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Doctor Cabrera: "El remordimiento es patrimonio exclusivo de las personas 'sanas'"

El Doctor Cabrera en una entrevista para El Independiente
El Doctor Cabrera en una entrevista para El Independiente

Ejerce la psiquiatría clínica privada en Madrid. Es autor de diversos libros y colaborador habitual en el televisión, donde analiza la actualidad política y los sucesos más relevantes. Ha sido una voz habitual en el comentario de casos de gran repercusión pública como los de José Bretón, las niñas de Alcàsser o Asunta Basterra.

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En el transcurso de su carrera ha ejercido como psiquiatra militar, penitenciario y forense. También fue director de la Comisión Científica del Observatorio Español sobre Drogas y ha representado a España en distintas misiones de Naciones Unidas.

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En la actualidad actúa como perito de parte propuesto por Elisa Mouliaá en el procedimiento judicial seguido por la presunta agresión sexual denunciada contra el exdiputado Íñigo Errejón. Hoy hablamos con el doctor Cabrera sobre el estremecedor caso de Noelia de Mingo, justicia restaurativa, penitenciarismo y salud mental.

P: Para empezar, nos gustaría conocerle un poco más. ¿Cuándo y por qué nace su interés por la psiquiatría forense y el estudio de la conducta criminal?
R: Hijo de psiquiatra y farmacéutica. Nací en una familia sanitaria por todos los lados y normativa, pero lo forense es posterior en mi vocación y surge de cierta necesidad de entender el mundo de “lo oscuro”, es decir lo forense.

P: En los últimos años ha aumentado el interés por el crimen. ¿Es morbo o curiosidad social?
R: El interés por el crimen y “las maldades” es ancestral, como si lo bueno o lo normal fuera en cierta medida aburridos. En las últimas décadas el cine, empujado por las novelas, ha extendido el interés por lo criminal, y esto, junto al bombardeo mediático (noticiarios, TV, prensa, radio y como no, las redes sociales), han magnificado como altavoces este interés primordial. La visión y el “cotilleo” del mundo de los delitos es hoy nuclear en el día a día, tema de conversación, estupor, y siempre búsqueda de explicaciones a tales conductas.

La familia y el entorno inmediato son cruciales en la evolución de la personalidad

P: Desde su experiencia, ¿cuáles son los factores que más influyen en el desarrollo de conductas criminales?, ¿las adicciones, la pobreza, la familia…?

R: Las conductas criminales tienen muchas vertientes y éstas dependen de variables como la raza, el escenario, el nivel socio cultural, la época concreta y cómo no, la propia evolución de la humanidad en el concepto bien y mal.
Podríamos afirmar que para delitos sofisticados como los económicos se necesita un estatus más elevado y una inteligencia más precisa y, respecto a los delitos más “carnales”, cualquier persona estaría preparada, pero siempre a favor de circunstancias desfavorecedoras tanto en lo social, económico como educación familiar, drogas/alcohol y otras variables semejantes.

P: ¿Hasta qué punto influyen los padres en la aparición de comportamientos delictivos en los hijos?

R: La infancia es el patio en el que jugamos el resto de nuestra vida —dijo alguien alguna vez y yo lo repito ahora—. La familia y el entorno inmediato son cruciales en la evolución de la personalidad de todos nosotros y se convierten en una circunstancia necesaria pero no suficiente para la aparición de las conductas delictivas.
Ojo, no obstante, todos conocemos casos de niños educados en ambientes marginales que han sido magníficas personas de adultos y al revés.

P: En los últimos tiempos se habla mucho de la llamada “sociedad de cristal”, somos extremadamente sensibles ante determinadas cuestiones. Sin embargo, también parece existir cierta indiferencia ante otras, como a la violencia que vemos a diario en redes sociales. Parece que, en algunos momentos, nos resulta más fácil coger el móvil y ponernos a grabar en vez de intervenir. ¿Somos realmente más sensibles o, por el contrario, más impasibles? O, ¿Ha cambiado aquello a lo somos sensibles?

R: Cada vez somos más débiles, más dependientes, menos autosuficientes y por lo tanto aguantamos menos el dolor, el sufrimiento, el no, la frustración, el miedo y así un largo etcétera. En este sentido si somos más sensibles a las influencias externas y cómo no, a lo mediático y las redes sociales. Las redes sociales y los medios telemáticos son la tapadera perfecta para el anonimato y la ocultación, el paso a la acción nos produce temor, esto es lo que hay hoy.

P: Usted también ejerce como perito forense. Cuando una de las partes contacta con usted para solicitar un informe, ¿cómo es el proceso?, ¿es habitual que intenten averiguar previamente si su valoración puede resultarles favorable antes de contratarle?

R: El perito es el experto en algo que puede dar luz en un procedimiento judicial, ya sea penal, civil, laboral… o cualquier otra materia jurídica. Este perito puede ser público (por ejemplo un médico forense adscrito a un Juzgado) o Privado (Un médico especialista en medicina legal al que contrata una de las partes, ya sea defensa o acusación particular). Como quiera que sea, un servidor ha trabajado media vida en cada una de estas esferas. Podemos decir que en la primera, es el Juez el que insta el Dictamen mientras que en la segunda es la parte la que “contrata” al perito privado. Son ambas circunstancias condición exigible, bajo pena, para la búsqueda de la verdad en los hechos.

P: Los informes psiquiátricos pueden tener un peso importante en las decisiones judiciales. Desde su experiencia, ¿existen condicionantes que deberían excluir total o parcialmente la responsabilidad penal de una persona? Hablo de aquellos casos en los que el tratamiento debería prevalecer sobre el castigo. ¿Qué perfiles considera que no deberían responder penalmente de sus actos en el mismo grado que una persona plenamente consciente?

R: La Ley exige siempre que la conducta delictiva sea libre y no esté afectada por enfermedad, intoxicación o cualquier limitación psíquica. Es ahí donde interviene el psiquiatra forense a la hora de explorar y luego dictaminar. Una conducta cometida por ejemplo en plena enfermedad mental no puede tener un castigo, y sí una exigencia de tratamiento —farmacológico, psicoterapéutico, internamiento, entre otros—, ésta es la clave para aplicar la pena. El Código Penal solo castiga conductas que hayan sido efectuadas por personas plenamente conscientes de las mismas, he ahí el castigo.

Estamos lejos de un modelo ideal y que al mismo tiempo proteja a la sociedad

P: ¿Considera que existen enfermedades mentales incurables o personas que no pueden ser reinsertadas en la sociedad? ¿Qué trastornos o perfiles presentan mayores dificultades de recuperación o reinserción?

R: Sí, hay enfermedades o trastornos mentales incurables a efectos médicos, y solo el tratamiento pueden permitir la socialización de tales personas junto a un cuidado, compañía o vigilancia cercana. En estos casos es la sanidad la que debe trabajar.
Luego hay personas con “formas de ser” o “de vivir” que aun no siendo trastornos mentales, sí viven al margen de la ley. Aquí no hay tratamiento posible, solo medidas disuasorias y limitadoras. Y dentro de éstas, existe un porcentaje pequeño de resistentes a la reinserción que una y otra vez delinquen, entonces tenemos un problema que aun en nuestros días no hemos podido resolver.

P: Actualmente, Noelia Mingo se encuentra ingresada en el Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Fontcalent. ¿Qué diferencias existen entre un centro penitenciario convencional y un hospital psiquiátrico penitenciario?

R: Un hospital psiquiátrico convencional está concebido para personas que estando enfermas no han cometido ningún delito grave, y un psiquiátrico penitenciario está pensado para aquellas que teniendo un trastorno, el delito fue sumamente grave y no pueden ser tratadas en centro convencionales. La tendencia hoy día es que estos psiquiátricos penitenciarios dejen de existir progresivamente, pero estamos lejos de un modelo ideal y que al mismo tiempo proteja a la sociedad.

P: Relacionado con esta cuestión, algunos especialistas han señalado que Noelia de Mingo —una mujer responsable del asesinato de tres personas en la Fundación Jiménez Díaz que padece esquizofrenia también presenta episodios de desconexión o bloqueo. Sin embargo, ciertos forenses han mostrado sorpresa por la aparente ausencia de una reacción emocional intensa cuando recupera la conciencia de lo ocurrido. Según su juicio, ¿podría tratarse de un caso en el que confluyan un trastorno psicótico grave y determinados rasgos de personalidad con escasa capacidad de remordimiento?

R: En los trastornos mentales como la esquizofrenia, caso Noelia de Mingo, una de las afectaciones más intensas es la de la afectividad y los sentimientos, algo así como si existiera una ausencia de emociones, pena, tristeza o afectación, es algo inherente a estas enfermedades. No es que no exista remordimiento, es que el remordimiento es solo patrimonio de las personas “sanas”.

P: Usted intervino como perito en el caso de una madre acusada de matar a su hijo en Albacete. En su informe sostuvo que la mujer sufría un síndrome de negación del embarazo y posteriormente un bloqueo psíquico que le impedía recordar lo sucedido. ¿Es más frecuente de lo que imaginamos que una persona llegue a convencerse de que no ha cometido un crimen que realmente ha cometido? ¿Cómo reacciona la mente cuando toma conciencia de una acción tan extrema?

R: Existen hechos horribles como un asesinato que se cometen en determinados estados de la mente y la persona no acaba de aceptarlos como suyos, ya sea por un trastorno, una intoxicación por drogas, o por un sentimiento de culpa tan intenso que no se es capaz de aceptar tal hecho. Hemos tenido ocasión de atender algunos casos de este tipo y cuando la persona en un intervalo de lucidez es consciente de lo que ha hecho, el dolor es tan grande que incluso se llega al suicidio o a la enajenación. Es una circunstancia muy extrema.

Busquemos la piedad pero sin caer en lo idílico

P: En cualquier crimen solemos centrar nuestra atención en las víctimas directas y sus allegados. Sin embargo, los familiares de los criminales también sufren consecuencias. ¿Considera que, en cierto modo, ellos también son víctimas?
R: Las víctimas son las grandes olvidadas del sistema judicial/social. Tanto las victimas de la conducta delictiva (Victimología) como los familiares y allegados de los que cometieron el delito. Es una asignatura pendiente que deberíamos llevar a la reflexión porque el “que mata” tarde o temprano sale de la cárcel y el que “muere” no sale ya del cementerio.

P: En los últimos años se habla cada vez más de justicia restaurativa. ¿Qué papel cree que debe desempeñar frente al modelo tradicional basado en la prisión? ¿Hasta dónde puede llegar la reinserción y qué limitaciones se encuentran en este proceso?

R: Las sociedades democráticas buscan la reinserción, la resocialización y en general la vuelta a la normalidad olvidando la “venganza” por lo cometido. Es algo loable y superior. Lamentablemente, esto choca con los reincidentes, los que no están dispuestos a someterse al sistema, los que no quieren convivir en paz. Contra éstos, la sociedad debe protegerse, debemos no ser ingenuos. Busquemos la piedad pero sin caer en lo idílico.

P: Para terminar, si tuviera la oportunidad de entrevistar usted al doctor Cabrera, sabiendo todo lo que sabe de él, ¿qué pregunta le haría?
R: Le preguntaría lo siguiente: después de lo que usted ha vivido, ha hecho, ha presenciado y ha padecido, ¿qué es lo más importante para usted? Y el Doctor Cabrera respondería sin dudar: el amor.

El doctor Cabrera nos habla sobre criminología, actualidad forense, sucesos y, también, de amor.

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