Es normal que el Gobierno de Sánchez se entere de todo por los periódicos, que es lo que pasa cuando no quieres enterarte de nada. Luego, claro, todo son sustos y caras de bobo o de hipo, como si todos los ministros fueran Albares. Enterarte de que Marruecos, el socio fiable, está detrás de lo de Ceuta, y enterarte después de haber vuelto de vacaciones como un rey del veraneo, como si fueras Georgie Dann, y enterarte además porque te lo saca Pedrojota, especialista en dar sustos con el periódico como el que da sustos con la linterna en la cara, debe de ser un gran golpe. A Marlaska parece que lo despertó la noticia, como un trueno o un relincho, allí en su castillo ceniciento (yo creo que lo de Marlaska no son canas ni telarañas, son como las cenizas perennes de deshollinador que le ha dejado su trabajo de ministro quemado pero inmortal). Enseguida se levantó Marlaska en batín a escribirle una carta a su propio director de la Policía, como un personaje de Agatha Christie en el Orient Express. Le reprochaba no saber él una información tan sensible, desveladora y desvelante. Pero la verdad es que lo que le ha mandado investigar la jueza a la policía se lo podía haber mandado investigar antes Interior. Es más, lo debería haber hecho. Claro que quién iba a imaginar que fuera Marruecos...
Sánchez, vestido de sir en la SER, exculpó a Marruecos y señaló a Putin y hasta a Elon Musk por el crimen, como a dos pálidos mayordomos. Sus ministros, en una especie de conga entre la reverencia, la camballada y el espasmo, lo precedieron y lo siguieron, con un Albares a la vez estelar y ridículo que parecía hacer equilibrios con poni y sombrillita. Nadie se explica esto porque no tiene explicación salvo la rendición de Sánchez, sea por chantaje o sea por regalías. Sólo el sanchismo negaba la participación de Marruecos, el buen cooperador, el amigo y vecino que, a pesar de todo, reclama la soberanía de Ceuta, Melilla, el Sáhara Occidental y hasta las Canarias, además de reclamar su orgulloso medievo de reyes niños y camelleros crueles, o al revés. Negando el sentido común, la historia, nuestros propios ojos y otras evidencias (esos vídeos de los agentes marroquíes descargando inmigrantes de los camiones, como braceros ilegales, habían sido verificados ya los primeros días por Newtral); negando hasta su propia cara descompuesta, Marruecos seguía siendo para el Gobierno aliado, colaborador y hasta fantasía de verano, como una Mareta bereber. Y Sánchez, o Albares cuando faltaba Sánchez para la reverencia con revoloteo y descuajeringamiento, seguía siendo “un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo”, esa españolada de la adulación que es sublime porque es cierta, falsa, exacta y exagerada, todo a la vez. Ahora ya tenemos informe de la policía, y ni así.
Que el informe lo pida la jueza significa que Interior no lo pidió. Y si Interior no lo pidió sólo puede significar que no querían saber
Tenemos informe, que es mucho más que lo que podemos decir sobre la participación de Rusia, que a mí me parece que ha sido simplemente novelada a partir de esos trenes nevados de los espías, y sobre todo de la necesidad de Sánchez de novelas, de trenes, de nieve y de espías que nos lleven lo más lejos posible de la realidad y de su responsabilidad. Ya tenemos informe, y la reacción del director de la Policía, después de recibir la carta transiberiana y poirotiana de Marlaska, ha sido negar, también, que sea verdad lo que ven nuestros ojos. Interior nos explica que en realidad el informe no dice expresamente que las fuerzas de seguridad marroquíes estén detrás de lo de Ceuta (nos recuerda a lo de la “magnitud exacta” de la crisis). El informe, según nos contaban aquí Sara S. Bas y Sara Méndez, que ahora imagina uno como dos redactoras surgidas de la nieve, menciona que se aprecia un proceso “previamente definido” al combinarse una “escasa presencia de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de Marruecos” en puntos clave y un “guiado activo de la masa hacia los lugares de paso por parte de esas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad”. Bastante expresa y expresiva parece la cosa. Marlaska, sin embargo, que se levantó con gorro de dormir y candelabro, esperaba la pistola de nácar o el abrecartas ensangrentado junto a la diadema ensangrentada. O al menos espera que lo espere el españolito, que él cree que es un ser entre fantasioso y tonto.
Si el Gobierno no se había enterado es incompetente, si se había enterado y no ha hecho nada es perverso o ya delincuente (pronto se hablará de traición sin que suene a don Mendo). Como ocurre con todo el sanchismo, las cosas van siendo simplemente lo que parecían, de la corrupción a la fontanería, aunque eso no les ha frenado. La escapatoria será una nueva conjura ultra sumada a la anterior, una nueva cloaca sobre las cloacas precedentes, que ya van haciendo como una pirámide negra y chorreante, igual que una fuente de chocolate. O sea, dirán (ya lo están diciendo los muñecotes) que la Policía ocultó esa información. Algo increíble, no ya porque nos dé más confianza la Policía que Sánchez, sino porque investigar el papel de Marruecos tendría que haber sido una orden de Interior. O sea, Interior tendría que haber reclamado ese informe y tenerlo hace mucho. Aunque la policía patriótica o fachosférica les hubiera colado un informe falso o inexacto, diciendo que al otro lado de la frontera sólo estaban Putin y Musk vendiendo flotadores, existiría un papel y nos lo estarían enseñando. Que el informe lo pida la jueza significa que Interior no lo pidió. Y si Interior no lo pidió sólo puede significar que no querían saber. Este argumento les haría aún más culpables que cegatos.
De lo que uno no se quiere enterar es precisamente de lo que ya sabe, para que no se sepa que lo sabía
Por supuesto, es inverosímil que este Gobierno se haya enterado por los periódicos de nada, ni de lo de Marruecos ni de lo de Ábalos (puede que desconociera el informe, pero no lo que describía ese informe). Incluso antes del informe, que no ha sorprendido a nadie salvo a este Gobierno de falsos soponcios, no había más posibilidad que la negligencia o la intencionalidad. En cualquier caso, eso debería acabar con Marlaska arrojado de su vagón litera, todavía con redecilla para el pelo y liguero para los calcetines y el bigote, y con Sánchez expulsado de sus vacaciones eternas y de pies negros. Pero resulta que, además, la excusa del informe ocultado los convertiría en más culpables todavía. Un presidente del Gobierno, aunque esté todo el tiempo en pelota o vestido de buzo en la Mareta o en la Moncloa, no se entera por los periódicos ni de lo bueno ni de lo malo. Ya lo sabe todo, porque su supervivencia depende de eso. De lo que uno no se quiere enterar es precisamente de lo que ya sabe, para que no se sepa que lo sabía. Eso es lo que les pasa ahora, que tienen el susto de haberse enterado de lo que ya sabían, y de que lo sepa todo el mundo. Y es un susto cierto, falso, exacto y exagerado, todo a la vez. Sí, es más otra españolada o sanchistada que una novela de trenes, conspiraciones y ventiscas. Quién iba a imaginarlo.
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