Opinión

Bárcenas centra su relato en señalar a Rajoy como inspirador de la Kitchen

El extesorero del PP, Luis Bárcenas, este lunes a su llegada a la Audiencia Nacional.
El extesorero del PP, Luis Bárcenas, este lunes a su llegada a la Audiencia Nacional. | Alberto Ortega / Europa Press

Luis Bárcenas se mantiene en forma, como si los trece años que han pasado desde que se pusiera en marcha la Operación Kitchen –y los más de ocho años que pasó en prisión– no hubieran hecho mella en él. Bien vestido, traje gris, corbata, pañuelo blanco, ha mantenido el tipo durante su larguísima declaración. La presidenta del tribunal, Teresa Palacios, le dio la opción de tomar un descanso cuando se acercaban las dos de la tarde, pero él dijo que prefería seguir: tan sólo una vez pidió salir de la sala para ir al servicio ("cosas de la edad", bromeó).

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El relato del ex tesorero del PP suena bien, incluso coherente. El problema es que ha cambiado de versión varias veces y en todas ellas lo hizo con similar convicción. ¿Está diciendo ahora la verdad? Él mismo ha justificado sus cambios de relato en función de sus intereses procesales o incluso de los pactos que negoció en diversos momentos con la cúpula del PP. Por eso ahora no sabemos si dice la verdad o tiene otros móviles, como el ánimo de venganza.

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En resumen, lo que ha declarado Bárcenas es que él tenía grabadas tres conversaciones (una narración suya de hechos, sin interlocutor; una segunda, con Javier Arenas en un restaurante de Sevilla, y una tercera con Mariano Rajoy en su despacho). Esas tres conversaciones las traspasó a un pendrive que tenía guardado en su casa y que luego llevó al estudio que tenía su esposa en la calle General Díaz Porlier, donde su chófer también había llevado documentación que tenía en su despacho de la calle Génova. Ese pendrive desapareció, junto con la documentación. Se supone que robado por algún policía o por su chófer, Sergio Ríos, supuesto topo de la trama policial y que, a causa del mote que le puso Villarejo –le llamaba el cocinero–, dio nombre a esta operación.

Lo más importante de ese material era que la conversación con Rajoy –recordemos que en 2013 era presidente del PP y presidente del Gobierno– se produce cuando él le entrega un documento con la "contabilidad extracontable" del partido –es decir, los ingresos en B y quiénes del partido recibían sobres– y que acto seguido fue destruido por su interlocutor. Si eso fuera cierto, se demostraría que Rajoy, que tiene que declarar el próximo jueves como testigo, conocía la contabilidad B del partido y que, además, hizo desaparecer una prueba del posible delito.

Aunque en este proceso no se juzga la financiación irregular del PP, el testimonio del ex tesorero del partido pone a los pies de los caballos a su antiguo jefe, aquel que le exhortó en un mensaje de móvil: "Luis, se fuerte".

La historia no termina ahí. Resulta que Bárcenas, además de en el pendrive, tenía esa conversación guardada en la nube. La pistola humeante no había desaparecido. ¿Qué ocurrió entonces? Que estando en la prisión de Soto del Real le pidió a un preso experto en informática –Isidro Sánchez– que hiciera desaparecer ese archivo, porque, según su versión, ese era el compromiso al que había llegado, se supone que con algún interlocutor del PP. Por hacer el trabajo Bárcenas afirma haberle pagado 4.500 euros al preso. Anteriormente había declarado que fueron mil, y luego cambió por dos mil... En fin, que ese extremo no ha quedado claro. El caso es que el propio preso, que declaró la semana pasada, ha dicho que nunca llegó a cumplir su misión, entre otras cosas porque el que le tenía que dar el dinero se quedó con él.

La conversación con Rajoy en la que se demostraría que estaba al tanto de la caja B del partido sólo existe en una memoria, la de Bárcenas

El caso es que no hay pistola humeante. La conversación con Rajoy sólo existe en una memoria, la de Bárcenas. No hay ninguna prueba de que haya existido alguna vez ni de que fuera robada del taller de su esposa.

En este juicio se sientan en el banquillo de los acusados, entre otros, el ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y su número dos, Francisco Martínez. Ellos habrían sido, presuntamente, los responsables de una trama que consistía en espiar a Bárcenas y sustraerle el material incriminatorio que pudiera tener contra el presidente del Gobierno. Pero Bárcenas prácticamente ni les ha mencionado. Se ha encargado desde el primer momento de resaltar que esa supuesta operación "se inicia por responsables del partido" y que luego se traslada al Ministerio del Interior, "pero empieza en el partido".

María Dolores de Cospedal, en la época que se investiga, era secretaria general del PP, y fue muy beligerante con el tesorero, sobre todo a partir de que se descubriera que tenía una fortuna (47 millones de euros) en bancos en Suiza. Cospedal fue su pesadilla. Si la operación, según Bárcenas, se inició por responsables del partido, éstos no podían ser otros que Cospedal y Rajoy.

Aunque ni Cospedal ni Rajoy han sido procesados por la Operación Kitchen, Bárcenas parece decidido a pasarles factura por no haberle protegido en su momento. Una venganza que penalmente no tendrá recorrido, pero que al ex tesorero parece compensarle por todo lo que él ha sufrido.

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