Apareció Fernando Grande-Marlaska el lunes en los medios de comunicación para avisar de que el Ministerio del Interior “monitoreará” las redes sociales para evitar que las campañas de desinformación confundan a la población sobre las causas del accidente de Adamuz. Lo hizo mientras Pedro Sánchez animaba a los ciudadanos a que se informaran mediante las fuentes oficiales para evitar ser víctimas de los bulos porque, ya se sabe, suelen originarse en territorios tóxicos en los que no abundan las buenas intenciones, que son todos aquellos donde él no llega.

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Por lo que fuera o por lo que fuese, mientras el ministro y sus brigadas digitales vigilaban a los pirómanos de internet, se les escapó una filtración. ¡Y qué filtración! ¡Una filtración de narices! Fue uno de esos documentos que es imposible saber de dónde salen – ¿de dónde puede salir algo así? –, pero que terminan en la prensa y ayudan a sembrar la confusión entre el personal e incluso a gobernar ‘el relato’. Ya saben.

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Lo que difundió eldiario.es fue la conversación de la caja negra del tren Iryo, que incluía dos llamadas entre el maquinista y el operador del centro de mando de Adif en Atocha. La exclusiva es muy valiosa, pero a lo mejor el ciudadano que la escuchó no fue capaz de interpretar lo que allí sucedía o se vio tentado a sacar conclusiones arriesgadas o directamente equivocadas. Por ejemplo, que el Iryo había descarrilado unos minutos antes del choque con el Alvia; o que los conversantes no se enteraban de lo que hacían; o no le ponían muchas ganas, pese a la gravedad de la situación. ¿Con qué intención se filtró ese documento? ¿Y quién lo hizo? ¿Quién será? ¿Quién? 

Al Sindicato de Circulación Ferroviaria (SCF) no le sentó del todo bien esta revelación y a las pocas horas anunció su intención de “iniciar acciones penales contra los responsables de dicha filtración”, que no sólo era “sesgada” y contribuía a “poner en entredicho” la actuación profesional del maquinista y del centro de mando, sino que también podía torpedear la investigación. Cabe repetir la anterior pregunta: ¿Quién pudo filtrar eso y qué interés tenía en sembrar la duda sobre estas personas? ¿Quién puede ser?

Dos maquinistas

Fuera quien fuese, no tuvo en cuenta la reacción de los maquinistas o no le importó lo más mínimo, pese al fallecimiento del que conducía el Alvia el pasado domingo y el de otro compañero, en un desgraciado accidente de Rodalies en la misma tarde-noche del martes. Digamos que el filtrador fue torpe o estuvo movido por unas malas intenciones bastante definitorias, nunca atribuibles, por ejemplo, al Gobierno de España, que desde un primer momento apeló a jugar limpio, a que las administraciones colaboraran sobre el terreno y a que no se politizara lo que había sucedido.

Esos llamamientos a la calma, la paz y la palabra no surtieron mucho efecto sobre los ‘conductores’ de ferrocarriles. El propio Óscar Puente advertía, en una entrevista, del incremento inusitado de los avisos de incidencias en las vías de alta velocidad, durante los primeros días, tras el accidente. Llamaba a guardar la calma y a confiar, mientras Adif anunciaba la reducción de la velocidad en varios puntos de la red de alta velocidad, luego rectificaba y, al final, volvía a anunciar que aplicaría la prudencia y reduciría el ritmo de los trenes de 250 a 160 kilómetros por hora. Todo va bien, pero a la vez se transmite lo contrario y lo anterior.

Podría decirse que ha sucedido como con el apagón: ambas circunstancias se han producido por una anomalía extraordinaria en las infraestructuras, casi inexplicable e incluso barnizada con elementos mágicos, pero al día siguiente de las mismas se realizan correcciones significativas. En abril, entraron en escena los ‘ciclos combinados’ para evitar que el sistema eléctrico no se cayera de nuevo. Ahora, se decide reducir la velocidad en tramos que, de repente, son complejos, pero en los que se anunció hace unas semanas que los trenes podrían rodar a 350 kilómetros por hora, como en la China popular.

Mientras, se anuncia una investigación que puede ser larga… muy larga, incluso eterna si es necesario. La del tren que descarriló en el túnel, en octubre de 2024, en el túnel que separa Atocha y Chamartín (108/2024) todavía no se ha cerrado. Las cosas llevan su tiempo.

Su instructor es el Comité de Investigación de Accidentes Ferroviarios, que también se empleará en Córdoba para averiguar qué llevó al accidente del 18 de enero. Según se ha dicho estos días, será fundamental para averiguar las causas del suceso el bogie del tren Iryo que se había desprendido. Este asunto tiene cierta enjundia.

El bogie aparecido

Desde Renfe, se había asegurado el lunes por la mañana que estaban a la búsqueda de ese fragmento por su relevancia dentro de la investigación. A partir de ahí, se publicaron varias piezas en la prensa en las que se dieron todo tipo de explicaciones de lo que es un bogie, sin que se aclarara si alguien lo había encontrado. Pues bien, The New York Times difundió este miércoles una fotografía en la que aparecía la pieza en un arroyo, a 270 metros de uno de los trenes y en una zona sin acordonar.

¿Sabía el Gobierno que estaba allí? Es una gran pregunta. Óscar Puente intervenía hace unas horas en el programa de Javier Ruiz y aseguraba que por supuesto; y que el mismo lunes por la mañana la habían localizado tras un vuelo de drones. Pese a todo, estaba allí, en el charco, sin acordonar. Por fortuna, no es de cobre. Ya saben.

Son más de 40 víctimas y unos cuantos heridos más los que ha provocado este triste suceso. Como decía Puente en la rueda de prensa que convocó el miércoles por la tarde, sería irrespetuoso para los afectados y para sus familiares sacar conclusiones precipitadas o establecer culpables. Incluso apuntar a unos y a otros mediante filtraciones a la prensa afín. Digamos que todo está en fase de investigación y sólo queda esperar.

Las ruedas cuadradas

Otra cosa es que se puedan evaluar ciertas actuaciones o declaraciones. No digo ya la de la contertulia a la que recurría La 1 este martes, que definía como “cuadrados” los rodamientos de los trenes; o la de el sinfín de expertos que han desfilado por las televisiones, mientras José Zaragoza recordaba el Prestige y el Yak42; y Gabriel Rufián insultaba en sus redes a unos y a otros, demostrando una vez más que las neuronas no ensanchan, al contrario que el tejido adiposo de los diputados sin fuerza motriz.

Mención especial merecen las declaraciones del ministro sobre los “pecados de juventud” del material ferroviario – el tecnicismo que despista – o sobre el “estado anímico” de los maquinistas tras ver morir a dos compañeros y mientras le anunciaban una huelga. ¿De veras no dedujo que suponía meterse en un charco más ancho que aquel donde estaba el bogie?

Sobra decir que el ministro no tiene la culpa del accidente y que el déficit de inversión en infraestructuras que arrastra el país no es culpa exclusiva de los socialistas, como tampoco la conformación de cárteles ferroviarios -- que amañaron contratos por cientos de millones de euros -- o la preponderancia del electoralismo sobre la racionalidad a la hora de planificar casi cualquier cosa en el país (y esto ya se vio con los planes MINER).

Aquí se vive como se vive… y se piensa como se piensa. Eso tiene aspectos positivos, pero también algunos insoportables. Aquí se priorizan las inauguraciones sobre el mantenimiento de las infraestructuras porque todo el mundo quiere que su pueblo tenga más cosas que el de al lado, aunque el resultado conjunto sea innecesario e inviable. Aquí también se habla de la poca seriedad y preparación de los dirigentes, mientras la mediocridad cada vez es mayor en cada ventanilla y en cada taller; y mientras casi cualquiera con mando en plaza también enchufaría a su sobrina en Adif si tuviera la posibilidad.

Así que en estos casos siempre se reparten más culpas que apelaciones a la autocrítica, mientras las soluciones nunca llegan porque nadie las reclama ni se acuerda de ellas. Ha sido francamente positiva la idea de Puente de ofrecer una rueda de prensa técnica y extensa el miércoles tras sus patinazos anteriores, pero mucho me temo que, tras las filtraciones aparecidas en los medios, aquí, una vez más, va de ganar tiempo y ver qué pasa, mientras se recuerdan los patinazos pasados del contrario. Que los hay. Y burdos.