Como la pequeña Carol Anne, cuando una noche despierta  y comienza a conversar con el televisor en Poltergeist, los rubalcabistas han cruzado al otro lado de la pantalla. Y no van a salir de la tele en toda la semana hasta convencernos de que investir a Rajoy es el camino. Ya están aquííííí.

Esta mañana emanaba una voz del televisor: “Abstención no es apoyo. Es desbloquear la política y luego hacer valer tu mayoría parlamentaria para cambiar las políticas de Rajoy”. No teman, no era un espíritu, era Alfredo Pérez Rubalcaba en Telecinco. Ya están aquíííí.

Eduardo Madina el miércoles en La Sexta: «El debate es entre quienes quieren elecciones y entre los que queremos comenzar a desmantelar la obra política de Rajoy». El martes, Javier Fernández:  “Hay una disyuntiva, una elección: abstención o terceras elecciones». Ya están aquíííí.

No van a salir de la tele en toda la semana hasta convencernos de que la abstención es el camino.

A los sanchistas no les bastará con apagar el televisor para dejar de oír estas voces. También han tomado la radio. Volver a las urnas, «sería malo para España y para el socialismo», decía Maru Menéndez el lunes en La Brújula de Onda Cero. Y Elena Valenciano y Guillermo Fernández Vara ya han hecho lo propio en La Ser. Lo siento por la militancia, pero los tienen rodeados. Ya están aquíííí.

Atrás quedan los tiempos en que los dirigentes del PSOE de Rubalcaba (no el de ahora, sino el de 2013) decían aquello de que la política no se hace en los platós. «Mucha coleta en televisión para fragmentar el centro izquierda», denunciaba el año pasado el asturiano Javier Fernández. Se quejaba el ahora presidente de la gestora socialista del caso que los medios hacían a Podemos. La verdad es que su partido ha tenido que sufrir una hecatombe para que le hicieran hueco a él en el prime time.

Mucha coleta en televisión para fragmentar el centro izquierda», decía Javier Fernández sobre Podemos

La vieja guardia socialista se ha pasado un par de años murmurando que hay un ser maligno detrás de la pantalla sin entender muy bien de qué iba aquello. Y no lo digo por Iglesias, al que un share resultón catapultó de tertuliano a diputado. Sino por Pedro Sánchez, que cuando llegó a la secretaría general y empezó a llamar a Sálvame lo sintieron en Ferraz como herejía. Y ahora que sus revueltas palaciegas se han cargado a la bestia telegénica quieren volver a controlar los rayos catódicos susurrando a la militancia, y a la pequeña Carol Anne, con su manita apoyada en la pantalla, que vayan a la luz: ¡Abstención! ¡Abstención!

En Poltergeist, al final, la casa implosiona en otra dimensión, para asombro de los espectadores. Veremos qué pasa el domingo en Ferraz.