Volodimir Zelenski, que empezó como cómico en la televisión, extendió su carrera a la política imitando un guión de una de sus series cómicas, en la que un profesor de escuela se convertía en improbable presidente de su país. La trayectoria profesional de Zelenski, que se asemeja a la ficción, probablemente dice más sobre la sociedad ucraniana que sobre él mismo.  Desde que accedió a la Presidencia en la primavera de 2019, ha pasado por tres encarnaciones:

1. Oportunista político y administrador chapucero.  Durante su campaña electoral de 2019 tachó al opositor Petro Poroshenko de «pro guerra» y así deslegitimó en parte los preparativos de Ucrania para la defensa.  Fue favorecido tácitamente por Moscú, en línea con una vieja táctica imperial de apoyo a cualquier figura local de cualquier ideología, siempre que parezca susceptible de ser incompetente o de crear confusión. También fue favorecido por los oligarcas porque era inexperto y débil, y por lo tanto poco proclive a introducir reformas sustanciales contra la corrupción. 

Fue favorecido tácitamente por Moscú, en línea con una vieja táctica imperial de apoyo a cualquier figura local de cualquier ideología siempre que parezca incompetente o cree confusión»

Durante su mandato, la adquisición de misiles nacionales de Ucrania se ralentizó con poca visión de futuro. Al principio albergó algunas ilusiones de paz con el presidente ruso, Vladimir Putin, e incluso hasta el último minuto previo a la invasión de febrero de 2022 no quiso «ver» a las fuerzas rusas en la frontera. Pero no cedió a las presiones del presidente francés, Emmanuel Macron, y la entonces canciller alemana, Angela Merkel, para que hiciera concesiones a Putin en una reunión de los Cuatro de Normandía en diciembre de 2019, un acto de «deslealtad» que puso a Putin en su contra. A mitad de su mandato, la lógica de la construcción del Estado le hizo actuar contra algunos oligarcas prorrusos. El caso más notable fue el de Viktor Medvedchuk, el padrino de una de las hijas de Putin y hombre de confianza política en Ucrania, cuyo imperio mediático-propagandístico fue cerrado. Los comentaristas rusos y algunos occidentales criticaron esta medida como un atentado a la «libertad de prensa»; pero un Estado no tiene la obligación de tolerar la propaganda de una potencia extranjera ocupante.

Aunque tal vez sin el acuerdo explícito de Zelenski, los oligarcas prorrusos y los barones de los medios de comunicación habían contribuido a llevarle al cargo vilipendiando a Poroshenko, que se presentó con una sólida plataforma de identidad nacional y de construcción de la capacidad de defensa de Ucrania. Pero el mediático Zelenski probablemente se dio cuenta de que los oligarcas rusófilos y sus recursos mediáticos podrían, en algún momento, ser decisivos para derribarlo, al igual que habían ayudado a derribar a Poroshenko.  Recortar a Medvedchuk y al aparato propagandístico ruso fue una buena táctica de autopreservación política; pero también fue un buen paso para la construcción del Estado en Ucrania. En el lado negativo, Zelenski comenzó a degradar a sus mejores reformistas y empezó a derivar hacia un gobierno personalista, mientras su administración se volvía errática.

Con un programa electoral vago, se había presentado como un nuevo ‘outisder’ que se enfrentaría a la corrupción e introduciría reformas institucionales»

2. Símbolo político. En un programa electoral por lo demás vago, Zelenski se había presentado como un nuevo outsider político que se enfrentaría con firmeza a la corrupción e introduciría reformas institucionales. Esto tuvo una gran repercusión en el público, que, al votar a Zelenski, pensó que estaba votando por un gobierno limpio. Así, se convirtió en un foco y un símbolo de las profundas aspiraciones de reforma de la sociedad, necesariamente de una democracia al estilo europeo. Aunque el Kremlin no se cansa de intentar presentar a Ucrania como un país de nacionalistas intolerantes y antisemitas, la etnia judía de Zelenski y su lengua rusa, que hablaba mejor que el ucraniano, no le impidieron obtener una enorme mayoría electoral del 73%. En otras palabras, su elección marcó la sed de reformas del público y el secularismo y centrismo político de la mayoría de los ciudadanos ucranianos.

Tanto los nacionaldemócratas como los nostálgicos de la época soviética vieron en Zelenski algo que les gustaba, una situación que pronto le hizo sentarse incómodamente en dos taburetes. Intenta evitar las rencillas históricas y las controversias identitarias, y hace hincapié en las cosas de futuro que pueden unir en lugar de dividir a la sociedad. No obstante, mantiene las medidas moderadas introducidas por Poroshenko para rehabilitar específicamente la lengua ucraniana, en la medida en que esta lengua requiere una acción afirmativa y que más del 80% de la población es de etnia ucraniana y tiene derecho a servicios en su propia lengua. El ataque de Rusia a Ucrania ha consolidado desde entonces a la sociedad en torno a la narrativa nacional-democrática, mientras que las facciones prorusas son marginadas.

3. Líder de la guerra. Cuando las fuerzas rusas avanzaron contra Kiev, Zelenski se quedó en la ciudad y compartió el destino de la nación, con el riesgo real de ser secuestrado o asesinado por agentes rusos.  Cuando Joseph Biden le ofreció transporte para salir de Kiev, Zelenski replicó: «No quiero un viaje, quiero munición», una frase que resonará en los mejores aforismos políticos. Trabaja el teléfono diplomático con asiduidad, hasta el punto, en ocasiones, de ser convenientemente abrasivo con los complacientes líderes europeos que tardan en suministrar armas a Ucrania contra el ejército ruso.  

Algunos comentaristas occidentales llegan a calificarlo de Winston Churchill, y una encuesta de los lectores de la revista Time lo eligió como Hombre del Año. Sus informes al público, sencillos pero razonados y apasionados, son informativos y, a su manera, inspiradores.  Nunca deja de alabar el heroísmo de los soldados del país y la firmeza de los ciudadanos, que, insiste, garantizan la victoria final de Ucrania.

Fue la sed de reformas la que hizo que la sociedad se arriesgara y eligiera a un novato político putativamente reformista. Es probable que esa sed de reformas se mantenga cuando la guerra acabe»

Zelenski tiene un estilo político accesible, y se ha ganado la confianza de la gente respecto a los acontecimientos del frente. A diferencia de Putin, que desconfía de su pueblo y engaña a sus soldados para que firmen el servicio militar, Zelenski reconoció que el ejército ucraniano estaba sufriendo grandes pérdidas durante la ofensiva rusa de junio en el Donbás. Sin embargo, los ministros de Defensa ya habían declarado que, en caso de una invasión a gran escala, el ejército ucraniano podría perder 15.000 soldados en tres semanas.  Por lo tanto, la sociedad ucraniana estaba preparada psicológicamente para unas pérdidas tan elevadas, lo que ha resultado no ser el caso hasta ahora.  Como señaló el antiguo general ateniense Pericles, y más recientemente Alexis de Tocqueville, los soldados de una democracia luchan mejor que los de un régimen autoritario. 

En resumen, fue la sed de reformas lo que hizo que la sociedad se arriesgara y eligiera a un novato político putativamente reformista.  Es probable que esta sed se mantenga cuando la guerra termine. Mientras tanto, la firmeza del ejército y la ciudadanía en el conflicto ha permitido a Zelenski desempeñar el improbable pero justamente ganado papel de líder de la guerra. Esta firmeza es el resultado de la madurez política y la voluntad de sacrificio que la sociedad democrática ucraniana ha producido, como suele hacer la democracia. 


Dennis Soltys es un profesor canadiense jubilado de política pública y desarrollo internacional que vive en Almaty.