La presión va en aumento y no hay acuerdo en Podemos. El plazo expira el miércoles a medianoche y los últimos pasos parecen alejar el posible entendimiento entre las dos principales corrientes, la de Pablo Iglesias y la de Iñigo Errejón. Días de acusaciones cruzadas e insinuaciones entre ambos dirigentes han saltado por los aires en el Pleno del Congreso, donde se ratifican tres Decretos Leyes del Gobierno.

La sesión, que se ha adelantado a las 15 horas, comenzaba con un Hemiciclo semivacío en el que todas las miradas se dirigían a las dos caras visibles de Podemos, que mantuvieron durante los primeros cuarenta minutos de la sesión una acalorada discusión. Posteriormente, decidieron abandonar sus respectivos asientos para continuar la disputa en privado durante más de 20 minutos antes de regresar a su sitio. Una escenificación de ruptura en un día que fuentes de la organización califican como «el visiblemente más duro» para el partido.

El secretario general de Podemos y su número dos aproximaron sus asientos en una conversación cargada de gestos. Iglesias, encogido de hombros, se inclinaba hacia su interlocutor en uno de los momentos de mayor intensidad, a la vez que Errejón le explicaba moviendo las manos. La discusión terminó cuando la diputada Irene Montero, sentada al lado de Errejón, advirtió al portavoz y al secretario general de Podemos de la atención que estaban copando.

Acto seguido, cada uno atendió su móvil sin casi dirigirse la mirada, salvo algún guiño que se hicieron mutuamente para tratar de rebajar la imagen de confrontación. Media hora después, más allá de las cuatro de la tarde, Montero se dirigía a Errejón, situado entre la jefa de Gabinete de Iglesias y el propio Iglesias, y el enfrentamiento volvía a producirse y durante unos minutos se prolongaron los aspavientos en el escaño de Podemos. EFE

Posteriormente, el secretario político de Podemos ha justificado en su cuenta de Twitter la discusión, y le ha restado importancia. En declaraciones a los periodistas en una de sus salidas del Hemiciclo, ha continuado en la misma línea: «Claro que discutimos con pasión, pero seguimos trabajando juntos», ha señalado, a la vez que ha pedido «que ese debate no tape las cuestiones importantes, como la vergüenza del bono social». Evitando pronunciarse sobre el asunto tratado, sí ha querido apuntar que Iglesias y él son «amigos y compañeros».

Este choque discursivo llega después de horas de máxima tensión en la formación morada. La última maniobra de Pablo Echenique, secretario de Organización e integrante del equipo de Iglesias, sobre la Comisión de Garantías ha sido el último episodio que ha alejado a ambas facciones. Echenique encargó a la actual Comisión de Garantías, muy cuestionada, que estableciera los criterios de su propia renovación en un gesto que ha sido mal recibido por Errejón.

El secretario político que ha criticado en el Congreso la decisión y que ha admitido esperar una rectificación, puesto que éste órgano -el tribunal interno de Podemos- era uno de los ejes sobre el que pivotaría un posible consenso para garantizar la convivencia en el partido. Este asunto ha «soliviantado mucho» al sector de Errejón, aseguran fuentes internas. «De esto depende que haya o no separación de poderes dentro de Podemos», señala un diputado de la formación. Este punto ha supuesto la total ruptura de puentes, y tanto pablistas como errejonistas reconocen en privado lo complicado de llegar a un punto de acuerdo.

La presión ha aumentado en las últimas horas, conforme es más evidente que las corrientes tendrán que presentarse como proyectos propios ante la imposibilidad de acuerdo. Asumido esto, la campaña para Vistalegre II parece haber comenzado. Iglesias, antes de entrar en el Hemiclo, ha hecho declaraciones a los periodistas asegurando que va a «trabajar para evitar que nadie convierta Podemos en un partido como el PSOE«, insinuando así que su número dos querría este extremo.