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Colegios del psicoanálisis se desmarcan de las "salvajes" prácticas atribuidas a Julia Lüderwaldt sobre la familia Andic

Colegios del psicoanálisis se desmarcan de las "salvajes" prácticas atribuidas a Julia Lüderwaldt sobre la familia Andic
Carmen Vivas

Julia Lüderwaldt irrumpió en la causa que investigaba la muerte de Isak Andic a finales de 2025, cuando declaró como testigo ante el juzgado. Fue su testimonio la que la situó como la 'terapeuta' que trataba a padre e hijo en sus conflictos familiares. A partir de las manifestaciones que trascendieron de esa declaración, y de la forma en que se presentaba profesionalmente como "psicoanalista", comenzó a vincularse su método con postulados del psicoanálisis de raíz freudiana y lacaniana. Esa interpretación, unida a que no figuraba colegiada en las instituciones profesionales consultadas, acabó situándola en el centro del debate.

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Desde este momento, distintas instituciones españolas especializadas en esta disciplina comenzaron a pronunciarse públicamente para desvincularse de Lüderwaldt y subrayar que las prácticas que se le atribuyen son incompatibles con los principios éticos y clínicos del psicoanálisis. Tanto la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) como el Colegio de Psicoanálisis de Madrid, junto con expertos del sector, coinciden en que las actuaciones atribuidas a la terapeuta son ajenas tanto a la ética como al ejercicio del psicoanálisis; todos ellos parten de la misma premisa: Julia no pertenece ni ha pertenecido a ninguna institución psicoanalítica reconocida en España.

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La posición de la Escuela Lacaniana y del Colegio de Psicoanálisis

La primera escuela en desmarcarse fue la Lacaniana de Psicoanálisis (ELP). En unas declaraciones a las que tuvo acceso El Independiente, afirmó que: "Las prácticas atribuidas a la Sra Julia L. —quien no pertenece a ninguna institución psicoanalítica de nuestro país— nada tienen que ver con la práctica psicoanalítica".

En la misma línea se pronunció la Junta de Estudios del Colegio de Psicoanálisis de Madrid, perteneciente a las Formaciones Clínicas del Campo Lacaniano, que asegura que la terapeuta nunca ha formado parte de la institución y que únicamente supieron de su existencia tras la publicación de las informaciones relacionadas con el caso Andic: "Ahora sabemos, a merced de esas informaciones, que esta persona operaba, por así decirlo, en la parte alta de la ciudad de Barcelona, como 'terapeuta'".

Una vez aclarada esa desvinculación, tanto la ELP como el Colegio de Psicoanálisis de Madrid ponen el foco en las prácticas que los medios atribuyen a Lüderwaldt. Según trascendió, la terapeuta habría recurrido a supuestas "terapias de confrontación", y, en el caso de Andic, presuntamente contactó con una tercera persona para que buscase "una ruta con barranco" para exponerles a una situación "límite", revistiendo el proceso como un particular tipo de dinámica terapéutica. Las instituciones sostienen que ese tipo de actuaciones no tienen cabida "en absoluto" en la práctica psicoanalítica: "sí podemos afirmar que el psicoanálisis, tal y como lo entendemos en nuestra institución y se entiende también en muchas otras, en modo alguno utiliza ese tipo de técnicas o "terapias de confrontación" de las que habla Julia Lüderwaldt en sus alegatos ante la Justicia".

El organismo explica que la práctica clínica del psicoanálisis está orientada al respeto a la libertad, la autonomía y la singularidad de cada paciente, así como al tiempo que cada persona necesita para elaborar su propio proceso terapéutico. Desde esa perspectiva, considera que las supuestas terapias de confrontación, así como el hecho de llevar a los pacientes al límite o fomentar una relación de dependencia con el terapeuta son incompatibles con la disciplina: "técnicas o 'terapias' de confrontación salvaje, como el hecho de poner pacientes al límite o, incluso, fomentar la dependencia de estos del terapeuta, siempre según las informaciones de los medios, son de todo punto ajenas al psicoanálisis y a su ética".

La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis comparte esa posición. Explica que el psicoanálisis se basa en principios que preservan la singularidad y la responsabilidad de cada sujeto, de forma que es el propio paciente quien, a través de la palabra y del vínculo con su analista, toma las decisiones que considera oportunas. Por ello, sostiene que cualquier intento de influir en esas decisiones o de dirigir la conciencia del paciente resulta ajeno al ejercicio del psicoanálisis. En este sentido, recuerda que: "Autorizarse como psicoanalista implica asumir y respetar unos principios éticos contrarios a cualquier forma de manipulación, sugestión o coacción sobre quien consulta por un sufrimiento"; algo incompatible con aconsejar movimientos patrimoniales, como presuntamente habría recomendado Lüderwaldt al patriarca de los Andic.

"El psicoanálisis es una práctica que en nuestro país no está regulada"

José Ramón Ubieto, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y de la ELP, además de psicólogo adscrito al Colegio de Psicólogos, sitúa parte del problema en la ausencia de una regulación específica del psicoanálisis en España. En su opinión, esa circunstancia puede favorecer que algunas personas se presenten como psicoanalistas sin que exista una regulación específica sobre esa denominación. En este sentido afirma que "el psicoanálisis es una práctica que en nuestro país no está regulada, lo cual no quiere decir que sea ilegal, simplemente no está regulada".

Ubieto considera, además, que esa falta de regulación puede explicar que Lüderwaldt utilizara esa denominación. Así lo expresa cuando señala que "quizás es por eso también que esta terapeuta, en el caso de los Andic, se apoya en ese término de psicoanalista, porque sabe que eso la deja sin posibilidad de denuncia por parte ni de los médicos ni de los psicólogos".

El psicólogo, deja clara la posición de la entidad de la que forma parte respecto a la terapeuta: "creemos que esta persona no se le puede denominar psicoanalista porque no cumple con ninguna de las condiciones que exige el psicoanálisis".

Frente a esa falta de regulación específica, las instituciones afirman que el ejercicio del psicoanálisis exige una formación continuada y una serie de mecanismos de control interno. La Junta de Estudios del Colegio de Psicoanálisis de Madrid explica que esa preparación incluye el estudio teórico, el psicoanálisis del propio analista, la supervisión de la práctica clínica por profesionales con mayor experiencia y el trabajo con otros colegas dentro de las instituciones, como garantía del ejercicio clínico.

Ubieto aclara que el objetivo del psicoanálisis consiste en que la persona pueda comprender mejor por qué actúa como lo hace para que, posteriormente, sea ella quien decida qué quiere hacer con ello. A su juicio, esto no guarda relación con las "prácticas de coacción, de sugestión o incluso de gurú espiritual que parece que, esta señora, por las publicaciones que tenemos, ejercía", por lo que insiste en que "eso no tiene nada que ver con el psicoanálisis".

El respaldo científico y el lugar del psicoanálisis en la psicología

Aunque el psicoanálisis no requiere colegiación obligatoria en España al carecer de una regulación específica, Ramón Ubieto sostiene que forma parte de las terapias aceptadas por el Colegio de Psicólogos y explica que otras corrientes psicológicas tienen su origen en el propio psicoanálisis: "el psicoanálisis es una de las fuentes principales de la psicología. De hecho, muchas de ellas se han formado a partir del psicoanálisis, la terapia sistémica, por ejemplo".

Sobre el respaldo científico de las terapias de orientación analítica, explica que se fundamenta, por un lado, en el desarrollo de la obra psicoanalítica de Freud y otros autores posteriores y, por otro, en un modelo de evaluación basado en el análisis de casos clínicos. En sus propias palabras: "Para los psicoanalistas la evaluación no se basa tanto en datos cuantitativos, sino en lo que se llama la serie de casos: exponer, analizar y trabajar toda una serie de casos se van confirmando, detectando hipótesis clínicas sobre el funcionamiento, sobre el diagnóstico o sobre el tratamiento”.

Instituciones y expertos coinciden así en diferenciar las prácticas que se atribuyen a Julia Lüderwaldt del ejercicio del psicoanálisis y en subrayar que los métodos descritos en las informaciones periodísticas son incompatibles con los principios éticos y clínicos que, según sostienen, rigen esta disciplina. Un nuevo revés para la "terapeuta" que, por el momento y hasta donde ha trascendido, no se ha pronunciado fuera de sede judicial.

Quién es Julia Lüderwaldt

El nombre de Julia Lüderwaldt saltó a la primera línea hace meses, cuando comenzó a plantearse la posibilidad de que sus terapias hubieran influido en los hechos que hoy se investigan en el marco del presunto homicidio por el que Jonathan Andic permanece bajo investigación. Desde entonces, su papel ha ido cobrando cada vez más relevancia dentro de la causa, hasta el punto de que distintas declaraciones y testimonios han puesto el foco en la metodología que empleaba y en la influencia que pudo ejercer sobre el entorno familiar.

Según se desprende de la causa, la terapeuta habría alentado a Isaac Andic a adelantar parte de la herencia a su hijo con el objetivo de evitar un conflicto familiar de mayor envergadura. Un planteamiento que, sin embargo, fue abiertamente cuestionado por el psiquiatra que atendió en una ocasión a la familia, Antonio Bulbena, quien compareció el pasado 3 de julio en los juzgados de Martorell y mostró su desacuerdo con el enfoque defendido por la terapeuta. A su juicio, supeditar la estabilidad de los vínculos familiares y afectivos a una operación patrimonial no respondía a una práctica clínica adecuada ni compatible con su criterio profesional.

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