Al menos 38 personas han muerto y otras 155 han resultado heridas tras el doble atentado que tuvo lugar la pasada noche en Estambul. Las explosiones se produjeron junto al estadio Vodafone Arena de Besiktas de la ciudad turca una hora después de que finalizara el partido que enfrentaba al Besiktas ante el Bursaspor.

La primera de las detonaciones, con un coche bomba, afectó a un puesto de antidisturbios, encargado de la seguridad durante el encuentro. Según informó el ministro del Interior de Turquía, Soliman Soylu, 30 fallecidos eran agentes de policía y siete civiles. La segunda explosión, unos segundos más tarde, se trataría de un suicida que se inmoló en medio de un grupo de policías en el parque de Maçka.

Soylu ha dicho que se trataba de una atentado «planificado a traición» y ha anunciado que ya han sido detenidas 10 personas.

Una orden de censura dictada por el Consejo Supremo de Radio y Televisión ha forzado que la información sobre el incidente se haya publicado con cuentagotas. Si bien, el presidente del país, Recep Tayyip Erdogan, admitió horas después de las explosiones que «desafortunadamente hay muertos y heridos», aunque no aclaró el número.

El ministro de Interior turco también indicó momentos después del incidente que una de las explosiones, casi con toda seguridad, se debía a la explosión de un coche bomba en un ataque que habría involucrado, como mínimo, a un terrorista suicida.

Aún no se ha atribuido la responsabilidad del atentado y un comunicado de Presidencia, citado por el diario Hürriyet, recuerda que Turquía ha sufrido numerosos atentados en los últimos años y que «el nombre y los métodos de las organizaciones terroristas no tienen importancia alguna». «Todas las organizaciones terroristas tienen el mismo objetivo de atacar nuestro país y nuestra nación, sean el PKK, el Dáesh o FETÖ», afirma, en referencia a la guerrilla kurda, el Partido de Trabajadores de Kurdistán, el Estado Islámico y la cofradía del predicador Fethullah Gülen, a la que se atribuye el fallido golpe de Estado de julio pasado.

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En los funerales celebrados esta mañana, los dirigentes políticos turcos han asegurado que «Turquía se vengará» y que los terroristas «pagarán un alto precio por sus ataques». “No nos rendiremos en nuestra lucha contra el terror”, ha subrayado Erdogan, presidente del país, en una contundente declaración ante los periodistas. Junto al presidente, también han acudido a rendir homenaje a los agentes fallecidos las principales autoridades del Gobierno.