Estrechar lazos con Izquierda Unida o quedarse sólo en el matrimonio electoral. La disyuntiva en Podemos ha marcado la ruptura entre Pablo Iglesias, partidario de fortalecer la relación, y su número dos, Iñigo Errejón, defensor de un partido autónomo. Una diferencia política de calado que marcará el rumbo del partido morado y que sin embargo no tiene asegurado su espacio en la Asamblea Ciudadana Estatal, Vistalegre II, donde el secretario general de Podemos intentará eludir el debate sobre un cambio de relación o una posible fusión orgánica. Iglesias quiere diluir el debate sobre IU y enmarcarlo en un marco mucho más amplio: el de las confluencias.

Una muestra de ello es el acto organizado este viernes en la Universidad Complutense de Madrid titulado Espacios del cambio, en el que Iglesias interviene junto a Alberto Garzón, Xavi Domèncech -de En Comú Podem- y Yolanda Díaz -diputada de En Marea-.

Iglesias busca posponer el debate para no comprometer su posición en Vistalegre II

Esta maniobra, señalan varios dirigentes del partido, tiene como razón principal la de evitar que Iglesias tenga que defender una postura muy poco popular entre las bases de Podemos, la de un acercamiento orgánico con IU. Una defensa que le pasaría factura y restaría apoyos en plena campaña de cara a Vistalegre II. Al ser preguntados, los dirigentes del entorno de Iglesias esgrimen el apoyo que recibió la alianza electoral con IU en la consulta a los inscritos de Podemos en mayo. Una consulta en la que la pregunta se limitaba a las elecciones del 26 de junio, con la siguiente formulación: “¿Apruebas una coalición electoral con Podemos y otras fuerzas de cara a las elecciones del 26 de junio?”.

Con esta unión electoral, Unidos Podemos retrocedió 140.000 votos respecto al Podemos -a secas- del 20-D. A la luz de estos resultados, los documentos políticos de Errejón [aquí] critican los resultados de la alianza en la cita electoral, donde “la confluencia con IU no pareció funcionar”. Es llamativo el  contraste con el planteamiento de Iglesias, que difiere en el diagnóstico del 26J y asegura en su documento [consultar aquí] que “de haber concurrido a las elecciones del 26J en los mismos términos que en 2015 -es decir, sin confluir con IU-, los resultados habrían sido peores”.

El líder de Podemos ya abogó por ‘reforzar un espacio político común’ con IU

Más allá de la consulta que se hizo a los inscritos de cara a las  elecciones, el secretario general de Podemos ha expresado en los últimos meses su voluntad de “reforzar un espacio político común que tiene que ir más allá del trabajo parlamentario” con IU. El 17 de noviembre varios pablistas registraron la marca Unidos Podemos sin que tuviera conocimiento de ello el secretario político, Iñigo Errejón.

Cuatro días después, el propio secretario de Organización, Pablo Echenique, ya adelantó que “la intención del partido” era discutir en Vistalegre II el “espacio político común”, un espacio en el que entran las confluencias.  Al ser preguntado sobre la relación con IU, Echenique no quiso precipitarse y adució que “ese debate se hará pero habrá planteamiento más sobre los tiempos que sobre los detalles”, señaló entonces el secretario de Organización, que defendió que “aunque tenga todo el sentido del mundo avanzar en un espacio político común, eso no se hace en cuatro meses” y que “acelerar procesos de construcción de espacios políticos acaba con espacios políticos mal construidos”.

Afrontar la relación con IU como si fuera una confluencia más también permite al pablismo dilatar en el tiempo el debate y posponerlo hasta después de Vistalegre II en una consulta que no comprometa la posición de Iglesias dentro del partido. Un Iglesias que en sus borradores de documentos para la Asamblea General no ha concretado en qué quiere basar ese “refuerzo” del espacio común con Alberto Garzón, aunque en el prólogo sí agradeció las ideas aportadas por personas de “dentro y fuera del partido”, citando entre otros a Alberto Garzón.

Errejón defiende en su documento una ‘organización autónoma e independiente’

En su documento político, en cambio el secretario político sí defiende la autonomía de Podemos: “Eso sí -señala el texto-, nosotros lo decimos sin ambages: Podemos tiene que mantenerse como organización autónoma e independiente”. Una baza que pone sobre la mesa de cara a una partida que en Vistalegre II no tiene visos de llevarse a cabo.

Otra de las razones por las que los pablistas tratan de huir de este debate es el de aprovechar la imagen que han conseguido las confluencias territoriales -como En Marea, En Comú Podem, Ahora Madrid o Barcelona en  Comú-, haciendo hincapié en los denominados “ayuntamientos del cambio”, con Ada Colau y Manuela Carmena a la cabeza. Un activo valioso que Iglesias utiliza para argumentar el refuerzo necesario de estas alianzas y que Errejón también explota en otra vertiente, la institucional, algo que le permite reforzar su tesis de la utilidad parlamentaria frente a las movilizaciones.