«Pensábamos que se podían sacrificar principios». «Teníamos miedo a la definición ideológica porque la indefinición permitía ampliar la base social». «Ha habido reticencias en defensa de nuestras ideas». Alberto Ruiz-Gallardón fue desgranando estas perlas el pasado jueves durante su intervención en un foro convocado por FAES, fundación de la que es patrono.

Aquel acto atrajo la curiosidad mediática porque era el primero que se celebraba tras el divorcio jurídico con el PP, la renuncia a la presidencia de honor del partido por parte de José María Aznar, y, también, porque había mediado un duro documento contra la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, a cuenta de la «operación diálogo» con Cataluña.

Autocrítica y andanada

Todas las miradas estaban puestas en un enjuto José María Aznar, a quien correspondía cerrar la mesa de diálogo entre los ex ministros Gallardón y Josep Piqué y la profesora de Economía y Hacienda de la Complutense y ex alto cargo de la Comunidad de Madrid, Rocío Albert. Pero fue el ex ministro de Justicia el que, en el uso del plural mayestático, entonaba un mea culpa sobre la deriva del centro-derecha en nuestro país que tenía mucho de autocrítica, pero más de andanada contra el jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy.

El ex ministro se ha despojado de los ropajes del progresismo para abrazar la fe «aznarista»

Gallardón corroboró su «conversión» hacia posiciones ortodoxas del centro-derecha, las mismas que le hicieron dimitir en septiembre de 2014 tras ser desautorizado por el presidente del Gobierno al impedirle sacar adelante la tan anunciada reforma de la Ley del Aborto. Quizá fue porque el madrileño sentía una deuda paternofilial, -su padre, José María, recurrió la ley del aborto de Felipe González en 1985-, que resultó el detonante para poner fin a una larga carrera, liquidada por Rajoy en dos años, los que le tuvo de ministro.

Apartado de la política activa desde entonces, aceptó, en cambio, la llamada de José María Aznar para que ocupara un puesto de vocal en el patronato de FAES, convertida en una especie de irreductible aldea gala de la familia popular. El que fuera también presidente de la Comunidad de Madrid y alcalde de la capital de España ha terminado de quitarse todos los ropajes del progresismo que vistió durante décadas, que le sirvieron, también a él, para pescar votos a izquierda y derecha.

Rajoy es, para el sector crítico, un «tibio», «un hombre sin ideología»

Aquel joven intelectualmente preparado, aunque casi siempre extemporáneo en sus estrategias, confrontó hasta la saciedad con el mismo Aznar con el que hoy aparece de la mano y al que le une un sentimiento más fuerte: la desafección hacia Rajoy. El «verso suelto» que osaba cuestionar la autoridad del todopoderoso Aznar, cuando nadie respiraba a su lado, aquel que incluso acarició la idea de competir por el liderazgo del partido, ahora está del bando de los aznaristas, a rebosar de ex dirigentes del PP «caídos en combate» con el actual presidente del Gobierno.

«Hablar con la sociedad»

Rajoy no deja de ser para ellos «un tibio», «un hombre sin ideología», según describe un detractor del gallego. Y Gallardón ha sido de los últimos en sumarse a ese clan. Su intención declarada no es volver a la política, «pero sí hablar con la sociedad» a través de actos como el del pasado jueves. En su entorno tratan de rebajar las expectativas creadas: «Intervenir un día en FAES no significa en absoluto un regreso», pero sí quizá la voluntad de hacerse oír, de esgrimir, como una espada, unas cuantas dosis de «provocación intelectual», que dijo el madrileño.

La nueva posición de Gallardón le coloca cerca de Aguirre, partidaria de un «rearme ideológico» del PP

Gallardón entonó su mea culpa delante de dos vicesecretarios del PP, Andrea Levy y Javier Maroto, enviados a territorio hostil pero, también de Esperanza Aguirre, para quien esas palabras, casi terapéuticas, debieron resultarle gratificantes. Defensora a ultranza del «rearme ideológico» del Partido Popular, ya cuenta con el ex ministro entre sus filas.

«Nos hemos estado avergonzando de proclamar aquello que en realidad pensamos». Dijo también Gallardón, que teme que su partido no convoque a los ciudadanos «a un proyecto compartido» para conformarse con la mera gestión económica. Esta fue precisamente una de las principales críticas que se lanzaron contra Rajoy antes de las elecciones del 20 de diciembre de 2015, que lo fiara todo a la recuperación económica y, un año después, no le ha ido tan mal a pesar de las dificultades.