Ya quisiera el Rey pisar Ceuta y Melilla y dirigirse desde ellas a todos sus súbditos. De entre la barba saldría una sonrisa al proclamar su marroquinidad vistiendo una chilaba amarilla y tocado del fez. Se trataría de Mohamed VI, Rey de Marruecos y Comendador de los Creyentes en su país.
Marruecos es una formación estatal reciente. Su independencia fue proclamada en 1956. La mayoría de los Estados que hoy conforman NNUU son recientes, frutos del siglo XVIII, como los EEUU, o del XIX como el resto de América y, asimismo, países de la vieja Europa como Italia o Alemania. Los siglos XX y XXI han aportado una gran cosecha de nuevos Estados como Ucrania o Kosovo, así como muchos africanos y asiáticos. España y el Reino Unido son dos de los más viejos Estados de Europa, hundiendo sus raíces en siglo XV, si bien todos hemos tenido, evidentemente, avatares previos.
Los límites territoriales reconocidos se asentaron generalmente cuando la proclamación de la independencia sin perjuicio a veces de reivindicaciones y de acontecimientos posteriores fruto de guerras, pactos o referéndums. Hay a veces reclamaciones puntuales. Por ejemplo, Gibraltar, que España reivindica. Mucho antes del Marruecos actual, Ceuta y Melilla ya eran españolas. Conquistadas en el siglo XV respectivamente por Portugal y España, tras la separación de los dos países en el XVII, Ceuta permaneció con nosotros.
Marruecos las reclama. Alimentan un nacionalismo que la monarquía alauí emplea para su asentamiento en el trono de un Estado que no ofrece aún suficiente desarrollo y libertad. Es un tema pasional y referencial como la cuestión del Sahara Occidental. Un nacionalismo territorial que no deja de recordar al franquista. En América, Cuba reclama Guantánamo (donde Washington detiene y trata a terroristas internacionales en ausencia de normas de Derecho Internacional y Humanitario según acusan reputadas organizaciones internacionales) mientras EEUU alega que fue cedida a perpetuidad.
El Peñón de Gibraltar
En España la cuestión del Peñón se trata ya con mayor racionalidad, habiendo abandonado el nacionalismo exagerado del franquismo, aunque tuvo su utilidad al poner entonces la reclamación territorial española a la hora del proceso de descolonización iniciado tras la 2GM con su listado en la ONU de territorios no autónomos entre los cuales estaba y sigue estando Gibraltar, pero en la que no están, ni nunca estuvieron, Ceuta o Melilla tan españolas como turca es, también desde el siglo XV, Estambul, situada asimismo en otro continente que la mayoría asiática de Turquía.
Ante la pretensión marroquí, España debe afirmar su españolidad. En este mismo diario El Independiente (Defender Ceuta y Melilla, 13/07) abogué por estar prestos a rechazar cualquier intento de invadirlas. Premonitorio, pues poco después fue el asalto a Ceuta, que, a futuros, podría padecer otro intento más engordado y “acompañado”, con, también, alguna logística para una permanencia. Para mantener nuestra integridad territorial, la diplomacia es necesaria, pero como en tiempos de Roma, con las Legiones detrás, es decir Policía Nacional, Guardia Civil y Fuerzas Armadas a las que han de acompañar, a todas ellas, una voluntad nacional. Y barreras materiales eficaces.
Las dos ciudades parecen tener cada vez más población musulmana de origen marroquí que, por ahora, prefiere su españolidad. La de origen español decrece, quizás por no confiar en que los españoles peninsulares e insulares estén dispuestos a sacrificarse por sus compatriotas ceutís y melillenses. Se entiende, porque si el Presidente del Gobierno se enemista abiertamente con EEUU e Israel, amigos y aliados de Marruecos, no debe extrañarnos que desde el Congreso de los EEUU en un informe de una Comisión cuelen ahora que estas dos ciudades situadas, según dicen, en territorio marroquí estarían administradas por España. Un lenguaje colonial. Bien es verdad que el Departamento de Estado ha reconocido luego la españolidad de las dos ciudades, aunque añadiendo, acertadamente, que España fracasó al no saber contener la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta. Esta política exterior española suicida junto a una migratoria sin pactos previos en el seno de la UE por afectar a los demás socios de la Unión, nos han dejado a los pies de los caballos. No se trataba de ser un “Yes Sir” del líder del mundo occidental, pero otros europeos han sabido nadar y guardar la ropa mucho mejor.
El muro entre españoles derrumbarse porque nos debilitan interna e internacionalmente
Madrid viene apostando por un apaciguamiento respecto de Marruecos por Ceuta y Melilla. No hay por qué abandonarlo, pero reforzando los elementos que requieren mayor firmeza. Por eso, la polarización debe cesar y el muro entre españoles derrumbarse porque nos debilitan interna e internacionalmente. Los partidos políticos deben cambiar de rumbo y no solo en esta cuestión, porque, entonces, unos entendimientos necesarios serían endebles. Es hora de unidad nacional.
Por otra parte, desde Madrid debe fomentarse una mayor imbricación entre estas dos ciudades y la Unión Europea insertándolas más en las Instituciones europeas y dándolas bien a conocer, así como su origen español y su convivencia multicultural, un gran ejemplo.
Mohamed VI no puede ir cuando le venga en gana a Ceuta y Melilla porque no son marroquíes, ni las pisa el Rey de España por no permitirlo Sánchez. Rajoy tampoco lo avaló. A estas alturas de la película, deben explicarse estos vetos o levantarlos. Los ciudadanos han de saberlo si se quiere su necesario apoyo.
Sin renunciar a sus principios y reclamaciones, España y el Reino Unido, con el apoyo de Bruselas, enfocan el diferendo por Gibraltar de otro modo, pensando más en el desarrollo de las poblaciones locales a cada lado de una verja abatida ya que, como si fuese un solo territorio, se puede ir ahora desde España, desde la UE, a Gibraltar libremente ya que la frontera de la Unión se ha establecido en el puerto y en el aeropuerto del Peñón.
¿Podrían Ceuta y Melilla seguir también unos derroteros de estrecha interacción entre las dos ciudades españolas y sus entornos marroquíes sin descuidar nuestra firmeza socavada actualmente por una fracasada política exterior de este Gobierno? Le debiera de interesar a Marruecos porque su imagen también se ha deteriorado gravemente con una horda teledirigida de 80.000 jóvenes que huyeron por no tener futuro en su país y, aunque la mayoría ha vuelto, varios miles no quieren regresar a su patria.
Londres respalda a los gibraltareños como España debe respaldar a los ceutís y melillenses sin olvidar que el Peñón aún debe descolonizarse, algo en lo que su población no podría ser totalmente ajena, y que Ceuta y Melilla no son colonias. Hay que saber buscar ambigüedades constructivas para solucionar diferendos encasquillados si bien no hay que caer en la trampa ingenua o interesada de que Ceuta y Melilla son lo mismo que Gibraltar.
Se le ha dado a Marruecos por dejadez la oportunidad de adelantar sus posiciones en Washington y permitido a Rabat internacionalizar el diferendo sobre Ceuta y Melilla en detrimento de su incuestionable españolidad. Un gran error, o algo peor. Abandonar estas ciudades sería tan desastroso como lo fue el 98 al perder Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Algunos parecen querer repetir la Historia.
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