El jueves por la noche miles de personas marcharon desde la Puerta del Sol hasta la calle Sáinz de Baranda para rendirle homenaje a Maricarmen Abascal, que murió en el Hospital Gregorio Marañón un día antes. Los congregados en la marcha –20.000 según la Delegación del Gobierno– portaban fotografías de Maricarmen, eslóganes contra los rentistas y banderas republicanas. Su consigna más coreada: "¡No es una muerte, es un asesinato!".
Este viernes, el presidente del Gobierno daba su primera entrevista tras la convocatoria de elecciones a elDiario.es. Su titular recoge la esencia de la conversación: "Es hora de que el Parlamento se parezca a la calle y no a quienes viven en aticazos". Pedro Sánchez explicaba por qué le parecen bien las manifestaciones callejeras: "Se están movilizando por causas sociales y eso creo que dice mucho del país que somos; un país que quiere seguir avanzando en términos sociales". Por último, aclaraba cómo valora él la convocatoria de la huelga general por parte de CCOO y UGT: "Esta movilización es producto de una contestación ante el Parlamento, que dice 'no' a una demanda legítima de solidaridad y empatía".
Vemos pues al presidente muy enchufado con esto de las manifestaciones y la huelga. No se siente concernido por las reivindicaciones de esa movilización; al contrario, la ve como una prueba de que sus políticas han sido las correctas. Como dijo María Jesús Montero, su número dos en el partido: "Esta es una huelga contra la oposición". Las manifestaciones, también.
Algunos periódicos (fundamentalmente El Confidencial y ABC) han hecho un esfuerzo por saber qué hay detrás de la concentración de Sol, una especie de Instituto Smolny de nuestra particular revolución contra los desahucios. El Sindicato de Inquilinas, que fue el primero que reivindicó la lucha de Maricarmen, de clara inclinación hacia la izquierda, cada vez pinta menos en Sol. Las sindicalistas inquilinas han sido desplazadas fundamentalmente por la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS), organización hermana de la vasca Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), que se dio a conocer fuera del País Vasco por su boicot a la Vuelta Ciclista a España y por las agresiones a aficionados de la selección española de fútbol en el último Mundial. Su rama juvenil puja con las juventudes de Bildu en la universidad vasca y les gana en radicalidad. Sol ha atraído a un total de 39 organizaciones de lo más variopinto: Ariskas, Liga Gamberra Basket, Orgullo Vallecano, Liza... Son algunos de los nombres de esos colectivos ante los que la izquierda tradicional se arrodilla.
No se ha visto en Sol a las Juventudes Socialistas, ni a miembros del PSOE acampados bajo la lluvia. Han sido los grupos más radicales (desde pro palestinos a anarquistas, pasando por marxistas revolucionarios) los que han capitalizado las movilizaciones contra los rentistas.
El presidente quiere ser el adalid de la calle, pero la calle a la que él escucha pide revuelta y república, reivindicaciones que no casan con un PSOE acostumbrado a ser partido de Estado
¿Esa es la calle a la que el presidente quiere que se parezca el Parlamento? Esos grupos, por mucho ruido que hagan, juntos no llegarían ni a tener grupo propio en el Parlamento. Pero, a pesar de su escasa representatividad, le marcan el camino a seguir a toda la izquierda. Un poco vergonzante para un partido como el PSOE, que ha sido el que más tiempo ha gobernado España desde que murió Franco. Desde luego, no creo que haya muchos acampados que voten al PSOE.
Justo el viernes se hicieron públicas varias encuestas cuyo trabajo de campo se hizo tras la convocatoria de elecciones anticipadas. Con alguna variación, el consenso entre ellas refleja una fuerte subida de Vox, que superaría los 60 escaños (casi el doble de los que tiene ahora); un mantenimiento a la baja del PP (entre 130 y 140 escaños); una caída del PSOE hasta los 110 escaños, y un hundimiento de la extrema izquierda, que, en el mejor de los escenarios, alcanzaría entre 13 y 15 escaños (la mitad de los que tiene ahora). Es decir, que el bloque de la derecha llegaría a los 200 escaños y el bloque de la izquierda apenas rozaría los 140 escaños (sumándole ERC y Bildu).
Esta es la fotografía ahora, pero aún quedan siete semanas para el 29-N. Las cosas pueden cambiar mucho en ese plazo, aunque es improbable que en tan poco tiempo la izquierda llegue a sumar más que la derecha.
Una de las razones de la caída del PSOE es la transferencia de votos que ha sufrido en estos últimos tres años hacia el PP; caída que no compensa con los que gana por su izquierda. El resultado es un PSOE más minoritario pero más radical.
Si Sánchez insiste en sus políticas, y en estas siete semanas va a seguir utilizando la Diputación Permanente del Congreso y el Consejo de Ministros para ello, lo más probable es que el PSOE se quede más o menos como está; pero, eso sí, tras haber canibalizado a la extrema izquierda. Esta insistencia en el error –en lugar de intentar volver a conquistar a una parte de su votante tradicional que se le ha ido al PP o a la abstención– sólo se puede interpretar como una táctica que persigue no sumar para formar gobierno, sino colocar a Sánchez como líder indiscutible de toda la oposición para una legislatura gobernada por PP y Vox que el todavía presidente tratará de acortar al máximo utilizando para ello la movilización y las huelgas. Los sindicatos no le harán ascos a esta hoja de ruta, sino todo lo contrario.
A partir de 2027 desaparecen los fondos europeos, que le han servido al Gobierno para capear la crisis del Covid sin recortes y para dar ayudas a los combustibles, que han aliviado a los conductores y han moderado los precios. Sin embargo, la inflación ya comienza a ser una amenaza. El Gobierno que salga de las elecciones tendrá que lidiar con alzas de precios y demandas de mejores salarios. Todo ello en un contexto europeo dominado por la inestabilidad (con unas elecciones en Francia cruciales) y unas guerras en Ucrania y Oriente Medio a las que no se les ve fin. No lo va a tener fácil el próximo Gobierno, y mucho menos si tiene a los sindicatos en contra y a la calle dominada por los radicales.
El PP, por su parte, no ha sabido gestionar el deterioro de la situación política, marcada por la corrupción y, en esta última fase, por la vulneración de nuestra frontera en Ceuta. En lugar de optar por un perfil institucional moderado se ha dedicado a competir con Vox en su extremismo. Y a Abascal en eso no le gana nadie.
Una alternativa PP/Vox en la que el partido de Abascal representara un tercio de los votos daría a Feijóo la posibilidad de ensayar un programa sensato, dirigido a la mayoría de los españoles. Pero una ecuación en la que Vox va a suponer casi la mitad de los escaños del PP convierte al líder popular en rehén de las políticas más extremas en campos sensibles como la inmigración.
Este es, además, el escenario que preferiría Sánchez en caso de no poder formar gobierno.
El calendario judicial del PSOE y del presidente tampoco augura una legislatura tranquila. El ataque a los jueces (con especial predilección por los del Supremo) continuará tras el 29-N.
Junten todos estos elementos y les saldrá un cóctel explosivo.
Si Sánchez no logra llevar la calle al Parlamento, utilizará la calle para amedrentar al Parlamento.
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