España no duda de la españolidad de Ceuta y Melilla, así como de los peñones junto a la costa marroquí, pero en Marruecos piensan de otra manera y desde su Palacio Real siempre han mantenido esa espada sobre nuestra cabeza. Es, asimismo, una válvula de escape nacionalista y una forma de chantajear a España. Ese chantaje lo vemos cuando presionan dejando pasar inmigrantes ilegales o cerrando aduanas para intentar estrangular a las dos ciudades. Es una válvula nacionalista para unir al país, como lo fue antes con el Sáhara Occidental, donde consiguieron finalmente echarnos con la Marcha Verde.
España no defendió entonces militarmente los derechos de sus colonizados saharauis, que, bien es verdad, también jugaron con el Polisario, manipulado por Argelia, la carta de expulsarnos y, así, nos marchamos. España veló entonces por sus propios intereses (evitar un conflicto por esta colonia por descolonizar) y, con Pedro Sánchez, se ha alineado, por el mismo motivo, con EE. UU., Francia, Alemania y otros países occidentales que entienden que el Sáhara Occidental debiera ser una autonomía en el seno marroquí. Tienen claro que ese territorio no puede entregarse a la influencia de Argel, enfeudada con Moscú. Otra cosa es la forma oscurantista de cómo lo hizo Sánchez, sin tratar aparentemente con la oposición un asunto de Estado, mientras los ciudadanos españoles tuvimos que enterarnos por una filtración marroquí. Una gran desconsideración.
Marruecos podría emplear una fórmula como la Marcha Verde para ocupar las dos ciudades españolas en el norte de África, aunque no es la única posibilidad. La mejor forma de evitarlo es con diplomacia, creando, asimismo, intereses comunes entre las dos ciudades y los territorios marroquíes circundantes que permitan prosperar a todos. Algo parecido a la conveniente simbiosis del Peñón con el Campo de Gibraltar. Como, sin embargo, no es descartable que Marruecos opte un día por intentar ocupar por la fuerza ambas ciudades, España debe estar, asimismo, preparada militarmente para, primero, disuadir cualquier intentona y, en segundo lugar, repeler cualquier ataque.
¿Está España preparada? Es el Gobierno quien debe asegurarlo, pero, a la vista de los últimos conflictos internacionales, no parece que nuestras defensas aéreas sean las adecuadas para proteger todo nuestro territorio de aviones, misiles y drones kamikazes ajenos, de los que también carecemos en suficientes cantidades para inquietar a posibles enemigos al sur o al este.
Aviones de combate tendremos, pero nuestra Armada ha de considerar que, por los drones (aéreos y navales) y misiles ucranianos, la flota rusa de combate no sale de sus puertos en el mar Negro, y nuestro Ejército de Tierra, que, ante otros drones, los carros de combate en Ucrania solo saben esconderse. ¿Tratan bien estas cuestiones en las comisiones de Exteriores y de Defensa del Congreso y del Senado? Si no es así, el PP debiera exigirlo.
La vertiente diplomática es necesaria. Turquía tiene en Europa Estambul y algo de territorio. Ello le permite estar en organismos europeos y aspirar a ingresar en la UE, a pesar de ser mayoritariamente asiática. Ese reconocimiento internacional no es tan claro en África o Europa con Ceuta y Melilla.
Cuando Cubillo pretendía desde Argelia la independencia de Canarias, la diplomacia española fue por toda África para explicar que las Canarias ni eran africanas ni eran una colonia. Ceuta y Melilla tampoco son colonias ni están en la lista de territorios no autónomos de la ONU, ni lo estarán. No obstante, debiéramos evitar que los medios de comunicación internacionales, y especialmente los europeos y estadounidenses, creasen algún día la impresión de que las dos ciudades debieran ser marroquíes por estar en el Magreb.
España se precia de su amistad con el mundo árabe y debe atender más a los africanos. Cuidemos también a los latinoamericanos y no demos su apoyo por descontado
Melilla es española desde 1497. Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415 y es española desde 1640, reconociéndolo Lisboa en 1668. Mucho antes de la creación del Estado marroquí. Nosotros lo tenemos claro, pero es importante que nuestros aliados en la OTAN y socios en la UE lo entiendan también. Cuando la incursión marroquí en el peñón de Perejil hubo que atraer la mediación estadounidense y explicarle las cosas a Washington, pero es mejor tener el respaldo de los amigos antes que después.
¿Quiénes son los aliados que debemos asegurarnos para esta cuestión? EE. UU., esencialmente. También Francia, Reino Unido, Alemania e Italia. Asimismo, nuestros aliados y socios nórdicos, a los que Ceuta y Melilla parecen lejanas. Sin olvidar a Israel, que mantiene con Marruecos unas excelentes relaciones y que es un aliado fundamental de EE. UU. ¿Tenemos con todos ellos una buena relación que garantice su entendimiento con nuestras posiciones? No es así como resultado de la insensata e imprudente política de Sánchez, que no discierne bien nuestros intereses prioritarios.
También habrá que contrarrestar las ambiciones marroquíes en los países árabes y africanos. España se precia de su amistad con el mundo árabe y debe atender más a los africanos. Cuidemos también a los latinoamericanos y no demos su apoyo por descontado. Hay que gastar más con todos en ayuda y cooperación. Hay que ser generosos con los demás si hace falta.
Queda, finalmente, el propio pueblo español. Sin una voluntad nacional de defender, incluso con un conflicto bélico, la españolidad de Ceuta y Melilla, estéril será cualquier empresa para defenderlas y, si las perdiésemos, el efecto devastador será peor que el del 98.
Carlos Miranda, Embajador de España
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