El problema de politizar un país entero es que, cuando sucede una tragedia, se invierte más tiempo en la búsqueda de culpables que en el análisis de las causas y el desarrollo de soluciones. ¿Cómo se debe actuar para que las frecuentes gotas frías que sufre el Levante español no vuelvan a ocasionar decenas de víctimas, como sucedió el 29 de octubre de 2024? Es una gran pregunta. Las tormentas no pueden evitarse, pero sí que es posible aminorar sus efectos. Por desgracia, existe mucha más información sobre la comida que mantuvo el incompetente de Carlos Mazón ese día, en el restaurante El Ventorro, que sobre las estrategias que se van a desplegar para mejorar la situación.

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Desconozco si alguien ha reflexionado sobre la figura de Maribel Villaplana, que simplemente pasaba por allí, pero a la que han destrozado la vida. O casi. ¿Qué se supone que hizo mal? ¿Comer con el presidente de la Comunidad Valenciana? El afán de politizar esta cuestión ha provocado que en las hemerotecas haya más referencias a esta señora que a las infraestructuras hídricas.

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En las mesas de análisis de RTVE se sentaba este lunes algún contertulio que apelaba a evitar la tentación de utilizar este accidente con fines electoralistas. Tenía toda la razón. Habría que preguntarse el porqué no aplicó el mismo criterio en marzo de 2025, cuando la televisión pública emitió un bochornoso documental titulado 7.291, que versaba sobre las personas que fallecieron en los geriátricos madrileños durante la pandemia.

La exhibición de ese reportaje coincidió con el quinto aniversario de la declaración del estado de alarma. Se estima que murieron 30.000 ancianos en las residencias de toda España durante ese tiempo y que Castilla y León -- comunidad envejecida -- fue donde se produjo el ratio más elevado de decesos por habitante. ¿Por qué se centró entonces el tiro en Madrid? La respuesta es evidente: es política. Una de las contertulias de La 1 que despreciaba el lunes a quienes intentaban sacar provecho político de la tragedia, llegó a publicar fotografías en sus redes sociales en las que aparecía con el lema 7.291. Eso también es hacer política.

"La cosa está calentita"

También lo fue el mensaje que publicó en sus redes sociales cierto ministro el pasado verano, mientras ardían cientos de hectáreas en media España. "En CyL la cosa está calentita", escribió, mientras los contertulios que el lunes pedían calma y decencia se quejaban porque el consejero Juan Carlos Suárez-Quiñones había llegado tarde a León. Una vez más, el pimpampum político opacó el debate sobre las verdaderas causas del fuego y la forma de paliar sus efectos en el futuro.

El propio presidente del Gobierno, en un ejercicio de oportunismo proverbial, anunció que presentaría un pacto de Estado sobre el cambio climático para reducir el riesgo de incendios en el futuro. Evidentemente, era una medida para arrinconar a la oposición, no para solucionar la cuestión.

Llegado enero de 2026, encontramos decenas de fallecidos y otros tantos heridos en Adamuz (Córdoba) como consecuencia del choque entre dos trenes, posterior al descarrilamiento de uno de ellos. Hay quien ya se ha apresurado a repartir culpas antes incluso de que los equipos de rescate terminen de trabajar sobre el terreno.

Con elecciones en varias autonomías a la vuelta de la esquina, es evidente que este tema se convertirá en un arma arrojadiza. No sería la primera vez. ¿Alguien recuerda el día en que Yolanda Díaz se fue a una playa gallega, antes de los comicios regionales de 2024, para intentar 'hacer un Prestige' con la estupidez de los pellets de plástico?

Los problemas del tren

A falta de investigar las causas del accidente, y más allá de este suceso, quizás podría decirse que lo relevante es saber si volverá a suceder y si los crecientes problemas técnicos que se registran en la red ferroviaria española van a generar tan sólo retrasos en las llegadas o quizás más descarrilamientos en el futuro.

¿Tiene que ver esto con la liberalización ferroviaria y el mayor uso de la vía? ¿Se invierte lo suficiente en el mantenimiento de vías y carreteras? ¿Cuánta razón tienen los sindicatos de maquinistas al advertir de que el mal estado de la catenaria pone en peligro la circulación? ¿Se tomaron en serio las incidencias previas reportadas en esa zona de la línea férrea?

Y más allá de eso, una cuestión de fondo: ¿Acaso ha sido la insoportable política partidista la que llevó a apostar por un modelo de alta velocidad, y 4.000 kilómetros de vías, que son muy difíciles y costosos de mantener?

Sería injusto -- o incompleto -- culpar a los socialistas en exclusiva de esta cuestión porque aquí han participado varios partidos. También las empresas. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha impuesto multas de decenas de millones de euros a varios de los principales contratistas del Estado por amañar durante muchos años contratos para el desarrollo de la infraestructura ferroviaria. Ahí están Cobra, Siemens, Nokia, Alstom, Thales, Bombardier, Elecnor, Indra, Isolux, Telice... Adif tuvo que reaccionar e introducir una cláusula anti-fraude en los contratos para disuadir a los adjudicatarios de estas prácticas.

Sobra decir que cuando la competencia de un mercado está torpedeada por corruptelas varias, los servicios se resienten y los ciudadanos que pagan, lo pagan.

Aquí parece evidente que el término 'milagro' le viene grande al desarrollo de la alta velocidad, pese al evidente mérito que se le puede atribuir. Pero en este caso sucede como con aquello de "la mejor sanidad del mundo" o "la ciudad de moda": fueron buenos eslóganes electorales, pero a lo mejor en la España de 2026 no se corresponden con la realidad.

Eso no quiere decir que todo vaya mal en este país, pero a lo mejor hay cosas que ya no marchan igual de bien... o no tan bien. Lo suyo sería analizarlo de forma honesta, sin recurrir a eslóganes que no son ciertos, como el que afirma que "nos encontramos ante la edad de oro del tren en España". ¿Por qué cada vez son más frecuentes los incidentes en la vía? ¿Por qué nos quedamos un día entero sin luz? ¿Por qué la respuesta fue tan tardía durante la DANA de Valencia?

Llama la atención que quienes hicieron todo lo posible porque estos debates, en el pasado, no se plantearan de forma seria y constructiva, este lunes hayan apelado a 'no politizar la tragedia'. Es una apelación directa a ley del embudo, lo cual es de suponer que cuele en los fácilmente impresionables, pero suena a tomadura de pelo para quienes les conocen.