Hace algún tiempo, hablar con un preso era toda una hazaña. Ahora, los reos corruptos (presuntos) salen en la tele. José Luis Ábalos declaró este viernes en el programa de TVE Mañaneros, que ha venido defendiendo a capa y espada la inocencia de Zapatero, que él no tuvo nada que ver en el rescate de Plus Ultra. Es más, ha acusado al ex presidente de haberle "puenteado". El ex ministro de Transportes dijo que él se enteró de esa operación en el Consejo de Ministros -siendo el ministro del ramo- y que advirtió a Pedro Sánchez de que Plus Ultra "no era una compañía consolidada", con lo que no sólo ha afeado a Zapatero su comportamiento como comisionista ventajista, sino que ha señalado al presidente por un rescate hecho a toda prisa y bajo sospecha desde el primer momento.
Ábalos, es normal, sangra por la herida. Su partido le instó a dejar el acta de diputado cuando se detuvo a su asistente Koldo García. Él todavía no estaba ni imputado, pero la dirección del PSOE justificó el repudio por su responsabilidad in vigilando. Con Santos Cerdán el partido también le exigió que entregara su acta cuando se conoció el demoledor informe de la UCO. Ábalos, harto de tanta ignominia, ha decidido denunciar la doble vara de medir de su partido. ¿Por qué a Zapatero se le protege y a mí no?, se pregunta. Si Ábalos no lo sabe, es que o es un ingenuo o está fingiendo.
Zapatero es para el PSOE mucho más que un ex presidente. Representa la esencia del nuevo partido que sustituyó al de Felipe González y Alfonso Guerra. El partido que lidera desde 2017 Pedro Sánchez ha heredado de Zapatero el populismo más ramplón y, lo que es peor, la política de división de España entre rojos y fachas.
El ex presidente abrió la puerta a que los soberanistas reclamasen la independencia al prometer que respetaría "lo que se votase en el Parlamento de Cataluña". También alentó el sectarismo y la división del país con su ley de memoria democrática. Por eso a nadie le extrañó que fuera él el que participase en las negociaciones con los independentistas catalanes para que apoyaran a Sánchez en el Congreso.
Su papel se reforzó a partir de 2021, cuando dos de sus peones (Óscar López y Antonio Hernando) se situaron en Moncloa como guardia pretoriana de Sánchez.
Su figura como referente ideológico no sólo del PSOE sino de toda la izquierda se cimentaba en una imagen de hombre incorruptible, hasta desapegado del dinero.
La diferencia entre Ábalos y Zapatero es que si el expresidente cae arrastra a todo el partido con él
Ese cliché comenzó a resquebrajarse a raíz de su participación como mediador de la dictadura chavista. En principio, su labor era la de hombre bueno que perseguía la liberación de los presos políticos. Pero, como bien se han encargado de denunciar tanto la oposición venezolana como recientemente el ex diputado del PNV Iñaki Anasagasti, esa no era más que la envoltura que ocultaba su rol como comisionista sin escrúpulos.
Zapatero sabía desde hace meses que la investigación de Plus Ultra terminaría por alcanzarle. Como operación de control de daños, acudió a una larga comparecencia en la Comisión de Investigación del Senado. También le dio una entrevista a Carlos Alsina en Onda Cero. En ambas mintió descaradamente.
Sus mentiras le sirvieron para dar argumentos a los que dentro de su partido veían en Plus Ultra "una cacería" de la derecha, con la participación de policías, fiscales y jueces. Le sirvió hasta el punto de que el PSOE de Andalucía le exhibió en los mítines de campaña junto a María Jesús Montero como si fuera Pablo Iglesias redivivo. Es verdad que de poco sirvió.
El ex presidente, me cuentan fuentes cercanas, defiende su inocencia a pesar del auto-bomba de Calama. "Puedo demostrar que no hay nada", afirma. "Lo tengo todo declarado, no hay nada ilegal", se empeña. Incluso, ante los más escépticos insiste en que cuando llegue el momento se verá que todo es un montaje, que todo es falso. Una de mis fuentes le compara con el marido pillado in fraganti en un renuncio: "Esto no es lo que parece".
Tiene que aferrarse a su inocencia porque con él no sólo se hunde su prestigio personal, sino que, con su caída, se llevaría por delante a su partido.
Sánchez, por su lado, sigue manteniendo el apoyo al ex presidente, pero ahora con menos ardor que en las primeras horas. ¿Se hundirá con él o se desenganchará oportunamente como ya hizo con Ábalos o Cerdán? El presidente no es hombre con tendencias suicidas, así que más temprano que tarde empezará a tomar distancia del "pana" Zapatero.
Si ya había motivos más que sobrados para no alargar más una legislatura que lleva muerta muchos meses, ahora, tras la imputación de Zapatero, y con una pieza secreta abierta que pude dejar en un chiste lo que conocemos hasta ahora, lo más sensato sería que se disolvieran las Cortes y que los españoles decidiéramos democráticamente quién debe gobernarnos.
Cuando en un país hasta un corrupto (presunto) te saca los colores desde la cárcel, es el momento de salir corriendo. O de decir ¡basta!
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