El día 1 de agosto la Casa Real hizo público un comunicado en el que el rey mostró su "preocupación e indignación" por los graves sucesos que habían tenido lugar en Ceuta entre el 30 y el 31 de julio: la entrada ilegal de unos 80.000 inmigrantes por el paso fronterizo de El Tarajal, situado junto a la ciudad marroquí de Castillejos (Findeq).
Cinco días después, el rey recibió en el Palacio de Marivent al presidente de la ciudad autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas. Tras el encuentro, Vivas dijo que Felipe VI tenía el "compromiso" de visitar la ciudad en la que, tres semanas después del asalto, permanecen miles de inmigrantes –fuentes solventes estiman que unos 10.000–.
La Casa Real no ha dado todavía la fecha en la que los reyes visitarán Ceuta, aunque el gobierno ceutí le ha pedido que acuda el día del aniversario de la fundación de la ciudad, el próximo 2 de septiembre. Felipe VI necesita la autorización del presidente y en Moncloa dan largas y sitúan el evento en un momento indeterminado: "Cuando sea oportuno y razonable".
Si el Gobierno espera a que Ceuta recupere la normalidad que había antes del 30 de julio para dar su nihil obstat a la visita real, me temo que habrá que esperar algunos meses. Ni los menores ni los peticionarios de asilo pueden ser devuelto a Marruecos de manera exprés, tal y como prometió el ministro de Exteriores de manera imprudente el pasado 11 de agosto.
Fue posiblemente José Manuel Albares el ministro que telefoneó al jefe de la Casa Real, el también diplomático, Camilo Villarino, para decirle que le pidiera a Felipe VI que llamara motu proprio a Mohamed VI, pero no para quejarse por haber permitido el asalto de 80.000 personas a territorio español, sino para agradecer a Marruecos su manera de actuar durante los días posteriores a la avalancha. Por supuesto, la Casa Real rechazó la idea porque el gesto podría ser malinterpretado por la opinión pública. Una manera fina de mandar a Albares a hacer gárgaras.
La información a la que hago referencia fue publicada por El País en la mañana del viernes (aunque el diario no cita ni a Albares ni a Villarino), y se basa en fuentes tanto del Gobierno como de la Casa Real. No me cabe duda de que es cierta.
Lo llamativo es que El País titule su información por el "sondeo" al rey por parte del gobierno y no por lo que se le pedía al monarca, que es que se humillara ante Mohamed VI agradeciéndole su gestión de la crisis.
Moncloa pretende que la visita de los reyes se aplace hasta que la situación en Ceuta haya vuelto a la normalidad
Este detalle revela hasta qué punto Pedro Sánchez teme sobre todas las cosas incomodar al rey de Marruecos, al que no gustó el comunicado de la Casa Real del 1 de agosto que, aún sin citar al país vecino, apelaba al Estado a "velar por la seguridad de Ceuta y por evitar que estos hechos se vuelvan a repetir".
Albares cree que, como ministro, puede dar instrucciones a un diplomático, pero ignora que Villarino no está bajo su mando, sino al servicio del rey.
Felipe VI tiene que visitar Ceuta. Y no dentro de seis meses o un año, sino, a más tardar, el próximo 2 de septiembre. La visita no sólo agradaría y daría moral a los abatidos habitantes de la ciudad, sino que sería vista en toda España como una demostración necesaria de solidaridad de la corona con su pueblo, aunque moleste a Mohamed VI.
La última visita de los representantes de la corona a Ceuta se produjo el 5 de noviembre de 2007. Don Juan Carlos y doña Sofía eligieron la fecha del 32º aniversario de la Marcha Verde sobre el Sahara. Todo un símbolo. Más aún cuando sólo habían pasado cinco años del incidente del islote de Perejil, que el presidente Aznar ordenó recuperar "para mandarle un mensaje a Marruecos".
Cuando se conoció la visita de los reyes de España a Ceuta y Melilla, Mohamed VI, que ya llevaba ocho años en el trono, emitió un comunicado de "condena" y "denuncia" de la que calificó como "inoportuna provocación" por parte de España. El Gobierno marroquí también organizó una pequeña manifestación en la frontera con las dos ciudades autónomas. Incluso llamó a consultas a su embajador en España, Omar Azziman. Pero la cosa no pasó de ahí. Los reyes fueron recibidos por miles de personas en las dos ciudades y el Gobierno se apuntó un tanto. Dato importante: el presidente era Rodríguez Zapatero y el ministro de Exteriores, Moratinos.
Aunque el Gobierno socialista de Zapatero cuidó mucho la relación con Marruecos (Moratinos ejerce como lobista de empresas españolas con negocios al otro lado del Estrecho dados su buenos contactos con el entourage del rey marroquí), accedió a la visita de Juan Carlos I a sabiendas de que iba a provocar un incidente diplomático. Tampoco Zapatero modificó la política española respecto al Sahara.
La manera de conducirse de Sánchez con Marruecos es, por tanto, muy distinta de la que mantuvieron no sólo los gobiernos conservadores, sino sus propios compañeros de filas. Como el presidente no explicó en su día el cambio respecto al Sahara, ni tampoco a cambio de qué se produjo esa cesión histórica, su incomprensible falta de firmeza respecto a Marruecos en la crisis de Ceuta no hace sino alimentar las sospechas de que Mohamed VI tiene en su poder información sensible cuyo conocimiento por parte de la opinión pública supondría una catástrofe para Pedro Sánchez.
Conociendo los casos de corrupción que ahora conocemos, la tesis del chantaje es más que probable. Pero lo que el rey de España no puede hacer es plegarse a los intereses de Sánchez en un asunto tan sensible para la soberanía nacional como ha sido la avalancha del 30 de julio. Su visita a Ceuta es necesaria y el Gobierno no puede ponerle trabas. Las mezquindades de un presidente no pueden estar por encima de los intereses de una nación.
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