Con un embarazo de riesgo se coge una una baja, no se presenta la dimisión. Porque un embarazo termina a los nueves meses y después todo se reduce a incorporarse a la rutina normal del primer hijo, que siempre resulta más angustioso y lleno de incertidumbres, eso es verdad, que los siguientes niños, si es que los hay. Pero todo pasa a entrar dentro de la normalidad del ejercicio de la maternidad.

Nunca se vio que una mujer embarazada, incluso si es de riesgo, que esa condición la tienen ya muchas de las que antes los ginecólogos llamaban “añosas” porque ya no tienen los órganos en su mejor momento sino en su declive, fuera una enferma. Y a Adriana Lastra le pasa lo que a miles de españolas de su edad, nada más.

Lo que sucede es que ella ha visto en su estado personal la oportunidad de esconder los verdaderos motivos de su renuncia y que no son otros que facilitarle a Pedro Sánchez la operación, que tardará más o tardará menos pero que al final se llevará a cabo, de acometer unos cambios de calado en la cúpula del PSOE, me refiero a los cargos de Ferraz, no a la secretaría general.

Porque no ha funcionado el tándem de la vicesecretaría y la secretaría de Organización sino todo lo contrario; no funciona tampoco la portavocía de la Ejecutiva federal del PSOE, y  funciona algo mejor pero también resulta muy mejorable la portavocía del grupo parlamentario.

En esas condiciones el Partido Socialista no puede acometer la importantísima tarea que tiene por delante a partir de septiembre y que no es otra que prepararse para competir con opciones de victoria en la nueve comunidades autónomas en las que gobierna en solitario, en las dos en las que comparte el gobierno y en los 8.000 ayuntamientos que hay en España.

Adriana Lastra le ha quitado con su gesto el tapón a una tarea que el partido tiene que acometer antes o después»

Adriana Lastra le ha quitado con su gesto el tapón a una tarea que el partido tiene que acometer antes o después. En definitiva, le ha hecho un penúltimo favor a Pedro Sánchez antes de parir a su hijo, porque es un niño el que espera.

Que sus relaciones con Santos Cerdán eran más que tirantes lo sabían todos en el partido y fuera de él. Y que resultado de esto la comunicación del PSOE se ha dejado resentir es una evidencia de la que la propia Lastra dió cuenta cuando, recién contabilizados los votos de las elecciones andaluzas apareció ella haciendo la intervención más desdichada de cuantas se recuerdan por parte de un partido que ha perdido los comicios. Aquella lamentable actuación no se hubiera producido en esos términos si hubiera existido una mínima coordinación en meros términos de comunicación corporativa. 

Y eso a pesar de que la señora Lastra jamás ha tomado una decisión de trascendencia sin consultársela al presidente del Gobierno, tampoco cuando era portavoz del grupo parlamentario y se presentó una tarde habiendo acordado con Bildu la derogación “íntegra” de la reforma laboral. Corría el mes de mayo de 2020 y ya apuntaba la relación de preferencia iniciada con Podemos y continuada, ahora sin el menor empacho, con el Partido Socialista y la formación proetarra. Pero en el caso de los resultados de las andaluzas y la intervención de la señora Lastra, eso fue cosa de la sede de Ferraz y no de Moncloa.

Le  quedan tres meses nada más y podría perfectamente haber prolongado la baja en la que ya se encuentra y haber retomado su función como hace cualquier madre trabajadora»

En el estado de cosas al que había llegado la tirantez de la pareja formada por Santos Cerdán y Adriana Lastra, uno de los dos, o él o ella, o mejor los dos, tenía que abandonar y ella ha encontrado el muy débil argumento de su embarazo de riesgo del que se cumplen ya seis meses o 25 semanas, que es como ahora se contabilizan los embarazos. Le  quedan tres meses nada más y podría perfectamente haber prolongado la baja en la que ya se encuentra y haber retomado su función como hace cualquier madre trabajadora.

Pero el problema es político, no personal o no sólo personal, y abre la espita para que en su momento se empiece a meter el diente a una renovación que las necesidades inmediatas del PSOE están pidiendo a gritos.

Este es el penúltimo favor que Adriana Lastra ofrece a Pedro Sánchez antes de abandonar sus actividades políticas para después retomarlas -en lo que supondrá el último favor a su secretario general- cosa que se producirá más pronto que tarde  porque es su vida entera la que ha dedicado a la actividad partidista. No la dejará más que si es por el momento. Por eso no tiene sentido este abandono.