“Siempre pensé que Europa se haría entre crisis y que sería la suma de las soluciones que diéramos a esas crisis”. La profecía de Jean Monnet, padre fundador de lo que hoy conocemos como Unión Europea, se pone a prueba en 2017 más que nunca. España, con una experiencia de 30 años como miembro del club, es un país de ejemplar resiliencia, que ha ganado peso en la UE tras la anunciada salida del Reino Unido. España cuenta con el viento a favor para propiciar el avance comunitario. Ha de estar en la primera velocidad europea.

Marzo va a ser un mes de gran actividad para la UE, que el 25 celebra el 60 aniversario de los Tratados de Roma, que dieron germen a lo que es hoy un club de Veintiocho menos uno. Arranca esta singular primavera europeísta con la cumbre de Versalles, convocada por el presidente francés, François Hollande, y a la que acuden la canciller alemana, Angela Merkel, el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, y el jefe del gobierno español, Mariano Rajoy. “Se trata de definir a cuatro lo que va a ser Europa. Somos los países más importantes y nos incumbe decidir lo que queremos hacer junto a otros”, dijo Hollande en Málaga, donde hizo pública su invitación a Rajoy. Este encuentro, antesala del Consejo Europeo del 9 y 10 de marzo, concluirá con una declaración conjunta y una cena.

Después de un via crucis de ajustes marcado por la crisis económica, España recupera el peso que le corresponde por su tamaño y capacidad de influencia. Somos ahora el cuarto país en tamaño y PIB de la zona euro y de la Europa de los Veintisiete. “España está en mejores condiciones que hace cuatro años. Ha salido de la crisis y, sobre todo para los alemanes, es una historia de éxito, lo que hay que saber aprovechar. Es el momento de España y hay que actuar en consecuencia y dedicar recursos, ideas, fuerza, tiempo…”, afirma Ignacio Molina, investigador en el Real Instituto Elcano y coordinador del estudio España en el mundo en 2017: perspectivas y desafíos.

Nos jugamos el diseño de la construcción europea y España tiene mucho que decir”

Según Molina, en estos momentos la mirada al exterior, que coincide con la segunda legislatura de Rajoy, que suele ser menos doméstica, es obligada. “La mejora de la situación económica, la estabilidad política -una vez superada la fase de aparición de nuevos partidos-, el Brexit y la irrupción de Trump, obligan a prestar más atención al exterior. Nos jugamos el diseño de la construcción europea y España tiene mucho que decir en el mundo”, agrega Molina.

Desde Bruselas, el vicepresidente del Parlamento Europeo, Ramón Luis Valcárcel, del Partido Popular Europeo, asegura que “se espera de nosotros que desempeñemos un papel clave a la hora de sacar al proyecto comunitario del bache que atraviesa. Especialmente desde la formación del presente gobierno, que pone a Europa como solución, y nunca como el problema”. El eurodiputado Antonio López-Istúriz, también del PPE,  prefiere no hablar “de primeras y segundas velocidades”, y destaca que “lo fundamental es que España ha demostrado ser un socio fiable, y uno de los países más estables, que cree en lo que significa la UE”.

Javier López, eurodiputado del Partido de los Socialistas de Cataluña, coincide en subrayar la importancia de nuestro país en estos momentos críticos en la UE. “España debe ser sin duda uno de los puntales de la UE. El Brexit hará que aumente nuestro peso político y el ciclo electoral de 2017 con los comicios franceses y alemanes, sumado a la inestabilidad política en Italia, hacen que España tenga una responsabilidad extraordinaria”, señala López, quien destaca cómo “los españoles somos una de las opiniones públicas más favorables a la integración europea, justo cuando la UE está amenazada de descomposición”. Sin embargo, el socialista critica “el nulo papel del gobierno de Rajoy en los grandes debates europeos: la crisis de los refugiados, las negociaciones del Brexit, o la crisis del euro”.

Los datos certifican la excepción española con un europeísmo a prueba de crisis económicas y de populismos emergentes. Un reciente estudio del Real Instituto Elcano constata que sólo el 10% de los españoles es partidario de abandonar la UE, frente al 16% de los alemanes o el 22% de los franceses. Pertenecer al club europeo fue el sueño de los españoles del post franquismo y se sigue asociando la Unión Europea a libertad, bienestar y progreso.

Sólo un 10% de los españoles es partidario de abandonar la UE, frente al 22% de los franceses”

También avala el mayor protagonismo de nuestro país en esta Europa en crisis el hecho de que España parece a salvo del auge populista, que desde Estados Unidos con el movimiento de Donald Trump a la cabeza ha germinado en el Reino Unido de Nigel Farage, y busca asentarse en la Holanda de Geert Wilders y la Francia de Le Pen.

La investigadora del Instituto Elcano Carmen González-Enríquez mantiene en su trabajo The Spanish Exception: Unemployment, inequality, but no right wing populist parties, del proyecto europeo que coordina el think-tank Demos, que el “largo pasado autoritario y nacionalista en España actúa en el presente como una vacuna contra los partidos de extrema derecha”. A su juicio, así se explica que, pese a la crisis económica, en España no hayan florecido partidos populistas de derecha. Similar experiencia ha vivido Portugal.

Según Vicente Rodrigo, cofundador del colectivo Con Copia a Europa, “hasta hoy España no ha tenido una estrategia para estar en el motor de la Unión. Es cierto que el Parlamento español carece de un partido eurófobo que presione para avanzar hacia posiciones antieuropeas y eso sitúa a España en un lugar destacado para impulsar el avance de la Unión. El problema es que la oportunidad se presenta en el peor momento para el crecimiento de la UE”.

Ramón Luis Valcárcel está convencido de que “España se erige, dentro de la UE, como baluarte contra el populismo, de uno y otro extremo, en un momento en el que es una realidad y un peligro que ataca directamente a la democracia representativa”. Añade Valcárcel que el populismo es “un peligro para el proyecto europeo, y para todas aquellas sociedades donde arraiga… El populismo no lleva sino a la incertidumbre, y también al odio y a la discriminación, cuando es agitado con toscas trazas de nacionalismo radical”.

España se erige, dentro de la UE, como baluarte contra el populismo de uno y otro extremo”

El presidente francés, el socialista François Hollande, también quiere en esta cumbre de Versalles buscar cómo contrarrestar el avance del nacionalismo antieuropeísta, que encarna la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, con quien la UE saltaría por los aires tal y como la conocemos. Francia celebra elecciones presidenciales el 23 de abril y el 7 de mayo.

Los sondeos dan por hecho que Le Pen pasará a la segunda vuelta, si bien el sistema electoral de dos rondas, hace difícil que gane finalmente la dirigente ultraderechista. Un riesgo de los populismos es también cómo marcan la agenda de los otros partidos. De todas formas, en Francia la situación es más que incierta al estar cuestionada la candidatura del conservador, François Fillon.

“Estamos en un momento decisivo, pero más que nunca el futuro es un lugar lleno de incertezas. Serán determinantes los resultados en Holanda, Francia y Alemania. La continuidad de la Unión Europea probablemente dependa de ellas”, señala el eurodiputado Javier López. “Sin Francia y Alemania no se va a ningún lado, pero también podría ser que los procesos electorales den como resultado liderazgos renovados”, apunta Ignacio Molina.

En este contexto el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha dado a conocer esta semana el llamado Libro Blanco sobre el futuro de Europa, del que hablarán en Versalles y sobre el que los Veintisiete seguirán tratando en Roma y más allá.

Presenta cinco escenarios posibles, en lo que supone un reconocimiento explícito por primera vez de que es posible una vuelta atrás. Las posibilidades serían: seguir igual; centrarse en el mercado único; los que desean hacer más, hacen más (dos o más velocidades); hacer menos pero de forma más eficiente; y hacer mucho más conjuntamente, es decir, la vía hacia el federalismo.

Valcárcel, vicepresidente del Parlamento Europeo, afirma que “España está a favor de más y mejor integración” y subraya que “sólo avanzando juntos lograremos que nadie se quede atrás. Una Europa a dos o más velocidades perjudicaría a los países más vulnerables”. Molina defiende que España esté entre “los que más avancen, no puede quedarse descolgada, y que avancen más los que quieran, no los que puedan”.

Para el socialista Javier López la propuesta de Juncker es “una decepción” porque, en lugar de “una hoja de ruta” se presenta “un menú a la carta”. Según López, “existe la posibilidad real por primera vez en la Historia de una deconstrucción del proyecto europeo, lo que la Comisión reconoce. Sin embargo, también existe la oportunidad de dar pasos adelante en la integración”.

Existe la posibilidad real por primera vez en la Historia de una deconstrucción del proyecto europeo”

Desde las páginas del Financial Times se ha recriminado a Juncker por pecar de ingenuidad en un momento en el que la UE afronta riesgos como nunca antes se han visto. Lo cierto, como mantiene Ignacio Molina, es que corresponde al Consejo Europeo decidir la dirección hacia dónde se dirige el barco europeo.

Según Didac González-Peris, investigador responsable de Estudios Europeos en ViaVoice de París, “primero deberíamos preguntarnos en qué queremos avanzar y, en particular, en qué quieren avanzar los ciudadanos, para luego decidir qué pasos hay que dar a nivel de gobernanza para lograrlo”.  A Gutiérrez-Peris le parece más decisivo para el futuro de Europa saber “si un sistema de decisión basado en mayorías reemplazará al principio de unanimidad que defienden los Estados-nación en el seno del Consejo Europeo”.

Un problema no menor que afronta la UE es la ausencia de liderazgo, sobre todo en Bruselas y Berlín, como destaca Álvaro Imbernón en su artículo Nadie al volante europeo en la era Trump, publicado en Letras Libres. El eurodiputado López-Istúriz se refiere precisamente a la necesidad de “hombres de estado que hagan frente a los retos que se presentan dentro y fuera de la UE… Hicieron falta hombres de Estado como Winston Churchill para vencer al nazismo, como Hemult Kohl para vencer al comunismo… y ahora se necesitan para consolidar este proyecto común europeo”.

Como suele repetir la canciller Angela Merkel, quizá la líder europea que más se ha acercado a ese perfil de hombre de estado,”el destino de Europa está en nuestras manos”. Para alcanzar ese destino sigue sirviendo la guía de Robert Schuman, otro de los padres fundadores: “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”. Esa “solidaridad de hecho” debería ser un mantra en las 24 lenguas de la Unión Europea.