El ropaje reversible de la moral se despliega sobre las tablas del Teatro Fernán Gómez en la versión que Raúl Losánez y la dirección a cuatro manos de José Luis Arellano y Mabel del Pozo han levantado de Un señor... cualquiera.
De la mano de la compañía LaJoven, esta propuesta nos sumerge de lleno en la herencia de una artista excepcional: Mercedes Pinto. Avanzada a su tiempo, defensora incansable de los derechos de las mujeres y profundamente implicada en actividades sociales, culturales y políticas, Mercedes Pinto resuena hoy con una vigencia apabullante, encarnada en el espíritu indómito de su alter ego o su voz de denuncia, Sor Suplicio.
Un matrimonio, un hijo, un amante y una sombra son los personajes que nos guiarán por esta historia. A través de ellos, las interpretaciones rotundas y frescas de Paula Feror, Raúl Martín y Helena Lanza nos demuestran cómo los valores éticos cambian según las circunstancias.
LaJoven no solo invita a descubrir una obra llena de misterio, emoción y denuncia, e incluso un poco de humor. Nos previene contra los peligros de dejar de luchar por lo que se desea, firmando un bellísimo acto de amor por el teatro y por las mujeres que lo habitan.
La crónica de este montaje se teje entre la luz de la reivindicación y las sombras de una época opresiva, guiada por ejes emocionales y conceptuales: a saber, la rebelión contra el silencio. Frente a la persistencia en el balbucir sonoro de hombres cualquiera y la asfixiante monotonía en las vidas y silencios oscuros, la obra alza la voz de las creadoras.
Hacia el grito final
La rigidez del patriarcado: ellos se nos presentan como señores de bronce o mármol, fríos, a sus intereses, rotundos, estatuas de una moral inamovible. Mientras tanto, ellas buscan la emoción, no mitigar los instintos, no dejarse avasallar.
En el escenario, el anhelo de libertad pesa sobre la imagen de la faz desencajada mirando una ventana sin poder alcanzar el exterior. No hay aquí una presunción de nada, solo intento de libertad.
La propuesta habla de la pasión mitigada, el cuerpo amanecido buscando respuestas y la fugacidad de las relaciones, asumiendo con madurez que no existe el estado perfecto, es la complejidad del deseo.
Se vuelve vital saber el ayer para no caer en los anteriores errores, memoria y futuro, y defender el derecho a la identidad a partir de lo que me dejen hacer, la ambición emocional no debe cercenarse.
Toda la puesta en escena converge en un grito final, un viaje para buscar la luz, la verdad, la sinceridad y proclamar, frente a la invisibilidad histórica, una certeza inapelable: existo y me valgo por mí misma.
'Un señor... cualquiera', de Mercedes Pinto, en versión de Raúl Losánez, en el Teatro Fernán Gómez (Sala Jardiel Poncela) hasta el 4 de octubre
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