El británico Nick Clegg (49 años) era hasta hace poco uno de los referentes de Albert Rivera (36 años), el líder de Ciudadanos. Los dos cumplían la figura de jóvenes promesas, con carisma y grandes ambiciones. Sin embargo, la proyección de Clegg empezó a truncarse en 2010, cuando las elecciones generales de Reino Unido dejaron un hung parliament -un parlamento colgado-, una expresión que se refiere a escenarios en los que nadie cuenta con la mayoría en la cámara , tal como ocurre en el Congreso español.

El por entonces líder de los llamados lib dems -del partido Liberal Demócrata- sustentó su dicurso en la «responsabilidad» para evitar el bloqueo y justificar su entrada en el Gobierno con el conservador David Cameron, del que fue su viceprimerministro. Durante su mandato, Clegg no supo imponer sus políticas liberales, lo que le pasó factura en las siguientes elecciones, en mayo de 2015, donde pasó de 57 a 8 diputados, para convertirse en una fuerza residual en la política británica.

Las situaciones británica y española tienen diferentes grados de complejidad

El papel de Ciudadanos en la legislatura que comenzó este sábado con la investidura de Mariano Rajoy guarda semejanzas con aquella situación y con la postura que mantuvo entonces Clegg, que tras su derrota dejó de liderar el Partido Liberal. En esta ocasión, el apoyo de Ciudadanos también ha sido imprescindible para la formación de Gobierno, aunque las situaciones no fueron las mismas; mientras que Clegg accedió al Gobierno desde un primer momento, la situación a la que se ha enfrentado C’s tiene «mucha más complejidad política», resume el asesor político Euprepio Padula, que no cree que ambas situaciones sean comparables debido al fuerte bloqueo del caso español. «Rivera, desde el principio, ha hecho todo lo contrario que Clegg. Ha sido el enemigo feroz de Rajoy, ha sido la competencia directa porque ocupaba un espacio hasta entonces sólo ocupado por el PP», apunta, aunque el discurso se truncó en la campaña del 20-D, en la que perdió fuerza un partido al que algunas encuestas daban como ganador.

C’s se diferencia de Clegg apelando a que no han entrado en el Gobierno

Desde Ciudadanos marcan las distancias con Nick Clegg con una de la tesis tantas veces repetida por Rivera: «No vamos a entrar en un Gobierno que no presidamos». Ésa es, para la formación naranja, la diferencia más clara respecto al liberal demócrata británico.»Precisamente nosotros no estaremos en el Gobierno, por lo que la situación no tiene nada que ver. Estaremos en la oposición y defenderemos nuestras propuestas», explica José Manuel Villegas, vicesecretario general de C’s. Esta pulcritud en las distancias, sin embargo, podría no ser del todo efectiva, en opinión de Padula, que cree que entrar en el Ejecutivo y dirigir algún ministerio representativo serviría para tablas a la formación, puesto que «no solo tendría más poder, sino que podría demostrar lo que vale».

Uno de los retos que plantea Padula es el fortalecimiento del partido, que en apenas dos años ha dado el salto desde Cataluña al ámbito nacional, con un crecimiento muy rápido con dos únicos referentes: su presidente Albert Rivera y la líder en Cataluña, Inés Arrimadas. Una situación que también guarda semejanzas con el partido Liberal Demócrata de Clegg: «Los dos tienen el mismo defecto, que han conseguido en su partido ser referencia, pero después se han rodeado de gente muy débil y se han quedado a la cabeza», señala Padula, que considera esto un error, puesto que ve necesario tener «un desafío intelectual, gente que te discuta y no te dé siempre la razón»,

Más allá de las 150 reformas

Mientras Ciudadanos presume de impulsar el acuerdo y se instala como el mediador del escenario político, se enfrentan a la amenaza de no encontrar un papel claro, desdibujarse y pasar a la irrelevancia política, tal como ocurrió con el Liberal Demócrata británico; extremo que el partido va a evitar a través de las «exigencias» acordadas, una de las palabras más repetidas las últimas semanas por los dirigentes de  C’s. La gran condición de Rivera para dar su apoyo al PP fue la firma de 150 reformas que, esperan, se lleven a cabo. «No tenga miedo por no tener mayorías absolutas, señor Rajoy; si usted cumple las exigencias de Ciudadanos, esto va a salir bien», resaltaba Albert Rivera este sábado durante la sesión de investidura. En estos acuerdos han cimentado los pilares de su discurso, y han llegado a bautizar el documento como la «única hoja de ruta» del Gobierno.

Juan Carlos Girauta, portavoz de C’s en el Congreso, ya adelantó, tras la primera sesión de investidura,  que estarían «vigilantes» con el PP para que se cumplieran estas reformas. La formación jugará así el papel de árbitro de la legislatura: pedirá que se cumplan las reglas y pitará las faltas, pero más allá de eso, esa posición no permite marcar ningún tanto. Es por eso que Padula cree que la clave para Ciudadanos es que «ejerza de oposición», frente al discurso que hemos visto en las sesiones de investidura, en las que C’s lanzó sus ataques a PSOE y Podemos, en lugar del al PP, en lo que el asesor político considera una «muestra de debilidad, de que no tiene el relato claro y tiene que usar como espejo a los demás».

C’s debe consolidarse en el tablero político y buscar su propio relato, según Padula

Los primeros meses serán decisivos para la formación naranja, y las primeras concesiones del Gobierno tendrán un carácter fuertemente simbólico que podrá venir bien al discurso que hasta ahora ha mantenido Rivera. Sin embargo, el argumentario de la primera formación considerada de centro en España después de CDC debe consolidarse en el tablero político, diferenciarse del PP y forjar un espacio diferente a lo existente hasta ahora, advierte Padula.

Para conseguirlo, en opinión del asesor político, hay que ir más allá de la simple vigilancia: «A partir de ahora tiene que buscar desesperadamente su relato y demostrar que puede competir con el PP», apunta. La falta de contundencia hacia Rajoy en las sesiones de investidura podría pasarle factura a Albert Rivera, que ahora tendrá que volver a mostrar «la ambición de ser presidente que mostró hasta el 20D». Una ambición necesaria en política donde, según Padula, «la gente quiere ver ganadores, no segundones». Sólo así demostrará, en los próximos meses, «si de verdad mira al futuro o si es un muñeco de paja».