Conservador para los sectores progresistas, progresista para los sectores inmovilistas. La luz de uno de los grandes teólogos del siglo XX se ha apagado a los 95 años. Una de sus principales preocupaciones fue la de dar respuesta a los problemas actuales a través de la reflexión y la hermenéutica o interpretación de los textos eclesiásticos y las Escrituras. Es por este motivo que encontramos en Benedicto XVI una figura polémica para algunos, pero docta y recta defensora del Concilio Vaticano II y sus reformas. No fue más estricto que Francisco I, ni más flexible que Juan Pablo II, pues su obra reflexiva abrió las puertas a renovar la vigencia de las enseñanzas de los santos a nuestros días. 

Uno de los primeros escritos de Joseph Ratzinger como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe está fechado el 27 de marzo de 1982, en una carta dirigida a monseñor Clark, obispo de Anglia Oriental, donde expresa que la buena obra de la Comisión Internacional Anglicana – Católica Romana, y sus deseos de encuentro con la comunión Anglicana, a pesar de discrepancias irreconciliables. Fue en este cargo donde se dio a conocer como teólogo, y a pesar de que muchas veces se le ha achacado de ser reaccionario al Concilio Vaticano II, en sus escritos se demuestra que no es así. En su carta de 1983 sobre el ministro de la Eucaristía, basa su posicionamiento en el ministerio sacerdotal conciliar. Como también su instrucción sobre la libertad cristiana y liberación, de 1986, donde reflexiona sobre el papel de la Iglesia, y los conceptos de libertad y dignidad. 

Criticó la Teología de la Liberación por su deriva marxista, su subversión y su terrenidad»

Pero este período no está exento de cierta polémica para algunos. En 1984 escribió una instrucción sobre la llamada Teología de la Liberación donde fue fuertemente criticada por su deriva marxista, su subversión y su terrenidad. Al mismo tiempo que achacaba contra los «teólogos de la liberación» que tenían una concepción clasista y una relativa defensa de la verdad, pues solo consideraban verdad si coincidía con lo que ellos defendían, o provenía de afines. En 1986 escribió la Carta a los obispos de la iglesia católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales. En este escrito, que busca dar respuesta a los debates de entonces, critica fuertemente la homosexualidad, donde la define como objetivamente desordenada, y un comportamiento intrínsecamente malo. Pero al mismo tiempo, pide a los obispos condenar con firmeza que los homosexuales sean objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas, porque la dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, acciones y legislaciones. 

También hay escritos curiosos en su etapa como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, como la circular de 1995 sobre el uso del pan con poco gluten o sobre el uso del mosto en lugar del vino. O también sobre el compromiso y la conducta de los católicos en la vida política de 2002, donde destaca la importancia de la coherencia entre la fe y la vida, y el evangelio y la cultura, del Concilio Vaticano II. En esta nota también hace hincapié a la dignidad humana, y en la importancia de la laicidad, o esfera pública diferenciada de la esfera religiosa. Es por ello por lo que nunca se debe legislar desde la religión porque puede acabar con la libertad religiosa, ni la legislación civil debe hacerlo sobre cuestiones eclesiásticas como los sacramentos o doctrina teológica. 

En 2005 es elegido Papa, con el nombre de Benedicto XVI. Tal como dijo en una entrevista, durante el conclave pidió que eligieran a otro, y le pidió a Dios que le dejara retirar, pero Él no le escuchó. Y el nombre no fue casual, lo eligió en honor a Benedicto XV y de Benito de Nursia, el papa de la Paz y el fundador de los monasterios benedictinos.

Consideraba que había que actuar en favor de un orden justo en la sociedad, y que se debía promover el bien común a través de la acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural

Su pontificado duró ocho años, pero ha sido trascendental por sus reflexiones sobre la fe y la doctrina. Y sus tres encíclicas, escritas en 2005, 2007 y 2009, culminan su gran labor teológica para dar respuesta a los problemas del mundo actual. La primera dedicada al amor, la segunda sobre la esperanza, y la tercera sobre la justicia social en el siglo XX. Fue en esta última donde criticó el consumismo y también el actual sistema económico completamente alejado del bien común. Y consideraba que había que actuar en favor de un orden justo en la sociedad, y que se debía promover el bien común a través de la acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural.

Es durante su etapa como romano Pontífice que siempre se ha buscado la polémica en sus declaraciones. Por ejemplo, en su carta apostólica en forma motu proprio, Summorum Pontificum, se debate sobre si la misa tridentina o preconciliar, publicada en el Misal Romano de Pío V de 1570 y el de Juan XXIII en 1962, seguía siendo válido, o si lo era el de Pablo VI de 1970 post-Concilio Vaticano II.

Se tildó a Benedicto XVI como retrógrado por permitir las misas tridentinas, aunque realmente lo que afirma es que la expresión ordinaria es el Misal Romano de Pablo VI, y las misas ordinarias se deben hacer de acuerdo con el Concilio Vaticano II, aunque se puede hacer también tal como se estableció en Trento porque nunca se había prohibido. Otra polémica fue en 2006, con la conferencia en la Universidad de Ratisbona, donde se malinterpretaron sus palabras sobre el Islam cuando estaba citando a Manuel II Paleólogo, sobre las diferencias entre fe y razón. A pesar de la enorme polémica en el mundo musulmán, se disculpó por el malentendido e incluso fue invitado a rezar a la Mezquita Azul de Estambul.

Un hecho curioso sobre Benedicto XVI es que dos días (21 y 28 de diciembre de 2005) se puso el camauro, el sombrero papal de invierno hecho de lana y armiño, que no lo llevaba un papa desde Juan XXIII. Y recuperó también los zapatos rojos papales, que no se utilizaban desde los primeros meses de Juan Pablo II.

También sabemos que le gustaban mucho los gatos, como también el piano, y en especial Wolfgang Amadeus Mozart. El Concierto para Clarinete y el Quinteto con Clarinete son sus obras predilectas. Tal como describió monseñor cardenal Meisner de Colonia, Ratzinger era el Mozart de la Teología. Un hecho que su hermano, y también eclesiástico, monseñor Georg Ratzinger, recordaba entre sonrisas cuando le entrevistó Mark Freer. Cabe destacar además, que durante su papado se creó el perfil de Twitter @Pontifex.

La figura de Benedicto XVI, monseñor Joseph Ratzinger, trasciende más allá de su obra en vida, pues influyó notoriamente en Francisco, y también lo hará en los posteriores papados. Su influencia como escritor, como teólogo, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y también como pontífice, es perenne.

A pesar de que su renuncia provocó la ira de muchos sectores inmovilistas, que vieron en Juan Pablo II la exaltación de la redención cristiana por morir en el cargo a pesar de su debilidad, Benedicto XVI nos recordó a Celestino V, que dejó de ser papa y se retiró como ermitaño. El Pontífice alemán siguió los mismos pasos que el Papa ermitaño del siglo XIII, pues se retiró cuando vio que no podía hacer frente a las obligaciones del cargo, pues no se consideraba con fuerzas de emprender la lucha contra los abusos sexuales en la Iglesia Católica, aunque los condenó, se disculpó y ordenó acabar con la impunidad. 

A pesar de que se ha promovido la idea de ser contrario o bien opuesto a Francisco, hay mucho en común entre ellos»

A pesar de que se ha promovido la idea de ser contrario o bien opuesto al Papa Francisco, si profundizamos en muchos aspectos vemos que hay mucho en común, incluso uno de sus referentes San Buenaventura de Fidanza, fue franciscano y Ministro General de los Franciscanos diecisiete años. Y al mismo tiempo, también ha criticado la corrupción política, como también el maltrato animal en algunos escritos.

En conclusión, su figura como teólogo, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Pontífice, es y será de especial trascendencia. Sus aportes interpretativos al Concilio Vaticano II han definido algunas de las líneas maestras de la Iglesia Católica, como también como proceder en algunos asuntos. 


Guillem Pursals es doctorando en Derecho, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.