"Hay jueces que, como mínimo, son unos descerebrados y que a veces son algo más. Yo tengo la libertad y la responsabilidad de decir que hay cosas en la justicia que no funcionan bien. Y como soy un responsable político tengo que afirmar que eso es así. Y esto que estamos viviendo como espectáculo diario tiene que parar. O estos jueces contagiarán a otros sectores de la justicia que tenemos que preservar, porque es un poder del Estado fundamental".

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Esto afirmaba un presidente del Gobierno ante las cámaras de TV3. Pero no era Pedro Sánchez. Era Felipe González, molesto especialmente con la labor de dos jueces de instrucción de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón y Javier Gómez de Liaño, en causas que afectaban a miembros de su partido. Era el 9 de abril de 1997. Y en su arenga, Felipe González también incluía un mensaje rotundo hacia los periodistas. En palabras del presidente y secretario general, existía “un sindicato de periodistas” que estaban presionando y condicionando a la justicia española, encabezados por “un canalla”, como calificaba al entonces director del periódico El Mundo, Pedro J. Ramírez. Felipe González se convertía así en el primer presidente que se ponía a la cabeza de una ofensiva contra sectores mediáticos y judiciales y, para ello, contó con la ayuda de un buen grupo de periodistas.

Pedro Sánchez se ha convertido, pues, en el mejor heredero de esa estrategia ‘felipista’, aunque el veterano Felipe González no parezca tener muchas ganas de reconocerlo.

Nadie puede negar que la carta del victimismo, de presentarse como víctimas desamparadas ante una temible conspiración o trama de acoso y derribo, la han jugado todos los políticos, y eso incluye a todos los presidentes del Gobierno de la democracia.

José María Aznar atacó sin tregua a los medios de comunicación enemigos, pero lo hacía siempre detrás de la cortina, de tapadillo. No pudo hacer una ofensiva a cara descubierta para alocuciones a su gente contra medios y jueces, más por falta de capacidad que por falta de ganas. Mariano Rajoy también intentó jugar la baza del victimismo ante los medios (“el Gürtel no es una trama del PP, es una trama contra el PP”), pero lo hizo tan mal que daba más risa que otra cosa. Lo de Felipe González tuvo mucho más arte y sofisticación. A día de hoy, Felipe González sigue a la cabeza en este tipo de prácticas. González usó esa baza argumental, que se mantuvo como eje del PSOE, no solo en su última legislatura como presidente (1993-1996), en la que se le acumularon más escándalos de corrupción, sino también durante su primera legislatura de vuelta a la oposición, entre 1996 y 2000. Pedro Sánchez se ha convertido, pues, en el mejor heredero de esa estrategia ‘felipista’, aunque el veterano Felipe González no parezca tener muchas ganas de reconocerlo.

Los soldados mediáticos de Pedro Sánchez: "¡Golpe de Estado!"

En la última jornada los ministros de Pedro Sánchez, encabezados por Óscar Puente y Óscar López, recibieron la consigna de denunciar una conspiración de jueces y periodistas contra ellos. Ahora ya sabemos que desde abril de 2024 el ‘aparato del PSOE’ pilotado por Santos Cerdán tenía identificado a investigadores policiales, judiciales y mediáticos como enemigos a batir de este Gobierno y que, ante eso, iniciarían una ofensiva. Una parte se haría desde las cloacas, con figuras expertas en moverse en esas latitudes como Leire Díaz o Pérez Dolset, usando medios como Crónica Libre, que tenía entre sus accionistas a Rosa Villacastín y se creó, básicamente para publicar todo lo negativo contra el Grupo Planeta que pudieran encontrar. Pero otras iniciarían esa campaña de instalar un estado de ánimo en la opinión pública se hacían, de manera paralela, a cara descubierta desde los medios. “Asistimos a un Golpe de Estado suave liderado desde determinadas togas”, afirmaba Manuel Rico en la Cadena SER el 24 de abril de 2024. “Golpe de Estado judicial”, tuiteaba el director de El Plural, José María Garrido, el pasado 20 de noviembre de 2025. “Es el problema que tenemos en España, que hay unos con toga, otros con placa y otros con micro, dando un puto golpe de Estado”, decía la tertuliana Sarah Pérez Santaolalla el pasado 21 de mayo de 2026. La consigna, pues, es clara. Y de manera paralela a que Cerdán montaba su grupito ofensivo en abril de 2024, los medios afines hacían lo que podían, no siempre con fortuna. Fue en julio de 2024 cuando El Plural iniciaba su ofensiva contra el juez Peinado con su ya célebre investigación de “los 2 DNIs”, y en mayo de 2025 cuando el mismo El Plural, junto a otros medios, publicaba los no menos célebres wasaps manipulados que pretendían desprestigiar la imagen de la UCO, justo cuando ya se barruntaba la existencia de un informe de esa unidad que iba a estallar en la cara del propio Santos Cerdán.

Los soldados mediáticos de Felipe González

Cuando Felipe González comprobó que dejaba de ser el político más mimado por el sector mayoritario de la prensa, que sin duda lo era al inicio de su mandato, para pasar a ser el blanco de investigaciones, comenzó a advertir a sus fieles de que sectores de la prensa eran sus enemigos. Ya en el 31º Congreso del PSOE (1988), hizo su famoso alegato denunciando la existencia de “gusanos goebbelsianos” en el sector de los medios. “¡Esos gusanos goebbelsianos intentan descomponer la confianza de los ciudadanos en la democracia! ¡Debemos combatir esa infamia!”. En el 32º congreso del PSOE de 1990 el mismo Felipe González volvió a advertir que en España existían “un número incalculable de tertulias y tertulianos, plumíferos de la democracia que no entienden cómo en la democracia se juega”. Y ya en la campaña electoral para las elecciones generales de 1993, abrió campaña identificando que sus enemigos no eran solo los candidatos del Partido Popular, sino también las figuras mediáticas: “¡Vamos a combatir a los mentirosos, a los que mienten, a los que difaman todos los días. A eso que hacen de la intolerancia su norma!”. Felipe González no decía nombres, de eso se encargaban más otros políticos como Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que no tenía pelos en la lengua para cargar contra Pedro J. Ramírez, Luis María Anson y los demás, que a su juicio encabezaban esa campaña antidemocrática de gusanos goebbelsianos.

Se sitúa habitualmente al Grupo PRISA como el principal defensor mediático del gobierno felipista. Pero en honor a la verdad, los periodistas y tertulianos de El País del periodo 1993-2000, aunque tenían una postura más favorable o comprensiva hacia el Gobierno que los del sindicato ABC-El Mundo-COPE, se quedaban cortos en su defensa de las teorías de la conspiración periodístico-judicial. En ese terreno se destacaban mucho más figuras como Javier Pérez Royo, Ramón Cotarelo, Santiago Belloch, Agustín Valladolid, Carlos Carnicero, Joaquín Leguina, Eliseo Bayo y su hijo Carlos Enrique Bayo, que pusieron toda la carne en el asador en artículos, reportajes o intervenciones tertulianas en radio o televisión para asegurar que las investigaciones contra Felipe González y, en especial, el caso GAL, eran fruto de una conspiración de periodistas y jueces que buscaban derribar al PSOE por métodos antidemocráticos. El mismo abril de 1997 en que Felipe González hacía su alegato contra ‘jueces descerebrados’ y ‘periodistas canallas’, tertulianos como Ernesto Ekaizer llegaban a exponer que el objetivo de la “conspiración periodístico-judicial” era destruir al PSOE, porque derribando a González se liquidaba al PSOE: “Felipe González es un líder político con el que se identifican muchos españoles, es el principal activo del PSOE, el PSOE solo gracias a la personalidad de Felipe González sigue subsistiendo, si cayera Felipe...”.

Ya se había usado una estrategia similar para hostigar al juez instructor del caso Filesa, Marino Barbero, que se vio desbordado al inaugurar la práctica de investigar a un partido político en el Gobierno por un caso de financiación ilegal, que inauguró la práctica de ‘registrar’ la sede de dicho partido, y que vio cómo eso le valía recibir críticas desde la prensa gubernamental o que políticos del PSOE como el mencionado Rodríguez Ibarra compararan su labor con la del grupo terrorista ETA. Pero lo que más le dolió a Barbero es que pidió amparo del CGPJ y este organismo se lo negó por el voto en contra de los vocales a propuesta del PSOE. Barbero optó por tirar la toalla, pero otros colegas suyos siguieron con las instrucciones, y al final varios de aquellos casos acabaron en los tribunales.

Estos días se volvía a viralizar la intervención de un jovencísimo Pedro Sánchez como militante socialista en el programa 'Moros y Cristianos' de Telecinco de 1997 asegurando que el caso GAL era una conspiración de jueces y periodistas contra el PSOE. No era algo raro, era la consigna de Ferraz en aquella época, que repetían todos los afines al partido. Sánchez sólo era disciplinado con los argumentarios de la época.

Audios y vídeos

Por mucho que se esfuercen los sanchistas y sus cloacas, aún no han alcanzado el nivel de la era felipista. Entonces se realizaron informes sexuales contra alguno de los jueces que investigaban (Informe Véritas contra el juez Garzón) o vídeos sexuales contra alguno de los periodistas que investigaban (Pedro J. Ramírez). Comparado con eso, lo de los dos DNIs de Peinado o los wasaps de Juan Vicente Bonilla saben a poco. Aunque Leire Díaz pareció jugar cerca de ese estilo en sus operaciones contra el magistrado Grinda, pero sin llegar a igualar a sus antepasados felipistas.

Se llegó a asaltar la casa de José Amedo para robarle unos manuscritos con los que se pretendía demostrar que su declaración había sido ‘dictada’ por el malvado juez Garzón, declaración que apareció en portada del Diario 16 por la misma época en la que Juan Tomás de Salas y Carlos Enrique Bayo publicaban reportajes que aseguraban que los guardias civiles que asesinaron a Lasa y Zabala eran víctimas de las manipulaciones de El Mundo.

El momento en que mayor publicidad logró la teoría de la conspiración fue gracias a una grabación. Barrionuevo, Vera y Corcuera grabaron a uno de los periodistas enemigos, Luis María Anson, un audio que no le dejaba en buen lugar y que le forzó a hacer una ‘confesión’ para evitar que el audio se filtrara, mediante la fórmula de entrevista como “arrepentido” a Santiago Belloch, un periodista del grupito que trabajaba para exculpar al felipismo fuera como fuera. Fue la célebre ‘confesión de Anson’, una entrevista en la que venía a decir que seis periodistas se pusieron de acuerdo para endurecer sus críticas a Felipe González en lo que él llamó “operación de acoso y derribo”, apoyada por Aznar y Anguita. Y a pesar de que ese hecho no era desconocido para nadie que les leyera (abiertamente publicaban editoriales y portadas de ‘Felipe dimisión’). De nuevo todo el felipismo mediático y político lo explotó con un arte inigualable para denunciar que todas las causas contra Felipe González eran fruto de esa malvada conspiración, que pasaba a presentarse como “un golpe de Estado”. “Es como en el 23-F”, llegó a afirmar un exdirector de la Guardia Civil felipista en la Cadena SER. Ocurría todo esto en abril de 1998, el tiempo apremiaba, porque llegaba el juicio de los GAL. Y se trataba de que la idea de PSOE y Felipe = víctimas de una conspiración clara.

Al final no se logró del todo lo que se buscaba, dado que el Tribunal Supremo sentenció que el caso GAL era una realidad y que existía una responsabilidad directa del Gobierno felipista, o al menos de uno de sus ministros y dos de sus secretarios de Estado. Nada cambió. Usando argumentos calcados de su actitud ante la condena a Álvaro García Ortiz, los tertulianos felipistas se indignaron ante “una condena injusta”, reiterando que aquella condena se hacía “sin pruebas”. En la hemeroteca sigue lo que escribieron entonces firmas como Valladolid, Santiago Belloch o Pérez Royo, que hoy tienen en tertulianos agrupados en la actual TVE con figuras como Marta Filch o Silvia Intxaurrondo, que centra sus esfuerzos estos días en convencer a sus telespectadores de lo malos que son los instructores Calama y Pedraz que, según ella, incumplen con la jurisprudencia europea.

La entrada de Barrionuevo y Vera en la cárcel fue espectacular. Ahí estuvieron Felipe González y Alfonso Guerra, Josep Borrell y Joaquín Almunia, José Luis Rodríguez Zapatero y unos jovencísimos y desconocidos Óscar Puente y Pedro Sánchez, para jalear al "inocente" Barrionuevo mientras coreaban que la sentencia del caso GAL era injusta. Cuatro generaciones del PSOE unidas frente a la ‘conspiración periodístico-judicial’. "Barrionuevo entra en la cárcel entre gritos de libertad", tituló el Grupo Zeta, que contrató a los principales condenados por el caso GAL para que escribieran articulitos desde la cárcel. Aquellas cloacas mediáticas del felipismo sí consiguieron algo: que en aquel momento toda la militancia socialista estuviera en torno a su gran líder (aunque también consiguió que en las siguientes elecciones, las de 2000, el PP sacara mayoría absoluta).

Necesitan una confesión

Lo más triste es que a pesar de todos sus esfuerzos, como el inolvidable libro blanqueador de Eliseo Bayo, los trabajos de Santiago Belloch en Tiempo o las tertulias de Cotarelo. Carnicero, Leguina o Pérez Royo, toda su labor ha sido poco reconocida con el paso de los años. Y apenas se recuerda el nivel de entrega de aquellos ‘soldados mediáticos’ de Felipe González. Esperemos que no se repita lo mismo con los Javier Ruiz, José María Garrido o Sarah Santaolalla de hoy, y en esta ocasión sí se recuerden sus servicios a la causa como se merecen.

Eso sí, para que el paralelismo sea perfecto, los actuales periodistas que trabajan para defender la teoría de 'Gobierno víctima de conspiración golpista' necesitan una “confesión”. Necesitan que uno de esos malvados periodistas fachas salga ante las cámaras de TVE y reconozca en una entrevista a Jesús Cintora que ha participado en una trama de acoso y derribo contra Pedro Sánchez, quizá bajo amenaza de difusión de algún audio que haya acabado en las manos de Dolset o Leire. Necesitan un Anson y lo tienen difícil, porque, con todos mis respetos, aunque entre los tertulianos de la cuota diestra en nómina de TVE, haya algunos con experiencia en 'readaptarse ideológicamente', como Joan Guirado o Hugo Pereira, están a años luz de representar lo que representaba Anson en 1998. Lo mismo pasa con Federico Quevedo, que, además ya hizo una confesión catártica de ‘arrepentido’ con el tema del 11-M y ya no puede repetir. Necesitan buscar a alguien mejor. Pero hay que confiar en ellos, aún queda partido, los soldados de Pedro Sánchez pueden demostrar que aún les quedan herramientas para superar a sus antepasados de la era felipista y convertirse en el mejor batallón defensivo con el que un Gobierno pueda contar como para lograr que, en su caso, su labor no sea olvidada.

Es una lástima que Felipe González tenga tanta tirra a Pedro Sánchez, porque, en su estrategia defensiva ante causas judiciales ha demostrado ser su mejor aprendiz y legítimo continuador.