Hemos pasado de una retórica de la tensión frente a China por parte de muchos actores occidentales a una especie de carrera entre líderes para ver quién pasaba más tiempo con Xi Jinping, o cerraba mejores acuerdos con China en Bali, en la reunión del G20. Quizás es como consecuencia de la foto entre Biden y Xi, y el consenso para mantener el statu quo en las relaciones entre ambos. 

Estados Unidos rebajó la tensión sobre el asunto de Taiwán al declarar que no esperaba que China intentara invadir la isla inminentemente, y que esperaba que cualquier cuestión en los asuntos del Estrecho se resuelva pacíficamente. La diplomacia china respondió que las conversaciones con los estadounidenses habían sido francas y constructivas. A su vez, hemos de sumar el apoyo de China a la integridad territorial ucraniana, al mismo tiempo que aboga por el diálogo para restablecer la paz en la región. Es la línea que varias veces ha defendido Francia. Macron hizo saber en un tuit que coincidía con Xi Jinping.

No deja de ser interesante que la OTAN considere a China una amenaza a largo plazo, sobre todo por su capacidad de influencia económica sobre los Estados de la alianza militar, debido a su creciente dependencia de Pekín, y al mismo tiempo, se busquen más acuerdos comerciales con la potencia asiática. 

Algo ha cambiado en el G20. Los dirigentes que han mantenido conversaciones bilaterales con Xi han procurado facilitar inversiones chinas»

Pero es cierto que ha cambiado algo en esta reunión del G20. Los dirigentes que han mantenido conversaciones bilaterales con Xi Jinping han procurado facilitar inversiones chinas en su país para generar una recuperación del tejido industrial, como también la creación de puestos de trabajo. Un ejemplo de ello ha sido el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, quien ha buscado acuerdos para que empresas españolas se puedan establecer allí, y empresas chinas se puedan establecer en nuestro país.

Más allá de la polémica conversación entre Xi Jinping y Justin Trudeau sobre la filtración a la prensa por parte del primer ministro canadiense del contenido de la reunión que mantuvieron ambos, y que terminó con un apretón de manos, se dieron otros momentos destacados que conciernen a China. 

El primero es el acuerdo de divisas préstamo de 5.000 millones de dólares entre China y Argentina, para ampliar el fondo de reserva argentino. Después el intento de entrevista entre Rishi Sunak y Xi Jinping, que no se llevó a cabo por falta de tiempo. Ya es positivo que quisieran verse, a pesar de las tensas relaciones entre Londres y Pekín. También se buscó reforzar la relación con Italia en el encuentro con Giorgia Meloni.

Otro de los momentos destacados fue el inicio de deshielo entre Australia y China. Sí, en Bali vimos a Xi Jinping y a Anthony Albanese dándose la mano, después de años de frías relaciones diplomáticas. Los dos dirigentes definieron su conversación como cálida y constructiva. No podemos tampoco afirmar que se trate de el inicio de una gran amistad, pero sí que se ha dado un paso sustancial.

Finalmente, los llamados diálogos Wang-Wong, entre los ministros de Exteriores de Australia, Penny Wong, y China, Wang Yi, han dado sus frutos. Aún queda mucho por recorrer, y seguramente será a medio plazo cuando podamos ver algún fruto. 

La cumbre de Bali ha demostrado que estamos a las puertas de un cambio de paradigma en los equilibrios de poder»

En conclusión, la cumbre de Bali ha demostrado que a pesar de la retórica de la amenaza china, los hechos apuntan en dirección contraria. Los principales actores, a pesar de sus discrepancias, han buscado vínculos económicos con China. El hecho que Xi Jinping estuviera constantemente reunido con líderes africanos y europeos, junto a la entrevista con Biden, nada más empezar y que se extendió hasta tres horas, es la demostración de que estamos a las puertas de un cambio de paradigma en los equilibrios de poder. 

También hemos visto cordialidad entre Xi Jinping y el surcoreano Yoon Suk-yeol con un acercamiento en sus posicionamientos comunes sobre la península coreana. Como también con Sudáfrica y Senegal. En el caso de Senegal, el encuentro de Xi y Macky Sall consolidó el apoyo de China a la Unión Africana, y promesas de inversiones en infraestructuras, importación agrícola senegalesa a China, el refuerzo del Foro de Cooperación China-África, y mejoras en la conservación del agua, educación, atención médica y lucha contra diferentes pandemias. Es decir, la cumbre de Bali no solamente ha servido para avanzar hacia posiciones conjuntas, sino también para incrementar el nexo China-África. 

Se han notado cambios en la retórica del Ministerio chino de Asuntos Exteriores, y en la retórica de los otros agentes diplomáticos. Este año se cumplen 50 años de las relaciones diplomáticas entre Japón y la República Popular de China. En Bangkok se han visto Xi y Fumio Kishida. Quizás era la reunión más esperada después de la que mantuvieron Xi y Biden. Tendremos que estar atentos, y sobre todo seguir los pasos del ministro y consejero del Estado, Wang Yi, que lleva desde 2013 al frente de la diplomacia china. 


Guillem Pursals es politólogo, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.