Muchas veces se habla del General Invierno para hacer referencia al concepto que Rusia en invierno, debido al frío, se hace imbatible. Como si fuera el frío invernal y la nieve la que hacen que sea imposible de invadir, o si la gélida Siberia y sus borrascas. Pero realmente no es el frío lo que hacía imbatible a Rusia, ni tampoco a Novgorod. No fue el frío lo que frenó a los tártaros, ni a los mongoles, ni a Napoleón, ni a Hitler. Fue el barro de otoño y de primavera, las lluvias y no la nieve, los responsables de que los vastos imperios se hundieran en Rusia. 

Fue la llamada raspútitsa, o estación del fango, que tiene lugar desde mitades de octubre a mitades de abril, la que provocó que la invasión rusa de Ucrania fracasase estrepitosamente, y el frente rápidamente se estancara. Bielorrusia, Rusia occidental y Ucrania se caracterizan por sus grandes extensiones agrícolas, y por un sinfín de campos que en primavera y verano son dorados por el trigo, pero en otoño se vuelven lodazales. Este hecho obliga que se tenga que avanzar por caminos, también de lodo algunos de ellos, y por carretera, ya que más allá los vehículos no están preparados para moverse, salvo los agrícolas. 

Existe mucha propaganda sobre el General Invierno, cuando los mongoles y los tártaros conquistaran gran parte de Rusia en invierno, y sus tropas, hábiles en el hielo y la nieve, avanzaran sin problema. Pero fueron los barros de primavera los que provocaron que los caballos no pudieran avanzar más, ni los carros, ni las tropas a pie. Este hecho dio la posibilidad a las tropas de Nóvgorod reagruparse y derrotarlos.

Napoleón entró en Moscú el 14 de septiembre, la victoria napoleónica de Maloyaroslavets fue el 24 de octubre, pero fue el barro de noviembre lo que los mermó. Y el 26 de noviembre en Berezina, aun otoño, el Ejército napoleónico sufrió un desastre militar sin precedentes. El 14 de diciembre de 1812, otoño, fue cuando Bonaparte abandonó Rusia. 

Hitler directamente mandó a sus tropas a conquistar la Unión Soviética sin equipamientos para soportar el otoño e invierno. Y eso que la operación militar, la llamada Barbarroja, empezó en junio. Pero llegó el otoño, y con él el mismo barro que frustró a Napoleón. No había cómo, ni con quién, abastecer a todo el ejército alemán, pues el barro dificultaba las líneas de aprovisionamiento.

La línea de provisionamiento tenía que llegar a las puertas de Moscú, pues en octubre empezó la batalla para defender la capital soviética. Resistió cuatro meses. Después los nazis avanzarían hacia el sur principalmente. Y se hundieron de nuevo en Stalingrado. Y en el norte Leningrado seguía resistiendo. Todo el esfuerzo de guerra alemán se basaba en abastecer sus tropas a través de un océano de barro. Y luego sí, el frío invernal puso la puntilla. 

No es el frío, no es el invierno. Es la lluvia y el barro constante, la humedad durante el día y la noche, lo que son tan temidos»

Hay pues, un concepto erróneo vinculado al llamado General Invierno, pues como decía en el inicio no es el frío, no es estar en invierno. Es la lluvia y el barro constante, la humedad durante el día y noche lo que son tan temidos. Rusia en invierno no es más fuerte, recordemos la batalla de Grozni de 1994, que empezó el 31 de diciembre y terminó el 8 de febrero de 1995. Fue en invierno, y Rusia perdió frente a los secesionistas de la República Chechena de Ichkeria. O las campañas militares, principalmente desarrolladas en invierno, para conquistar el Kanato de Jiva en 1717 y 1839, actual Uzbekistán y Turkmenistán. 

En conclusión, no existe vinculación alguna con que Rusia gane las guerras o las batallas en invierno, pues si los adversarios están tan bien perpetrados y mejor equipados que los rusos, difícilmente perderán. Es la raspútitsa, el barro, lo que provoca que no estén bien equipados, que no les lleguen provisiones mientras avanzan, que no tengan qué comer, o con que disparar, o con qué abrigarse para el invierno. No es el invierno en sí, pero si la lluvia, la nieve y el barro. No nos tenemos que dejar engañar por el nombre, pues el General Invierno realmente tiene poco de general, y poco de invierno.


Guillem Pursals es politólogo, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.