciendo lo que mejor saben hacer: clamar contra lo que llamarán recortes y que no será más que poner las cosas en el sitio del que no las debieron sacar.

Ladridos vacuos, ladridos inútiles, eso sí, esta semana acallados por las fanfarrias y oropeles de la histórica cumbre de la OTAN que no defenderá Ceuta y Melilla por muchos destructores que alojemos en el Guadalquivir.