La pugna por el control de Podemos ha abierto el partido en canal. Los distintos sectores suman fuerzas y, de momento, se polarizan entre dos grandes focos: Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, las dos ‘almas’ del partido.

El secretario político de Podemos es el referente de una parte de la organización que ya supera el ‘errejonismo’ para convertirse en un auténtico sector crítico. El hecho de que se hayan sumado a sus tesis antiguos ‘pablistas’ como Tania Sánchez o Miguel Vila muestra la heterogeneidad y empuje de este movimiento interno. Los dos sectores libran una dura batalla por el control del partido en la Comunidad de Madrid, Extremadura, Andalucía y una docena de consejos locales. En todos el conflicto es común: Los críticos acusan al aparato de autoritarismo y de construir un partido hermético. El ‘pablismo’, por su parte, les reprocha su «domesticación».  La organización llega así a las puertas de su congreso, que debe celebrarse a finales de año o comienzos de 2017.

Los críticos acusan a Iglesias de estalinista y el aparato reprocha a Errejón su domesticación

Por su parte, Iglesias vuelve a sus orígenes y se alía con el ala más izquierdista de la organización, los anticapitalistas, y con su principal referente, Teresa Rodríguez, secretaria general de Podemos Andalucía. La dirigente gaditana ha aprovechado el cambio de actitud del secretario general y el proceso interno abierto en Madrid para consolidar su posición en Andalucía. Rodríguez comparte la preocupación del secretario general por la ‘institucionalización’ del partido. Ambos temen que Podemos pierda su «frescura y su rebeldía» para convertirse en un «partido amable» más dentro del sistema. Por eso quieren demostrar su fortaleza frente al adversario: «los burócratas, los corruptos y los austericidas».

Hace año y medio, cuando se constituyó Podemos Andalucía, la primera federación que se enfrentó a elecciones en España y que entró en las instituciones, Iglesias y Errejón compartían un proyecto común basado en la tesis de la transversalidad para llegar a la mayoría social. Iglesias era la cara mediática y Errejón controlaba el aparato del partido a través del secretario de Organización, Sergio Pascual.

Por su parte, Rodríguez se situaba en el sector crítico, como líder de Izquierda Anticapitalista. Como tal presentó candidatura alternativa a la de Iglesias junto a Pablo Echenique en la asamblea de Vistalegre. En ese contexto, Rodríguez y el aparato (Errejón y Pascual) alcanzaron un acuerdo: ella sería la secretaria general y candidata en las autonómicas, pero ellos mantendrían la mayoría en el Consejo Ciudadano Andaluz. Es decir, ellos tendrían la última palabra a la hora de tomar decisiones como la conformación de las listas electorales.

El retorno ideológico de Pablo Iglesias le reencuentra con Izquierda Anticapitalista

Rodríguez ha sabido navegar con las manos atadas y sacar adelante su proyecto poco a poco. Siempre ha sentido una destacada afinidad con Pablo Iglesias y sus discrepancias se circunscribían al aparato estatal. Por este motivo, la guerra abierta entre el secretario general y el secretario político le ha brindado una doble oportunidad. Por un lado, abre el proceso en Andalucía para hacerse con la mayoría del Consejo Ciudadano y el control de la organización. Por el otro, apuntala a Iglesias en la guerra interna, consiguiendo una alianza política que vaya más allá de la comunidad autónoma y que reorienta la organización hacia sus raíces ideológicas.

El viraje de Pablo Iglesias hacia la izquierda previo al 26-J ha sacudido los cimientos de la organización. En Podemos convivían dos ideologías: el izquierdismo radical y la estrategia de la transversalidad, rayana en el peronismo, y consistente en apelar a las necesidades del pueblo como leit motiv. Hasta las elecciones del 26-J, Pablo Iglesias abrazaba la segunda. No obstante, tras su ruptura con Errejón y el acuerdo alcanzado con IU para concurrir juntos a los comicios, todo cambió. Dentro y fuera de Podemos, muchos piensan que Iglesias recuperó su historia personal, sus iconos y sus ritos, desde el abrazo con Julio Anguita hasta la aparición de banderas con la hoz y el martillo en los mítines del partido. La teoría del sorpasso fue su coartada, aunque quizás, en la decisión pesó más su corazón. Los mitos republicanos de la izquierda ocuparon un lugar destacado, pese a que apenas conectan con la generación nacida después de 1978, el principal caladero de votos de Podemos.

Tras el fracaso de la confluencia, ambos sectores firmaron un entente en el Consejo Ciudadano. No se culparían mutuamente ni alegando la coalición con IU, ni por la mano que se había tendido al PSOE. Sólo se reconoció como error uno colegiado: la gestión de las negociaciones de investidura tras el 20-D. Esa paz ha durado poco. De hecho, el propio Iglesias la ha roto al acusar a Errejón en Twitter, precisamente, de la caída electoral del partido el 26-J.

A esa discrepancia se suma ahora otra vital: qué hacer ante la situación de bloqueo político que sufre el país. Mientras Iglesias se queda solo defendiendo las terceras elecciones, Errejón aúna el sentir mayoritario de la organización de intentar alcanzar un acuerdo de investidura con el PSOE. Se lograría así un gobierno en solitario de Pedro Sánchez que se comprometa a ejecutar los principales compromisos electorales de Podemos. Frente a esa opción, el secretario general se empeña en defender un «gobierno conjunto», consciente de que los barones socialistas ni Ciudadanos lo permitirían. Es decir, pide lo imposible para abocar a elecciones.

En este contexto, la alianza de Iglesias con Rodríguez y los anticapitalistas es todo un balón de oxígeno para Pablo Iglesias. Por el contrario, las confluencias se sitúan más en la órbita del secretario político, que siempre ha defendido la plurinacionalidad frente al afán centralista del secretario general. Tanto presionó Iglesias a En Marea para que acudieran como confluencia con Podemos en vez de como partido propio que a punto estuvo de romper esa colaboración. Por su parte, Compromís, que gobierna con el PSOE, y En Comú Podem también son proclives a dejar gobernar a Pedro Sánchez.