El foco de las tensiones sigue rondando las economías europeas y este lunes ha vuelto a posarse sobre Italia. El anuncio por parte de UniCredit, el mayor banco por activos del país, de que no logrará cumplir con los requisitos de capital del Banco Central Europeo (BCE) ha reabierto las heridas latentes sobre el sector bancario italiano.

Las acciones de la entidad se hundían este lunes cerca de un 6%, tras el anuncio. UniCredit se encuentra en pleno proceso para llevar a cabo una macro ampliación de capital por valor de 13.000 millones de euros, con el fin de reforzar su posición de capital y elevar la cobertura de sus activos problemáticos. Antes de ejecutar esa operación, el banco tiene previsto elevar provisiones por valor de 12.200 millones de euros en las cuentas del último trimestre de 2016, lo que situaría sus niveles de capital por debajo de las exigencias del supervisor europeo.

La magnitud de las provisiones de UniCredit habla a las claras de un problema que afecta al conjunto de la banca italiana, que cuenta con alrededor de 300.000 millones en créditos de dudoso cobro. De hecho, las caídas se extendían este lunes al conjunto del sector: UBI Banca restaba más del 6%, mientras que Intesa Sanpaolo y Popolare Emilia Romagna retrocedían más del 2,3%.

Los esfuerzos de UniCredit para sanear su balance llevarán sus ratios de capital por debajo de lo exigido

Precisamente este lunes, la presidenta del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo, Daniele Nouy, señalaba, en una entrevista en La Repubblica, que Italia ha hecho poco en los últimos años para solucionar el problema de morosidad que encara el sector bancario. El Gobierno aprobó recientemente un fondo de rescate al que ya se ha acogido Monte dei Paschi, pero algunas firmas de análisis consideran que resultará insuficiente para hacer frente a las necesidades del sector.

A pesar de la mejora reciente en los datos de activos problemáticos, «una reducción del montante será gradual, dados los limitados recursos y apetito en el mercado para reducir las cantidades existentes. Además, el nivel actual de capital es improbable que sea suficiente para absorber las pérdidas derivadas de una limpieza acelerada de los balances», advierte la agencia Moody’s en un informe publicado este lunes.

Repunta el riesgo italiano

En este contexto, los temores vuelven a centrarse sobre las finanzas italianas, tal y como se refleja en el fuerte repunte que ha registrado la rentabilidad de su deuda. El interés del bono trasalpino a 10 años escalaba este lunes 9 puntos básicos, hasta el 2,32%, su nivel más elevado desde el verano de 2015.

Este repunte ha coincidido, además, con la rebaja del ráting que otorgaba a Italia la agencia DBRS, una medida que implica dificultades para la financiación de los bancos trasalpinos.

Desde el inicio de año acumula un alza de más de 50 puntos básicos, el doble que lo que se ha elevado la rentabilidad del bono español. Esto ha llevado la prima de riesgo entre ambos países a niveles próximos a los 7o puntos básicos, máximos desde 2012.

El diferencial entre el bono español y el italiano ronda los 70 puntos, máximos desde 2012

Además, de los problemas de la banca, el repunte de la tensión en la deuda italiana refleja la inquietud que genera la situación política, donde las últimas encuestas siguen mostrando una tendencia al alza del partido antisistema Movimiento 5 Estrellas, ante el declive de los partidos tracionales como el Partido Democrático, actualmente en el poder.

Como observan en Citi, el declive de los partidos tradicionales que evidencian los últimos sondeos, muestra un panorama complejo para la formación de gobierno y acrecienta las opciones de un gobierno antisistema, con partidos que han mostrado su disposición a cuestionar, incluso, la permanencia de Italia en la eurozona. «En cierto modo, el Italicum -la nueva ley electoral italiana- podría producir un paralamento dividido o una mayoría antisistema», señalan.