El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, volvió a pensar en voz alta y romper la omertá que Mariano Rajoy ha impuesto a los suyos para no interferir en el debate del PSOE. Fue este miércoles durante un almuerzo en el que vino a vaticinar elecciones en mayo del año que viene si no hay posibilidad de aprobar reformas presupuestarias en unas cuentas del Estado ya prorrogadas para 2017.

A juicio de Moncloa, el titular de Exteriores «está fuera de control» y «va por libre», fiel a su estilo. Otro miembro del entorno de Rajoy, quizá mas benévolo, no deja de manifestar con cierta maldad que las palabras del ministro responden a que «la gente se está aburriendo mucho» en este periodo de interinidad, lo que no deja de ser una desautorización en toda regla. El PP coincide en el diagnóstico: «Va por libre» y niega un alto dirigente de esta formación cualquier tipo de nueva estrategia diseñada al respecto.

Las declaraciones de Margallo recuperan la idea de ‘legislatura del chantaje’ que acuñó Pedro Sánchez

Las manifestaciones de Margallo vienen a dar la razón a Pedro Sánchez, en el sentido de que el PP no se conformaría con la investidura sino que más tarde exigiría el apoyo de los socialistas para sacar adelante los Presupuestos. Es lo que el ex líder del PSOE llamó la «legislatura del chantaje». Durante días, ese fue el mensaje al que se abonaron no pocos ministros y miembros significativos del PP hasta que Rajoy cortó por lo sano, consciente de que se iba creando una corriente de opinión pública que cuestionaba que elevaran el listón de exigencias a los maltrechos socialistas. De ahí el malestar con que el titular de Exteriores vuelva a recuperar el tema, no tanto porque no piensen que va a ser una legislatura compleja y en precario, como por la inoportunidad del momento.

‘Margalladas’

No es la primera vez que Margallo se convierte en un verbo suelto, hasta el punto de que en esta legislatura se ha acuñado el término «margallada». Él, por su parte, hace alarde de hablar con libertad, lo que es una de sus principales virtudes para sus interlocutores pero, también, un gran quebradero de cabeza para la estrategia informativa de Presidencia y Génova.

El ministro hace alarde de hablar con libertad, pero supone un quebradero de cabeza para la estrategia de Presidencia y Génova

Cuando Moncloa no quería ni oír hablar de reforma constitucional, Margallo contaba a todo el que quisiera escucharle que había entregado un documento a Rajoy con todos los artículos que había que modificar, en total 41, entre ellos algunos referidos a apartados tan sensibles como el 149, de las competencias exclusivas del Estado, o el 155, sobre las condiciones de intervención, que no suspensión, en una autonomía. Otra vez se enredó precisamente con el debate de la aplicación del artículo 155, que volvió a nombrar este miércoles, para frenar al independentismo catalán. A él se le atribuyó también el rumor del pasado mes de enero de que se estaba promocionando para sustituir a Rajoy en caso de que Ciudadanos exigiera su cabeza al objeto de hacer viable la legislatura tras las elecciones del 20-D.

Su debate televisado con Oriol Junqueras en septiembre de 2015 levantó ampollas en muchos de sus compañeros de filas, y tampoco se molesta por ocultar sus malas relaciones con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, –al que llamó «ágrafo»– y con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, como cabecilla del llamado G-8, ahora diezmado. Con 72 años, se le considera de salida del gabinete ministerial, con pocas posibilidades de seguir pero con gran ascendencia sobre el inquilino de la Moncloa, del que es amigo personal y del que puede acabar siendo asesor aúlico.