Lo que estaba destinado a ser un acto solemne de celebración de los 40 años de las primeras elecciones democráticas en España tras el franquismo, con un discurso cuidadosamente elaborado para el Rey Don Felipe de reivindicación de la Transición y del imperio de la ley, ha devenido en conflicto a cuenta de la ausencia de su padre, el ahora Rey emérito. Se trata, en todo caso, de una polémica en diferido, primero, porque desde el viernes 23 se conocía que Don Juan Carlos no estaba incluido en la celebración, tal y como se informó a los periodistas que cubren Zarzuela y, segundo, lo que resulta más incomprensible, porque el propio “damnificado” sabía de dicha eventualidad puesto que se lo comunicó “la Casa” que asegura verse “condicionada en función de los formatos” escogidos para los actos.

En el Congreso no se entiende que si tanta era la indignación de uno de los artífices incontestables de nuestra Democracia no hiciera llegar a su propio hijo o al entorno del Rey el mensaje de que debía estar en una celebración que reunió a ochenta parlamentarios de la legislatura constituyente. Ahí estaban nombres tan relevantes como el de Felipe González, Rodolfo Martín Villa, Miguel Roca, Alfonso Guerra, Landelino Lavilla, Óscar Alzaga, Ramón Tamames, Pablo Castellano, Javier Solana, Alonso Puerta o José Pedro Pérez Llorca, por citar algunos nombres de toda ideología y condición. De hecho, muchos de ellos se preguntaron por la ausencia del entonces jefe de Estado.

Don Juan Carlos dice estar “dolido, no indignado” porque se ha enfrentado a lo largo de su vida a muchos y graves problemas “y éste no lo es”

Otra cosa es que lanzara el mensaje y nadie hiciera acuse de recibo. Los ojos se dirigen hacia el jefe de la Casa de Su Majestad el Rey, Jaime Alfonsín, quizá para no tirar por elevación y apuntar a las relaciones, mejorables, de don Juan Carlos con la reina doña Letizia. Aunque son muchos los actores en esta obra que deberían haber advertido de la inoportunidad de prescindir del que era entonces jefe de Estado. Desde Moncloa o el Congreso de los Diputados podría haberse hecho algún guiño. A estas alturas, a nadie le cabe duda de que el propio Don Juan Carlos -de primera mano y por personas interpuestas- agitó el avispero cuando todavía se oían los últimos ecos del acto. En cuanto El País publicó la noticia de su irritación, la información comenzó a rodar por las redacciones ante la estupefacción de la propia Casa Real y de la Cámara Baja.

En todo caso, pasados cuatro días del acto solemne , todos intentan rebajar el tono de la polémica. El propio Rey emérito ha señalado a una persona de su confianza que “estoy molesto y dolido, pero no indignado porque me he enfrentado a muchos problemas y muy graves a lo largo de mi vida, y éste no lo es”.

Zarzuela justificó, en la misma tarde del miércoles según publicó El Independiente, y al día siguiente tras ponerse en contacto con distintos medios de comunicación, que el formato escogido, acto solemne en el Hemiciclo del Congreso, excluía a Don Juan Carlos.  Y que se trataba de una exclusión autoinfringida, puesto que él mismo se había marcado como línea roja que cada vez que su hijo se dirigiera a los representantes de la soberanía popular en el Pleno de las Cámaras, él no acudiría.

Los ojos se dirigen hacia la posible responsabilidad del jefe de la Casa de Su Majestad el Rey, Jaime Alfonsín

La Casa Real apela, en cambio, a un protocolo que no existe. Fuentes institucionales recuerdan que “nunca hemos tenido dos reyes, uno ejerciente y otro emérito. La convivencia de ambos se va creando día a día. Es cuestión más de hábito que de protocolo. Visto lo visto, quizá ahora elaboren ese protocolo o, al menos, hagan una regulación de preferencia”, sugieren.

Que la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, hubiera guardado un sitio de honor a Don Juan Carlos si éste se presenta en el Palacio de la carera de San Jerónimo es irrefutable, pero es Zarzuela la que decide quién acude de la Casa Real. Por eso el jueves se cuidaron muy mucho de culpar al Congreso de haber elegido un formato “incompatible” con Don Juan Carlos admitiendo que corresponde a cada institución tomar las decisiones de su ámbito de responsabilidad.

Ya fue comentada la ausencia del anterior jefe del Estado en la proclamación de su sucesor el 19 de junio de 2014. Sí acudió, en cambio, Doña Sofía y su hija la Infanta Elena, que siguieron el acto desde la presidencia de la tribuna de invitados del Hemiciclo, sobre el reloj. No habría sido un mal sitio para el Emérito sobre todo habida cuenta de que esas tribunas apenas se llenaron. Que se lo digan al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que, con tal de no sentarse cerca del ex presidente del Gobierno José María Aznar, se quedó en la más absoluta de las soledades de una fila vacía.

Haber celebrado este evento histórico en una sala del Congreso que no fuera el Hemiciclo se antojaba imposible

Haber celebrado este evento histórico en una sala que no fuera el Hemiciclo se antojaba imposible salvo si se hubiera excluido a parte de los parlamentarios, presentes y pasados. A los diputados y senadores se sumaron 80 históricos de la legislatura constituyente además de entre 20 y 30 familiares de algunos de los fallecidos, como de Dolores Ibárruri. A ella parece que se refirió Don Juan Carlos a la hora de expresar su desazón: “Han invitado hasta a las nietas de La Pasionaria”.

Por eso la presidenta del Congreso propuso a la Mesa de la Cámara un acto solemne con el Hemiciclo de escenario que recibió el respaldo por asentimiento sin más debate interno. Se comunicó el formato a la Casa Real que tampoco expresó ningún tipo de reserva. Fue protocolo de Zarzuela quien comunicó a la Cámara Baja quiénes acudirían por parte de la Familia Real. “Tampoco estaban las infantas Doña Leonor y Doña Sofía” se defienden, alegando que acuden a muchos actos institucionales “pero no a uno de celebración que corresponde al Congreso organizarlo y se invita al Rey a tomar la palabra”.

La Cámara Baja se hubiera adaptado a las peticiones de Zarzuela, afirman fuentes parlamentarias

¿Debiera haber sido entonces la Cámara la que entendiera esa invitación Don Juan Carlos? El Congreso, cuya presidenta no quiere entrar en ningún tipo de polémicas, descarta esa responsabilidad. “La Cámara se hubiera adaptado a las peticiones de Zarzuela en ese sentido”, afirman fuentes parlamentarias.

Al Rey emérito le ha salido un aliado inesperado: el mismísimo líder de Podemos, Pablo Iglesias, para quien su presencia “hubiera tenido todo el sentido del mundo a la vista de todas las figuras que estuvieron aquí y tratándose de alguien que sigue vivo”. Especialmente crítico con su ausencia se mostró el portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Rafa Hernando, que admitió que “nadie entiende” que no acudiera al acto del 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas y, ya de paso, recordó que el año que viene se celebra también el cuadragésimo cumpleaños de la Constitución y “el Rey Juan Carlos deberá estar”.

Tiempo hay de no cometer los mismos errores.