El paso masivo de migrantes registrado el pasado 30 de julio por la frontera de El Tarajal ha vuelto a situar a Ceuta y Melilla en el centro de un debate que trasciende el control fronterizo. Marruecos mantiene desde hace décadas su reivindicación sobre la soberanía de ambas ciudades, una cuestión que el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, aseguró recientemente que sigue presente en los encuentros entre representantes de Rabat y Madrid. En este contexto, cada episodio de tensión reabre el mismo interrogante: ¿cómo viven los musulmanes de Ceuta el debate sobre la españolidad de la ciudad y cuál es su percepción sobre su pertenencia a España?
La cuestión no es menor, especialmente considerando el peso demográfico del colectivo; en Ceuta, la legislación española no permite registrar a los ciudadanos en función de su religión, por lo que no existen cifras oficiales. Sin embargo, las estimaciones del Observatorio Andalusí de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) sitúan en 31.275 el número de ciudadanos musulmanes españoles residentes en Ceuta, lo que representa aproximadamente el 37,4 % de la población censada.
Musulmanes y españoles
Para comprender la realidad de estas ciudades, es fundamental analizar su composición social. Víctor Albert Blanco, sociólogo experto en diversidad religiosa y profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), explica que "lo compartido en las dos ciudades es esta diversidad religiosa. Coexisten el catolicismo con el islam, pero también con el judaísmo y el hinduismo, que también son religiones históricas en ambas ciudades".
Frente a los discursos que asocian la identidad nacional a una sola confesión, Albert Blanco señala una paradoja en el nacionalismo español que defiende estas plazas bajo la idea de una "España cristiana y no musulmana", sin entender que "el islam, igual que el judaísmo, igual que otras minorías religiosas, forman parte de manera consustancial de la historia de España". En este sentido, el sociólogo destaca la autopercepción de los propios habitantes: "Son españoles, musulmanes, gente con la nacionalidad española y desde hace muchas generaciones". De hecho, añade que al tratar con activistas locales observa, en términos generales que "no se identifican como marroquíes, se reivindican como musulmanes españoles. Creo que es muy significativo".
Esto no es una cuestión del partido, sobre esto hay unanimidad
Esta identidad se consolidó de manera crucial en el año 1985, coincidiendo con la aprobación de la primera ley de extranjería en España. En ese momento, muchos musulmanes se encontraban en una situación de apátridas debido a que sus familias procedían de territorios que se transfirieron a Marruecos tras su independencia. Blanco recuerda que en ese año "hay un proceso muy interesante en Ceuta y Melilla de movilizaciones de estas personas musulmanas para reivindicar la nacionalidad española". Como reflejo de esta realidad multicultural y de su reconocimiento institucional, ambas ciudades han incorporado festividades islámicas a sus calendarios oficiales como festivos nacionales, tales como la fiesta del sacrificio (Eid al-Adha) y el fin del Ramadán (Eid al-Fitr).
La postura de las organizaciones islámicas y los partidos políticos
Ante la complejidad del asunto, las principales entidades religiosas de la ciudad han optado por la prudencia. Ni la Comisión Islámica de España ni la Unión de Comunidades Islámicas de Ceuta han querido enfrentarse directamente a las reclamaciones de soberanía del país vecino. Al ser consultados por El Independiente, representantes de la Unión de Comunidades Islámicas de Ceuta se limitaron a describir la situación como "un barco a la deriva" mientras intentan "mantener la calma", advirtiendo además de que "el tema se está politizando" y que "nadie está cumpliendo".
En el plano político, sin embargo, la postura local es de absoluta firmeza. Mohamed Mustafa, Secretario General del partido Ceuta Ya!, es tajante cuando se le pregunta por la posición de la formación: "Esto no es una cuestión del partido, sobre esto hay unanimidad, Ceuta y Melilla son españolas. No hay discusión". Mustafa subraya que, aunque "Marruecos lleva años con esa reclamación soberanista, tampoco es nuevo que Ceuta y Melilla son españolas desde hace siglos" y concluye que "ni en Ceuta ni en Melilla nadie lo cuestiona, nadie". Asimismo, el líder político denuncia la inacción ante presiones externas de otros países, señalando que "Israel a través de su embajador en la ONU y de uno de sus ministros como Itamar Ben-Gvir y a través de también declaración del propio Estados Unidos, habla de Ceuta y Melilla como territorios ocupados", y advierte que "esa actitud timorata o esa reacción selectiva no es buena ni para Ceuta ni para Melilla. Las injerencias extranjeras son iguales todas, las haga quien las haga, Marruecos, Israel o Estados Unidos".
Esta posición es respaldada por el análisis sociológico de Albert Blanco, quien coincide en que la identidad de la población musulmana local "va más con España que con Marruecos" y apunta que "solo hay que ver a nivel político la composición de las asambleas de las dos ciudades, los partidos que tienen una base electoral musulmana más fuerte nunca se han planteado esta cuestión".
Evolución política y comportamiento en las urnas
Ante la falta de encuestas directas sobre la soberanía, el comportamiento electoral es una de las vías más claras para aproximarse a la opinión de la ciudadanía. La investigadora Alicia Fernández García, en su obra Representación política e identidad local en Ceuta, describe cómo las organizaciones que históricamente representaron a la población musulmana evolucionaron desde posiciones confesionales hacia plataformas aconfesionales y multiculturalistas, como la UDCE, Caballas y, posteriormente, Ceuta Ya!. En este proceso, Fernández García señala que la reivindicación de la españolidad aparece de forma recurrente en la construcción de su identidad política, definiéndola como un "leitmotiv de resistencia" donde la identidad musulmana y la española conviven sin excluirse. Los resultados electorales de 2023 permiten observar esta dinámica desde dos escenarios distintos: las elecciones generales y las municipales. En ambos casos, el voto de los barrios con mayor presencia de población musulmana se orientó hacia opciones que no plantean un cambio en la soberanía de la ciudad.
En las generales de julio de 2023, el Distrito 6 —que comprende, entre otros, los barrios del Príncipe Alfonso, Príncipe Felipe, Benzú y Cabrerizas— dio una amplia ventaja a la izquierda. El bloque progresista reunió el 79,6% de los votos, con el PSOE como principal fuerza, al alcanzar por sí solo el 78,1%. PP y Vox sumaron el 20,4%. Se trata de uno de los resultados más marcados de la ciudad, pero no permite establecer una relación directa entre religión y voto. La composición social de estos barrios, su situación económica y cuestiones como el empleo, la vivienda o el acceso a los servicios públicos también forman parte de las razones que explican este comportamiento electoral.
El hecho de vivir rodeados de una valla sí les preocupa
En las municipales, el mapa es diferente. El Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC) consiguió tres escaños y Ceuta Ya!, dos. Ambas formaciones cuentan con un respaldo especialmente relevante entre el electorado musulmán y han construido su discurso alrededor de cuestiones vinculadas a la vida cotidiana de la ciudad: la igualdad, el empleo, la vivienda, los servicios públicos o la convivencia entre las distintas comunidades. Ninguna de las dos plantea la integración de Ceuta en Marruecos ni cuestiona su pertenencia a España.
Los resultados no permiten, por sí solos, saber qué piensa este electorado sobre la soberanía. Pero sí ofrecen un dato: las formaciones que han logrado una representación significativa entre los musulmanes ceutíes han desarrollado su actividad política dentro del marco de la ciudad autónoma española y no alrededor de una reivindicación de soberanía marroquí. La cuestión territorial, al menos en las urnas, no ha ocupado el centro de su discurso.
Vivir rodeados por una valla
Más allá de las disputas de soberanía que se difunden en los medios, la preocupación diaria de los habitantes se centra en la frontera física. Albert Blanco explica que en las ciudades sí se percibe "una cierta preocupación: el hecho de vivir rodeados de una valla con esta amenaza, entre comillas, constante por parte de Marruecos". En los últimos años, esta inquietud se ha centrado en el cierre fronterizo impuesto por Marruecos desde la pandemia del COVID-19. Aunque en 2021 se negoció su reapertura, el sociólogo aclara que "realmente no está abierta del todo", lo que supone "a nivel social y económico una problemática para las dos ciudades que viven del intercambio diario". De este modo, la frontera cerrada se ha convertido en un "tema recurrente en las conversaciones" debido a su fuerte impacto económico. En el plano político de la soberanía, Albert Blanco observa que esta cuestión "también está latente, aunque no de manera tan explícita como en los discursos mediáticos", pero que en definitiva, los musulmanes ceutíes se siente españoles.
Aunque queda demostrado que la reivindicación de la soberanía marroquí no cuenta con representación política alguna entre las formaciones que canalizan el voto musulmán en Ceuta, los analistas recuerdan que no se debe generalizar. Hablar dariya o tamazight, profesar el islam o tener lazos familiares en Marruecos no equivale a defender la soberanía marroquí, pero la falta de un partido soberanista marroquí tampoco descarta la existencia de simpatías individuales hacia Rabat. El vacío estadístico persiste: sabemos cómo votan y cómo se organizan políticamente los musulmanes de Ceuta, pero no existe un porcentaje exacto que determine cuántos de ellos prefieren la soberanía española o la marroquí.
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