Históricamente se ha considerado a la militancia como la médula espinal de un partido político, una parte muy importante con poder de decisión y articulación cuya imagen, tras la destitución del secretario general del PSOE Pedro Sánchez, elegido en primarias y fulminado por la dirección, se ha visto difuminada y ha puesto en entredicho el papel de los militantes y su peso en una organización.

«Para el partido, el militante es mano de obra para su liderazgo, está para poner carteles», asegura Marcos Roberto Roitman, profesor de Estructura Social de España en la Universidad Complutense de Madrid. Para él, pertenecer a una formación política en la actualidad es como «formar parte de un club de fútbol, simplemente significa tener un carnet». Una visión diferente tiene el consultor político Iván Redondo, quien define a los militantes como «los portavoces parlamentarios del bar, los que pueden conseguir potenciales votantes», por lo que hay que darles importancia, tanta, que fueron ellos, según él, los que evitaron el sorpasso de Podemos al PSOE el pasado 26 de junio, aunque reconoce que su imagen está envejecida y no es representativa.

Los afiliados proporcionan legitimidad al partido, aportan recursos económicos tanto con el pago de cuotas como con su trabajo voluntario en el interior del partido, participan en la discusión de ideas e incluso pueden ser potenciales candidatos. Así lo expone Tania Vèrge, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Pompeu Fabra, en su estudio Partidos y representación política: Las dimensiones del cambio en los partidos políticos españoles publicado por el CIS.

Actualmente, el PP es el partido que suma más militantes entre sus filas. Cuenta con más de 860.000, según los datos aportados por la formación, más que el resto de partidos juntos. El estudio de Vèrge señala la desaparición de UCD como la causa del incremento exponencial en el número de afiliados para Alianza Popular, que consiguió más de 60.000 nuevos ingresos en un año. Una cifra que no ha cesado de crecer desde entonces. Esta cifra, no demasiado fiable para los expertos, que señalan que los partidos «tienden a inflar sus números», no distingue entre afiliados que pagan cuota y simpatizantes, algo que sí hace el PSOE, que reúne 176.000 afiliados y cerca de 400.000 simpatizantes. Podemos, con más de 440.000 inscritos, tampoco hace distinción entre unos y otros, mientras que Ciudadanos cuenta con 32.000 afiliados y 110.000 simpatizantes, e Izquierda Unida con 20.000 afiliados y 40.000 simpatizantes.

Ni la derrota electoral de 2004 ni los casos de corrupción que han salpicado a los populares han sido motivo para que sus militantes se marchen, más bien todo lo contrario, ya que ha ido incrementando su número cada año. No es el caso del PSOE, cuyos militantes empezaron a disminuir tras el Gobierno de Zapatero y ha continuado de forma progresiva hasta los 176.000 actuales. Para el profesor Roitman la razón es simplemente una cuestión coyuntural que no está relacionada con el arraigo en la estructura, pero Redondo va más allá: «Hay que cuidar a los militantes».

Cuando nace un partido, sólo puede sumar, como muestran las formaciones más jóvenes, y parece lógico que un partido gane militantes cuando llega al poder. El PSOE lo hizo visible tras la victoria de Felipe González en 1982 o José María Aznar en 1996. Esas victorias se tradujeron en 40.000 nuevos miembros en el PSOE durante los dos primeros años de González en el poder y 65.000 en el caso del PP con la llegada de Aznar, según los datos del estudio de Vèrge: “La victoria te hace parecer atractivo”, justifica Redondo. Por el contrario, no tener gobierno produce bajas, por eso «hay que trabajarlo».

El PSOE evitó el sorpasso el 26 de junio gracias a la militancia, según Redondo

«En el fracaso hay que aprovechar para generar voto duro», recalca el consultor, que señala la falta de mensaje interno como la causa principal de la huida. La marcha de Pedro Sánchez puede ser una muestra de ello, pero no por el nombre: «El objetivo de la militancia es defender ideas, importan menos las personas que las ideas», argumenta. Para reforzar la militancia es importante la convocatoria de congresos, debates y otras actividades, que hacen que los miembros sean partícipes y tengan voz, algo que trabaja bien el PP, según el consultor político, mientras que es una asignatura pendiente para el actual partido de la oposición, ya que no ha incrementado sus actividades pese a la pérdida continua de afiliados. Hace tres años de su última conferencia política.

Izquierda Unida no ha tenido mejor suerte. Tuvo su momento álgido a finales de los setenta, con más de 200.000 afiliados gracias al peso del PCE, según el estudio de Vèrge, que ha ido disminuyendo de forma progresiva con el paso del tiempo «a la vez que se erosionaba la densidad organizativa del partido».

El proceso de afiliación también ha cambiado

Si la figura del militante ha cambiado, también lo ha hecho la forma de acceder a una organización. Los ciudadanos han perdido el interés por la afiliación, ya «no es época de etiquetas», apunta Redondo, por lo que los partidos han tenido que amoldarse para atraerlos. En la actualidad, los únicos requisitos para afiliarse a un partido son: ser mayor de edad, aportar los datos personales y, en la mayoría de los casos, pagar una cuota, algo innecesario para los simpatizantes. El Partido Popular, además, solicita el aval de otros dos afiliados.

Las cuotas varían según la formación. Podemos no tiene una cuota mínima, ya que es «algo voluntario», aunque en su página web solicitan un mínimo de cinco euros mensuales para las colaboraciones periódicas, lo que suma 60 euros al año, lo mismo que PSOE e IU. En el PP son alrededor de 20 euros anuales, aunque desde la organización señalan que no hay una cantidad fijada en la práctica. Ciudadanos es la formación donde más se paga por ser afiliado: 120 euros al año. Cada uno establece sus cuotas, pero lo que aporta la militancia a un partido, va más allá del dinero.