Corre la especie de que Boris Johnson autodestruyó su gobierno por un escándalo sexual, que es como justificar las mascarillas en nuestras calles porque hay una epidemia de neumonía. Lo del sexo será llamativo y dará mucho juego mediático, pero no deja de ser, como la neumonía con el Covid, un síntoma. El problema está en la forma patológica de privilegio frívolo que aqueja a toda una generación de la élite británica a la que Boris pertenece, que David Cameron ya adelantó y a la que el sucesor más probable de ambos cuando se escriben estas líneas, Rishi Sunak, también pertenece. 

En cierto modo, Anatomía de un escándalo, la serie reciente serie televisiva, ofrece la mejor explicación del fenómeno. A saber, el ministro que protagoniza la serie se autodestruye cuando tiene sexo más o menos forzado con una asistente, igual que Boris se autoinmoló en su propia infamia cuando nombró a Chris Pincher vicelíder conservador en la Cámara de los Comunes.

El problema está en la forma patológica de privilegio frívolo que aqueja a toda una generación de la élite británica»

Boris sabía que Pincher ya tuvo que dimitir en 2017 por propasarse con un activista conservador en 2001 y también conocía otra queja similar de hace unos meses, aún así, cuando saltó a los medios una tercera y última denuncia, lo negó y además protegió a Pincher negándose a expulsarle del partido. Esto es exactamente lo que hace el primer ministro en la serie. 

Evidentemente, como su equivalente televisivo, Pincher no ve necesidad de controlar sus impulsos sexuales para evitar causar daño a terceros, igual que Boris no ve necesidad de controlar su ambición para evitarle daños a la nación que lidera y de la misma forma que Cameron vio de lo más normal apostar la integridad del Reino Unido para alargar su estancia en Downing Street. 

Una forma de ver el asunto, desde la óptica del movimiento #Metoo que es la que ostensiblemente domina Anatomía de un escándalo, concluye que Pincher es el producto de cierta forma de masculinidad tóxica. Y no les falta razón, que Pincher sea gay y sus víctimas también sean varones es irrelevante, lo importante es que Pincher se comporta como un depredador sexual y que a Boris no parece preocuparle. Y sin embargo, esa lógica no deja de ser una sinécdoque, en el sentido de que toma la parte (la agresión sexual) por el todo (el abuso de poder) y al final conduce a conclusiones que son distracciones. El meollo del asunto es que Pincher se sabe parte de un grupo de poder y se sabe protegido por ese poder. 

Ni siquiera se trata de la proximidad al gobierno. De lo que se trata es es del descenso a la frivolidad patológica en la que Boris, Cameron y Sunak naciero»

Ni siquiera se trata de la proximidad al gobierno. De lo que se trata es del descenso a la frivolidad patológica de una élite social, en la que Boris y Cameron y Sunak nacieron y a la que Pincher se incorpora. Una élite criada en familias de recursos estratosféricos, formada en colegios de élite (Eton es el de Cameron y Boris, Winchester en el caso de Sunak), las universidades de Oxford y Cambridge (Pincher se conformó con al LSE) y a la que se inculca, literalmente desde la cuna, la arrogancia de la certidumbre de su propia invulnerabilidad. Como se refleja maravillosamente en Anatomía de un Escándalo, lo importante no es el sexo ni el escándalo, sino las escenas en las que se muestra como al protagonista se le educa en el derecho a mentir, hacer trampas y manipular con impunidad, hasta el punto de que es incapaz de reconocer su propia malevolencia. 

Boris, Cameron y media Cámara de los Comunes atestiguan como esa élite enraizada en la estructura de poder de la sociedad y las instituciones británicas como casi ninguna aristocracia del mundo avanzado se ha convertido en un cáncer. De Rishi Sunak sabemos que toleró a Boris y las mentiras de Boris y la frivolidad de Boris hasta que le abrieron su propia oportunidad de poder. Y también sabemos, porque lo dijo en la tele, que en su último año de universidad solo conocía «aristócratas» y «gente de clase alta». Sabemos, en resumen, que es una criatura del privilegio.


David Sarias Rodríguez es profesor de Historia del Pensamiento Político en la Universidad Rey Juan Carlos.