Opinión

Feijóo no debería confiar en que la burguesía le ayude con la moción de censura

Alberto Núñez Feijóo, en el Cercle d'Economía en Barcelona.
Alberto Núñez Feijóo, en el Cercle d'Economía en Barcelona. | EUROPA PRESS

Feijóo acudió este martes a la 41ª Reunión Anual del Cercle d'Economía en Barcelona. Allí estaba una representación nutrida de eso que se llama la 'burguesía catalana', empresarios de tradición, pesos pesados de la economía, con un indudable peso en el devenir político de Cataluña. Esa burguesía y su pacto con el PSC/PSOE fue la que paró la OPA del BBVA al Banco de Sabadell. Ni la potencia del banco multinacional con sede en Bilbao, ni siquiera el asesoramiento de José Blanco sirvieron para doblegar una voluntad en la que coinciden todos los que ven a Cataluña como una nación.

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La derrota de esa OPA, probablemente mal planeada, tiene un significado mayor del meramente económico. Fue el triunfo del sentimiento nacional por encima del cálculo financiero. Un rechazo que contó con esa mayoría de burgueses que este martes se sentaron para escuchar al líder del PP, y de su alianza con Salvador Illa, líder del PSC y socio de los republicanos de ERC. Como se ve, hay algo que supera la lucha de clases, que es el sentimiento de nación.

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Feijóo llegó a Barcelona un día después de haber propuesto en Telecinco una moción de censura "instrumental" apoyada por todos los que dicen que hay que convocar elecciones ya: PP, Vox, PNV, Junts, UPN y Coalición Canaria. Total, 184 votos. Si saliera adelante, el gobierno presidido por él, afirmó, sólo tomaría una medida: la convocatoria de elecciones. No haría falta que Vox estuviera en el Consejo de Ministros; lo dijo Feijóo como dando argumentos a Junts y al PNV para subirse al carro.

Hábiles los de Junts se han apresurado a invitar al líder del PP a Waterloo para que negocie en su chalé con Puigdemont el posible apoyo nacionalista a la moción. A sabiendas de que, en ninguna circunstancia, Feijóo podría prestarse a tal humillación.

Este postureo en torno a una hipotética moción de censura coincide con el octavo aniversario de la moción que derribó a Mariano Rajoy y llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa.

La excusa de aquella moción fue la sentencia de la Audiencia Nacional sobre la Gürtel. Escuchar de nuevo el discurso de José Luis Ábalos en el Congreso teorizando sobre la necesidad de limpiar la vida pública española provoca sonrojo. El error es pensar que los partidos nacionalistas e independentistas dieron la espalda a Rajoy por la corrupción. No. El PNV no cambió de opinión en cuatro días -de apoyar los presupuestos pasó a derribar al gobierno- por la sentencia de la Audiencia Nacional. Lo hizo por puro interés. Todos, desde Podemos a ERC, pasando por Bildu, vieron en la moción la oportunidad de conseguir nuevas prebendas con un gobierno débil que sabían les iba a necesitar durante mucho tiempo.

Si alguien cree que Junts o el PNV van a dejar caer a Sánchez por la corrupción, va listo. Junts y el PNV irán con la chequera por delante; o con reivindicaciones que tienen que ver con dar pasos hacia la independencia de Cataluña y el País Vasco.

¿Qué preocupa más en Cataluña: la corrupción o que salga adelante el nuevo modelo de financiación?

La burguesía catalana, al menos una inmensa mayoría, supo durante décadas que la familia Pujol trincaba y no hizo nada para impedirlo. Cuando Maragall denunció el 3% en el Parlament, muchos empresarios se echaron las manos a la cabeza, pero no porque no lo supieran, sino porque a partir de entonces lo supo todo el mundo.

Esa misma burguesía apoyó a los nacionalistas hasta que comprobó que Puigdemont había ido demasiado lejos. Pero muchos de esos burgueses siguen votando a Junts e incluso hay quien vota a ERC, no digamos al PSC. Por no hablar de los ricos de Neguri que tienen la bandera del PNV colgada en su caserío.

La mayoría de los burgueses catalanes, gente educada y culta, no piensa en España como nación. Sólo quieren que le vaya bien a España porque con ello se beneficia Cataluña. Un ejemplo es lo que este martes le planteó la presidenta del Cercle a Feijóo. Teresa García-Milá pidió al líder del PP que apoye sin remilgos el nuevo modelo de financiación. Sí, ese negociado por ERC y el gobierno como condición para que los republicanos sigan apoyando a Sánchez pase lo que pase.

Además de venirle muy bien a Cataluña, el nuevo modelo de financiación -que lleva la firma de la derrotada en Andalucía María Jesús Montero- tiene un defecto de origen. Se negoció bilateralmente, al margen del resto de las autonomías. Quiere esto decir que esa burguesía, al menos una mayoría, quiere para Cataluña ese trato diferencial, como que nos hacen un favor a todos no yéndose de España y eso, claro, tiene un precio.

No habrá moción de censura a no ser que Feijóo esté dispuesto a darle a los nacionalistas algo más que lo que ya les da Sánchez. El problema es que si lo hiciera podría dejarle el terreno expedito a Vox para ganar las elecciones. Además de haber traicionado a muchos de los que se han creído su promesa de cambio profundo.

Los gobiernos se ganan en las urnas. La moción de censura sólo fue, hasta la de 2018, un arma para desgastar al gobierno. El triunfo de aquella moción fue el comienzo del periodo más oscuro de nuestra democracia, porque Sánchez entendió desde el primer momento que sólo se mantendría en el poder siempre y cuando diera buenos alimentos a sus socios. La limpieza del país es algo que sólo atañe a los barrenderos.

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