Ciudadanos no existía en Galicia hace cuatro años. Tampoco en el País Vasco. Y sin embargo, ahora acaricia el sueño de obtener representación en sus parlamentos autonómicos. Las posibilidades de que la formación naranja debute en la Cámara vasca tienen visos de realidad en la provincia de Álava, el lugar escogido por C’s para cerrar este viernes la campaña, y donde un puñado de votos va a decantar el escaño hacia el partido de Albert Rivera o el PNV de Iñigo Urkullu.

La última encuesta publicada por la cadena pública vasca EiTB mantiene que C’s estaría a menos de 100 votos de conseguir en Álava su primer y único escaño en el Parlamento Vasco. En esta provincia, al ser la menos poblada, se necesitan menos votos para que un partido consiga un escaño. Es decir, el escaño «es más barato», resume Jon Urresti, director de Investigación de la empresa encuestadora vasca Gizaker, encargada de realizar el estudio. Mientras que en Vizcaya se necesitan 23.000 votos para conseguir uno de los 25 diputados asignados a cada territorio, en Guipúzcoa son necesarios 23.000, y en Álava se reducen a 5.500 para acceder a la cámara.

En 2009, EA ganó un escaño por 8 papeletas y lo perdió tras el recuento del voto por correo

«Ciudadanos tiene un 3,4% y si tuviera un 3,5% lograría el escaño», apunta Urresti. Un 0,1% de diferencia entre el primer representante naranja, o el octavo del PNV. En las elecciones vascas de 2009 ya hubo un precedente similar en esta provincia, donde las votaciones, muy ajustadas, dieron a Eusko Alkartasuna un escaño por 8 votos de diferencia. Días después, tras el recuento del voto por correo, lo perdió en favor del PSE.

Redirigir la campaña a Vitoria

Esta lucha por los cien votos ha hecho que Ciudadanos decidiera «reorganizar la campaña» esta última semana y centrarla en Álava, señala Fran Hervías, el secretario de Organización. Así, han tenido más presencia en Vitoria, su capital, donde estaría su principal nicho de votantes y donde han tenido más presencia tanto el líder de la formación, Albert Rivera, como el candidato Nicolás de Miguel. Este cambio en el curso de la campaña ha hecho que algunos de los encuentros previstos se hayan suprimido y sustituido por actos a la calle, en un intento de conseguir calar a sus electores potenciales con una «campaña de cercanía», apunta Hervías.

La posibilidad real de obtener representación en el País Vasco ha dado oxígeno a Ciudadanos en la recta final, y ahora tratan de movilizar a la población para que acuda a las urnas, después de que en las generales del 26 de junio perdieran casi un 20% de los votos respecto a los comicios del 20 de diciembre. El mensaje de «son 100 votos» ha sido ampliamente difundido por el partido, que trata de utilizarlo como «motor de movilización» en Álava, para transmitir «la idea de que estamos muy cerca», apuntan fuentes de la dirección.

C’s lleva al País Vasco el discurso que ya emplea en la Cámara catalana ante el desafío independentista

Además de difundir la idea de que unos pocos votos pueden «marcar la diferencia» en el Parlamento vasco, la formación también emplea otras estrategias para arañar el centenar de papeletas que pueden dar continuidad a la expansión de Ciudadanos, que ha entrado ya en doce cámaras autonómicas. En la dirección del partido perciben la entrada en la cámara como crucial, puesto que sería una forma de «consolidar esta presencia» del partido a nivel nacional y porque un diputado podría ser determinante en la aprobación de determinadas leyes en un parlamento previsiblemente fraccionado.

Este escaño también tendría especial simbolismo importancia al tratarse de un lugar de especial trascendencia por «la importancia política de lo que allí se discute». Allí se plantea un desafío independentista con ciertas similitudes al que tiene lugar en Cataluña, donde C’s se ha posicionado como principal partido de oposición y donde mantiene un discurso claro y contundente. Así, desde el partido transmiten la idea de que pueden aprovechar «la experiencia y el posicionamiento» adquirido en Cataluña para hacer un discurso para un escenario «no igual», matizan, «porque tienen sus diferencias y matices, pero sí situaciones que de alguna forma se pueden comparar».

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Esto lo han querido personificar en la líder de la formación en Cataluña, Inés Arrimadas, que ha participado en la campaña electoral vasca como símbolo del constitucionalismo frente a las fuerzas rupturistas. Un mensaje del que se ha hecho eco la propia Arrimadas, que esta semana se ha trasladado a Vitoria para llevar al País Vasco el impulso que ya tienen en Cataluña.

En su decisión de enfocar la campaña en Álava también influye otra circunstancia: éste es también el lugar donde UPyD consiguió un diputado en las elecciones de 2012, Gorka Maneiro, que ahora es portavoz nacional de la formación magenta, que se encuentra en pleno proceso de reestructuración. El partido fundado por Rosa Díaz decidió no presentarse a los comicios del 26-S y este cúmulo de casualidades han sido explotadas por C’s, que intentará llegar al electorado de UPyD, ahora huérfano, en la misma provincia donde consiguió representación. Una muestra de ellos fue la presencia de personajes alineados con UPyD, como Fernando Savater, a actos de campaña.

La estrategia de campaña pasa por captar al electorado huérfano de UPyD

«La gente que en su día votó a UPyD también es el mismo nicho sociológico y puede votar Ciudadanos», señalan las fuentes de la formación. Otro sector de la población en que se vuelca la formación son los antiguos votantes de los partidos tradicionales, PP o PSOE, que hasta ahora iban a las urnas «con desencanto» o, como ha repetido en varias ocasiones Albert Rivera, lo hacían «con la nariz tapada».

C’s quiere recoger el legado electoral de UPyD, que sin embargo ve esta estrategia como un modo de «confundir» a la población, según resalta Maneiro, su portavoz nacional. Aunque respeta que figuras como Savater pidieran el voto por C’s -después de que UPyD no se presentara por no poder ofrecer «todas las garantías»-, el diputado por Álava se desmarca de la tesis de que ambos partidos pueden compartir electorado. «Somos distintos», subraya. «Nuestra labor ha sido histórica, clara, nunca nadie antes se había atrevido a plantear determinadas cuestiones».

El dirigente marca distancias y lamenta la «neutralidad» que el candidato de Ciudadanos Nicolás de Miguel ha mantenido, en su opinión, ante temas como el Concierto Económico, lucha contra los nacionalismos o una política lingüística que defienda los «derechos de los castellanohablantes». «Tenemos que decir que no», mantiene Maneiro, «que el legado es nuestro, de UPyD, de quienes hicimos ese trabajo».

La Coruña y Pontevedra, las dos apuestas

Si la entrada de Ciudadanos en la Cámara vasca sería por Álava, la irrupción de ciudadanos en el Parlamento gallego lo haría por Pontevedra, donde las últimas encuestas del CIS le dan entre 0 y 1 escaño, o en La Coruña, donde encuestas como Metroscopia también le otorgan un representante. En estas dos plazas es donde la formación ha centrado sus últimos esfuerzos, aunque será Pontevedra el lugar elegido para que Albert Rivera, junto a Juan Carlos Girauta y la candidata de C’s Galicia, Cristina Losada, cierren la noche del viernes la campaña electoral.

Si en el País Vasco, la presencia de Ciudadanos tiene un carácter fuertemente simbólico, en Galicia pretenden ser la llave de Gobierno, imponer condiciones e impulsar reformas; una intención que quedó patente ayer, con la presentación de las 30 propuestas para un hipotético pacto de Gobierno con el popular Alberto Núñez Feijóo. Sin embargo, estos apoyos no serían en vacío. La labor que el partido naranja quiere hacer en el parlamento gallego es similar a la que lleva a cabo en administraciones como la Comunidad de Madrid, Andalucía o Murcia, y dará muestra de ello con representantes regionales como Ignacio Aguado o varios representantes de la Región de Murcia.