El 12 de febrero cambió el rumbo de Podemos. Justo hace un mes Vistalegre II dejó vencedores y vencidos, consolidando una brecha que ya era patente en el partido. La consecuencia directa fue la caída de Íñigo Errejón, hasta entonces número dos del partido, que en los días siguientes perdió la Portavocía en el Congreso y vio cómo se suprimía la Secretaría Política que tenía a su cargo. Desde entonces el que fuera mano derecha de Pablo Iglesias ha disminuido considerablemente sus apariciones en medios de comunicación, ha guardado silencio y, en sus contadas intervenciones, ha intentado rebajar el tono que ha mandado en Podemos los últimos meses. El objetivo lo ha fijado a largo plazo. Las elecciones a la Comunidad de Madrid -donde en principio será candidato- es su principal meta a dos años vista, en los que mantendrá una presencia latente, se plegará a la línea oficial si es preciso y esperará su momento.

Perfil bajo. Es el nuevo rol del dirigente, que en las últimas semanas ha tratado de huir de la polémica, ordenando expresamente a los suyos permanecer en segundo plano y evitar declaraciones a la prensa más allá de lo estrictamente oficial. Este acuerdo de no agresión entre las dos principales corrientes del partido –pablistas y errejonistas– responde al pacto de sus líderes para que Errejón sea el candidato en las autonómicas de la Comunidad de Madrid. Un pacto por el que Iglesias avalará su candidatura a cambio de una cuota de poder territorial. Uno de los puntos de la alianza era precisamente que Errejón apaciguara los ánimos de los suyos, que desde entonces también han guardado silencio, amparados en que es una forma de “aceptar los resultados”.

Errejón quiere salvar su acuerdo con Iglesias para ser candidato a la Comunidad de Madrid

Las diferentes sensibilidades en Podemos siguen existiendo, si bien la formación trata de forjar de puertas hacia fuera una imagen de normalidad inexistente hace un mes. Errejón ha optado por el sosiego y en esta primera etapa no tiene intención de marcar línea propia, con el objetivo puesto en el medio plazo. La carrera por las autonómicas madrileñas es su prioridad y el repliegue territorial, su apuesta para demostrar la viabilidad de su proyecto y poner en valor su tesis política. Por el momento, Errejón quiere mantener intacto su pacto con Iglesias, una tarea que no se presenta fácil tanto por los tiempos fijados -quedan aún dos años para la cita electoral- como por las complicaciones que en esos meses pueda traer su irrupción en el escenario autonómico.

La dirección de Podemos en la Comunidad de Madrid se renovó hace apenas cuatro meses, en unas primarias donde se eligió como líder a Ramón Espinar, afín a Iglesias, ahora desbancado por un pacto ajeno a su ámbito de actuación. En este escenario, los errejonistas desconfían y creen que Espinar podría tratar de “boicotear” la alianza para impedir la candidatura de Errejón a la Presidencia de la comunidad. En la misma línea, opinan que la filtración del acuerdo -una maniobra que atribuyen a Espinar- fue un intento por precipitar su anuncio y hacer más larga la cuenta atrás del ex número dos, que tendrá que sobrevivir políticamente todo este tiempo.

Errejón asume la línea oficial y busca su nicho propio

En el proceso de Vistalegre, Errejón defendió con ahínco el papel institucional que él mismo ejercía como portavoz parlamentario y apostaba por el pragmatismo frente a la pureza ideológica. Iglesias, en contraste, daba más peso a las movilizaciones sociales y tachaba al PSOE de enemigo en lugar de posible aliado. Una vez pasado el cuerpo a cuerpo entre ambos dirigentes, las tornas han cambiado. En su primera intervención ante el nuevo equipo directivo, Iglesias defendió la posibilidad de buscar alianzas con los socialistas, y en los últimos días ha llegado a acuerdos puntuales con Ciudadanos, el “socio preferente del PP”.

En el caso de Errejón, ha ocurrido al revés. Su apuesta fuerte -el trabajo parlamentario- ha disminuido considerablemente tras su relevo como portavoz y en los últimos días se ha dejado ver en varias manifestaciones en defensa de la igualdad y de la educación pública. El nuevo papel del ex número dos de Podemos será limitado en el Congreso, una circunstancia que le ha dado oxígeno a nivel personal y que le ha permitido tomar unos días de descanso que no disfrutaba desde el agitado periodo navideño.

Los suyos señalan que el diputado está todavía en un “proceso de adaptación” a esta nueva etapa. Esta semana se estrenaba como portavoz de Unidos Podemos en la Comisión Constitucional y a su llegada, atendió a los periodistas. Es la única ocasión que ha comparecido ante los medios después de que el 18 de febrero se confirmara su paso a la segunda fila, tanto en el Hemiciclo del Congreso de los Diputados como en el imaginario de Podemos. En las pocas manifestaciones públicas, Errejón se ha limitado a no salirse de la línea oficial para no contribuir a posibles disputas internas.

El dirigente pide silencio a los suyos y predica con el ejemplo. Si después de ser cesado como portavoz defendió que la decisión le parecía «normal», esta semana ha seguido la senda adoptada por Iglesias tras el comunicado de la APM, asegurando, al igual que hiciera el pablismo, que hacían falta pruebas para sustentar las acusaciones. Sí continúa Errejón sus colaboraciones semanales con la tertulia política de Hora 25, en Cadena Ser. En sus micrófonos también ha confirmado su disposición a acatar las tesis impuestas por la nueva dirección. Así, se refería en varias ocasiones a la «trama», el nuevo término de moda en Podemos, que quiere simbolizar las prácticas corruptas y sistemáticas por parte de las grandes formaciones. Un relevo terminológico de la «casta», un concepto acuñado por él tres años antes, que el madrileño asumió sin grandes problemas.

La notoria pérdida de visibilidad a la que ha sido condenado tras su derrota ha llevado al político a buscar otros campos de actuación. Errejón no está dispuesto a resignarse y busca el contacto con sus seguidores -el 33% de la militancia- a través de vídeos explicativos en la red social Twitter. Si antes de Vistalegre ya era una práctica habitual en el entonces secretario político, ahora se ha vuelto un canal fundamental para dar salida a sus propias ideas, preservar su liderazgo y evitar ser enterrado en el medio plazo. Una espera que culminará en 2019, cuando arranque su propia batalla.