Opinión

Puigdemont, el regreso

Carles Puigdemont, en su regreso a Barcelona en 2024.
Carles Puigdemont, en su regreso a Barcelona en 2024. | David Zorrakino / Europa Press

Hace algunos años, la vuelta de Puigdemont, tras huir de España escondido en el maletero de un coche, era un asunto importante. Hasta el extremo de que Pedro Sánchez, con la inestimable colaboración del caído Santos Cerdán, llegó a un pacto que suponía el apoyo parlamentario de Junts a su investidura a cambio de la amnistía.

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Ahora no diré que sea un asunto menor, pero no competiría en ninguna portada (excepto tal vez la de algún medio catalán) con la revelación del origen de las joyas encontradas en la caja fuerte de Zapatero, o con la imputación del PSOE como colaborador en la trama de las cloacas. Puigdemont, él lo sabe, ya no es el centro de todo. Más aún cuando las encuestas en Cataluña ya dan a Aliança Catalana por encima de Junts.

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Se quejaba ayer Gonzalo Boye –y en esto no le falta razón– en un artículo en Elnacional.cat de que el gobierno ha instrumentalizado al Tribunal Constitucional para retrasar la decisión sobre el recurso de amparo que planteó su cliente hace dos años. Digo que puede tener razón porque si Puigdemont vuelve, al Gobierno se le acaba la razón de ser de su pacto. La función de Conde-Pumpido queda reducida, según esa interpretación, a la de mero instrumento del Gobierno en la gestión de los tiempos políticos.

Es un coñazo, lo sé, volver a hablar de Puigdemont. Pero ahora hay que hacerlo porque el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) decidirá el próximo jueves sobre la ley de amnistía. En concreto sobre cuestiones prejudiciales planteadas por el Tribunal de Cuentas y por la Audiencia Nacional. Tiene que decir si la ley cumple con el marco legal comunitario en lo referente a los miembros de los CDR (Comités de Defensa de la República), procesados por terrorismo; y también sobre si el delito de malversación, apreciado por el Tribunal Supremo, afecta a los fondos europeos.

Ya el pasado mes de noviembre, el abogado general de la UE, Dean Spielmann, avaló la ley. Y aunque su criterio no es vinculante, fuentes del Supremo creen que la decisión del TJUE estará en línea con la opinión de Spielmann.

Casi con toda seguridad, el TJUE dará luz verde a la ley de amnistía, lo que provocará el alborozo del Gobierno. Su ley –esa que sirvió de precio a la investidura de Pedro Sánchez– es legal: lo ha dicho el Constitucional y ahora lo dice el TJUE.

¿Eso significará la vuelta inmediata de Puigdemont a España? Si quiere arriesgarse a ser detenido, sí. Porque el Supremo considera que la decisión del TJUE no afecta a una de las razones de exclusión que incluye la propia ley de amnistía (ley orgánica 1/2024 de 10 de junio). A saber, a la hora de aplicar la ley queda fuera de su amparo el delito de malversación cuando concurra un beneficio patrimonial personal. El segundo supuesto de exclusión es cuando el desvío de fondos va contra los intereses financieros de la UE, y este supuesto quedará respaldado por el TEJUE.

Aunque el TJUE de luz verde a la ley de amnistía, el ex 'president' no podrá volver hasta que decida sobre su recurso el Constitucional. En realidad, su regreso le interesa cada vez a menos gente

Según el Supremo, los líderes del procés utilizaron fondos públicos para la promoción de un referéndum ilegal. No es que se enriquecieran con ello, pero no pusieron dinero de su bolsillo, como sí ocurrió en el caso de los ciudadanos que aportaron donativos para tal fin. Ellos –los líderes del procés– impulsaron un movimiento ciudadano contra la legalidad, y lo hicieron con fondos públicos. De ahí la malversación. Pues bien, sobre ese aspecto no se pronunciará el TJUE, lo que permitirá al Supremo mantener viva la euroorden que implica la detención de Puigdemont si cruza la frontera. Siempre y cuando no exista un pacto para que venga y se vuelva a marchar, como ya ocurrió el 8 de agosto de 2024, cuando intervino en un mitin frente al Arco del Triunfo de Barcelona para después escaparse, a pesar del dispositivo policial montado por los Mossos, en un caso insólito de negligencia que aún se investiga penalmente.

La situación de reo en fuga del ex president sólo cambiará cuando el Tribunal Constitucional decida sobre el recurso de amparo que planteó Puigdemont y otros condenados por el procés (como el líder de ERC, Oriol Junqueras, condenado a pena de inhabilitación).

El Constitucional ha dicho que no decidirá sobre este recurso hasta el mes de octubre. Así que Puigdemont tendrá que esperar al otoño para volver.

Lo que no está claro es qué será de él cuando vuelva. ¿Quiere Junts mantenerle como líder? Ahora que el partido independentista está en una operación de cambio de imagen para que los empresarios catalanes vuelvan a darle su confianza, ¿le conviene recuperar como icono al hombre que proclamó la república catalana?

Tampoco creo que a Sílvia Orriols el regreso de Puigdemont le trastoque mucho sus planes. Su mensaje es tan independentista como el del ex president, pero con esas gotitas de xenofobia que lo hacen tan atractivo para cierto electorado.

Ni siquiera el Gobierno piensa que la vuelta de Puigdemont sirva para limar asperezas con Junts.

Tras nueve años huido de España, a Puigdemont se le ha pasado el arroz. Su tiempo se acabó. Como legado, no sólo dejará las bufonadas del 1-O y la proclamación de la efímera república catalana, sino el haber propiciado que Sánchez gobernara España durante cuatro años más. ¡Eso no tiene perdón!

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